18 de enero de 2026
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Detalle decorativo secreto de las toallas

Los detalles de los productos suelen pasar desapercibidos, pero algunos son determinantes para su funcionamiento. Un ejemplo son las toallas y la franja que llevan en uno de sus extremos, un elemento que a simple vista puede pasar inadvertido.

Aunque muchos la consideran un adorno, esa franja —la cenefa— sin felpa tiene un propósito práctico: protege la toalla, facilita su uso y contribuye a que dure más. Está presente en la mayoría de los modelos porque ayuda a mantener la prenda en buen estado con el uso diario.

La cenefa suele estar confeccionada con un tejido más firme y menos absorbente que el resto de la toalla. Refuerza los bordes para evitar deshilachados y deformaciones, y permite colgar la toalla con mayor facilidad para que no quede arrugada o amontonada. En definitiva, no es solo un detalle estético: cumple una función práctica que prolonga la vida del producto.

Para qué sirve la franja sin felpa en las toallas y por qué es clave para su vida útil

La cenefa o franja sin felpa es una tira de tejido más consistente situada en uno o ambos extremos de la toalla. Su función principal es reforzar los bordes para que el tejido no se deforme, se estire ni se deshilache con los lavados y el uso frecuente. Gracias a este refuerzo, la toalla conserva su forma y su aspecto durante más tiempo.

Además, la cenefa facilita el colgado, de modo que la toalla se extiende y se seca de forma más uniforme y rápida. Esto reduce la proliferación de hongos y bacterias y previene los malos olores. En la confección industrial, la franja delimita el inicio y el final del tejido, lo que permite cortes y costuras más precisos y evita que la pieza se desarme durante el proceso de fabricación.

Este refuerzo adicional hace que la toalla necesite menos mantenimiento y soporte mejor el uso intensivo, una ventaja importante en hogares con mucho movimiento y en el sector hotelero.

Cómo lavar y cuidar las toallas para aprovechar mejor la cenefa

Sacar el máximo provecho de la cenefa depende en gran medida del cuidado que se dé a la toalla. Se recomienda lavar las toallas cada dos o tres usos y, cuando sea necesario, utilizar agua caliente (alrededor de 60 °C) para eliminar bacterias y otros microorganismos. Es fundamental asegurarse de que las toallas estén completamente secas antes de guardarlas para evitar la aparición de moho.

Si una toalla desprende mal olor, conviene lavarla de inmediato, ya que esto suele indicar crecimiento microbiano. Evitar el uso excesivo de suavizantes, pues reducen la capacidad de absorción y pueden dañar el tejido a largo plazo. Secarlas al aire libre cuando sea posible y no sobrecargar la lavadora ayuda a mantenerlas en buen estado y a preservar la integridad de la cenefa.

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