15 de enero de 2026
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Aliados pactan en París garantías de seguridad vinculantes para Ucrania con respaldo de Estados Unidos

Este martes en París, aliados de Ucrania acordaron un paquete de garantías de seguridad legalmente vinculantes para proteger al país ante un posible nuevo ataque ruso. El objetivo es dar contenido concreto a una eventual salida negociada de una guerra que se acerca a los cuatro años; el paquete incluye un mecanismo internacional para supervisar un alto el fuego y la planificación de una Fuerza Multinacional con despliegues por tierra, mar y aire, condicionada a un cese creíble de las hostilidades.

La llamada “coalición de los dispuestos”, compuesta por 35 países junto a Ucrania y representantes estadounidenses, se reunió en el Elíseo con el presidente francés Emmanuel Macron como anfitrión. Macron sostuvo que por primera vez existe una “convergencia operativa” entre los aliados para diseñar garantías que sostengan cualquier acuerdo de paz y eviten la reanudación de la ofensiva rusa.

El núcleo del entendimiento es un sistema de garantías escalonado: por un lado, los aliados se comprometen a mantener a largo plazo el suministro de armamento y el entrenamiento de las fuerzas ucranianas; por otro, avanzan hacia compromisos jurídicamente vinculantes que definan cómo responderán —con medios militares, logísticos, de inteligencia, diplomáticos o sanciones— ante una agresión futura de Moscú.

Se acordó crear un mecanismo de vigilancia y verificación del alto el fuego liderado por Estados Unidos, con aportes de varios países. Este sistema incluirá una comisión especial encargada de evaluar posibles incumplimientos, atribuir responsabilidades y proponer medidas correctivas. La coordinación general se realizará desde una sede tripartita en París que integrará a la coalición, Washington y Kiev.

El plan contempla además reforzar las Fuerzas Armadas ucranianas hasta unos 800.000 efectivos, dotándolas de capacidades suficientes para disuadir nuevos ataques. La declaración conjunta subraya que el ejército de Ucrania seguirá siendo la “primera línea de defensa” incluso después de un eventual acuerdo de paz, apoyado por medios aéreos, terrestres y marítimos de los aliados.

El primer ministro británico, Keir Starmer, anunció la firma de una “declaración de intenciones” con Francia para preparar un posible despliegue conjunto en suelo ucraniano. Según Londres, ambos países crearían centros militares y construirían instalaciones protegidas para almacenar armas y equipamiento, con el fin de reforzar las capacidades defensivas de Ucrania tras el cese de hostilidades.

Alemania dejó abierta la puerta a una implicación indirecta desde territorio de la OTAN. El canciller Friedrich Merz indicó que Berlín no descarta contribuir al dispositivo, aunque cualquier decisión deberá ser aprobada por el Bundestag, lo que condiciona y limita la participación alemana.

El respaldo explícito de Estados Unidos marcó un punto de inflexión. El enviado especial estadounidense, Steve Witkoff, aseguró que el presidente Donald Trump “apoya firmemente” los protocolos de seguridad acordados, y Washington participará en el monitoreo del alto el fuego, una demanda clave de Kiev para dar credibilidad al proceso.

El presidente ucraniano, Volodymyr Zelensky, celebró los avances pero advirtió que muchos compromisos deberán ser ratificados por los parlamentos nacionales antes de entrar en vigor. También destacó que siguen abiertos asuntos críticos, como el tamaño y la financiación futura del ejército ucraniano y los detalles operativos del sistema de supervisión.

Uno de los principales escollos continúa siendo el estatus de los territorios ocupados por Rusia. Zelensky reiteró que cualquier concesión territorial tendría que ser aprobada por el Parlamento o mediante un plebiscito, una línea roja que complica las negociaciones con Moscú, que mantiene sus exigencias y rechaza la presencia de tropas de la OTAN en Ucrania.

La cumbre se celebró en un contexto diplomático tenso: aunque las conversaciones para poner fin al conflicto se aceleraron recientemente, Rusia no ha mostrado señales públicas de aceptar las nuevas garantías. Al mismo tiempo, las prioridades y movimientos de la administración estadounidense introducen incertidumbre sobre la continuidad y alcance del apoyo aliado.

Mientras tanto, los combates continúan. Ese mismo martes, el Servicio de Seguridad de Ucrania informó de ataques con drones contra un arsenal militar y un depósito de petróleo dentro de Rusia, hechos que ilustran la fragilidad del escenario y refuerzan la preocupación de Kiev de que un alto el fuego sin garantías firmes podría dar tiempo a Moscú para reagruparse.

El acuerdo de París no pone fin a la guerra, pero dibuja un marco más preciso para el periodo posterior a los combates. Al desplazar el foco desde promesas generales hacia compromisos jurídicos y mecanismos operativos, los aliados buscan enviar dos señales: a Ucrania, que no quedará sola; y a Rusia, que cualquier nueva agresión tendría costos inmediatos y coordinados.

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