15 de enero de 2026
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Courchevel, el aeropuerto más empinado del mundo

En los Alpes franceses, en pleno corazón de Europa, se ubica el altipuerto internacional más empinado del mundo: el Altipuerto de Courchevel. Esta pequeña pero reconocida terminal, registrada en el Guinness World Records, lleva más de seis décadas representando un reto para pilotos y una atracción para viajeros de todo el mundo.

Su historia, su diseño singular y las condiciones extremas que la rodean la han convertido en un emblema de la aviación en zonas montañosas.

Un proyecto pionero entre picos nevados

El concepto de altipuerto —pistas de aterrizaje reducidas situadas en montaña— nació en Courchevel. La idea fue impulsada a finales de los años cincuenta por Michel Ziegler, y en 1961 el alcalde Émile Ancenay autorizó la construcción de la pista. El aeropuerto se inauguró el 31 de enero de 1962 con la llegada del primer avión.

En sus comienzos la pista era de tierra y mucho más corta que la actual; solo podían aterrizar aparatos equipados con esquís cuando la nieve lo permitía. En 1968 se pavimentó, lo que mejoró la regularidad y la seguridad de las operaciones, y en 1992 se amplió la plataforma consolidando a Courchevel como un enclave relevante en la región.

Hoy la terminal está situada a 2.008 metros sobre el nivel del mar y el 23 de abril de 2023 fue rebautizada como Altipuerto Michel Ziegler en homenaje a su promotor. Esa altitud, junto con su orografía, condiciona muchas de sus particularidades operativas.

La pista con la mayor pendiente del mundo

Lo más llamativo del altipuerto es su fuerte inclinación. La pista de Courchevel tiene una pendiente del 18,66%, lo que la sitúa como la más empinada del mundo entre aeropuertos internacionales según la AOPA (Aircraft Owners and Pilots Association). La diferencia de altura entre ambos extremos obliga a que los aterrizajes se realicen cuesta arriba y los despegues en sentido descendente.

Esta pendiente extrema se diseñó para ayudar a frenar las aeronaves en el aterrizaje y facilitar la aceleración en el despegue dentro del espacio limitado disponible. Por ello, solo un reducido grupo de pilotos —menos de cien en todo el mundo— posee la autorización y la experiencia necesarias para operar en Courchevel. La terminal recibe principalmente aviones pequeños de ala fija, con capacidad para algo más de 50 pasajeros en ciertos modelos, y también es habitual el uso de helicópteros.

La pista carece de sistemas de aproximación por instrumentos y de iluminación específica para operaciones nocturnas o con baja visibilidad. “Sin radares, sin comunicación por radio ni luces de aproximación, el aterrizaje depende totalmente de la pericia del piloto”, señalan especialistas en aviación de montaña. Estas limitaciones, sumadas a la meteorología variable, sitúan a Courchevel entre los aeropuertos más exigentes y peligrosos del mundo.

Exclusividad, riesgos y servicios en la terminal

A pesar de los riesgos, Courchevel mantiene actividad durante todo el año. Su cercanía a estaciones de esquí y complejos turísticos de lujo la convierte en un destino atractivo para vuelos privados. Desde 2014, solo una compañía comercial opera vuelos regulares que conectan Courchevel con el resto de Francia, por lo que los billetes suelen requerir reserva previa.

La infraestructura del aeropuerto es básica pero funcional: un hangar con capacidad para diez aeronaves, un vehículo de bomberos, un tractor de remolque, una estación de repostaje y dos pequeños chalets donde pilotos y pasajeros pueden reunirse antes y después del vuelo. Estos servicios permiten ofrecer una experiencia exclusiva en un entorno de alta montaña.

La ausencia de ayudas electrónicas y la naturaleza de su pista corta y empinada han provocado varios incidentes a lo largo de los años. Aun así, Courchevel sigue siendo la puerta de entrada preferida para quienes desean acceder con rapidez a los Alpes franceses y disfrutar de sus actividades invernales.

A primera vista podría parecer que otras opciones aéreas cercanas restarían importancia al altipuerto, pero su combinación de historia, exclusividad y desafío técnico mantiene a Courchevel como un referente singular en la aviación mundial.

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