El programa conducido por Fausto Duperré en El Diario Sur organizó una donación de alrededor de un centenar de kilos de alimentos, destinados a respaldar los emprendimientos de mujeres de la zona sur del conurbano bonaerense. La acción benefició a esas exponentes locales y se enmarca en una intervención comunitaria que fue ampliándose con el tiempo para atender otras necesidades vinculadas al bienestar animal.
En una etapa posterior, los organizadores comenzaron a colaborar con el centro de Zoonosis de la zona. Sin contar con un espacio físico propio, los voluntarios fueron a pasear a los perros alojados allí y a realizar otras tareas de apoyo. Esta experiencia puso en evidencia la falta de infraestructura adecuada y la importancia del trabajo directo con los animales mientras esperan una solución más permanente.
A partir de esa práctica surgió la idea de establecer hogares de tránsito para las mascotas rescatadas. La responsable del esfuerzo subrayó que existe “una línea muy fina entre acumular y rescatar”: rescatar animales sin poder garantizar atención veterinaria y alimentación resulta insuficiente y puede incluso ser perjudicial. Por ello, el concepto de tránsito —o casa transitoria— aparece como una alternativa práctica y responsable. Estas casas temporales permiten dar cuidados básicos, aplicar tratamientos veterinarios, socializar a los animales y facilitar su rehabilitación emocional, antes de lograr una adopción definitiva.
El modelo de tránsito se mostró viable en la propia experiencia: la persona encargada explicó que en su domicilio suelen convivir varios gatos —llegando a ocho en algún momento— que se hospedan de manera temporal. Este tipo de hogares son especialmente útiles para animales que, tras haber sufrido abandono o maltrato, desconfían de los humanos. La convivencia en un entorno tranquilo y cuidado favorece que perros y gatos recuperen la confianza y desarrollen conductas que faciliten su futura adopción.
Además de los cuidados físicos, el proceso implica coordinación con veterinarios, provisión de alimentos y gestión de adopciones, lo que demanda recursos y compromiso continuo de voluntarios y organizaciones. La entrevistada reconoció la carga emocional que conlleva el trabajo con animales; aunque se definió como una persona poco demostrativa, admitió que los animales son lo único capaz de hacerla llorar, lo que denota la implicación afectiva necesaria para sostener este tipo de iniciativas.
En síntesis, la acción inicial de donación de alimentos se transformó en una intervención más amplia que combina ayuda comunitaria, apoyo a refugios y el desarrollo de redes de hogares transitorios, con el objetivo de ofrecer cuidados integrales a mascotas en situación de abandono y facilitar su reinserción en hogares definitivos.


