23 de enero de 2026
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Martin Freeman revela su lucha contra la ansiedad

En una entrevista para el pódcast How To Fail with Elizabeth Day, disponible en YouTube, Martin Freeman habló con franqueza sobre la paternidad, la ansiedad y la vida después del éxito profesional. El actor británico, conocido por su trabajo en cine y televisión, abordó asuntos personales que van más allá de su imagen pública.

“Ser padre es amor extremo, risas extremas, afecto extremo y también frustración y enfado intensos”, comentó Freeman al describir la experiencia de la paternidad en el pódcast. Rechaza una visión idealizada de la crianza y subraya la importancia de combinar disciplina y cierto desorden en el proceso de crecimiento.

“Tuve la suerte de sentirme querido y apoyado, pero sería un error negar la realidad más áspera de la vida familiar”, añadió. Para él, establecer límites y aceptar el caos forman parte del cariño paternal, y suavizar demasiado la experiencia responde a presiones culturales que pueden alejar a padres e hijos de la autenticidad.

Ansiedad persistente y exposición pública

Freeman reconoció sus luchas con la ansiedad: “Creo que tengo una mente ansiosa y el éxito no lo arregla todo”, dijo en el pódcast. Explicó que los premios, la popularidad o el reconocimiento profesional no eliminan una ansiedad de fondo.

“Nada resuelve todos los problemas. El amor ayuda más que nada, pero la ansiedad sigue ahí, en algún lugar”, confesó. Señaló que la atención pública provoca agradecimiento y, al mismo tiempo, incomodidad, y afirmó no haber encontrado una receta infalible para manejar la exposición mediática.

La defensa de su vida privada fue otro punto central: “No creo que la gente necesite saberlo todo sobre mí. Ya saben más de lo que quisiera”, expresó. Diferenció entre mantener privacidad y guardar secretos, y explicó que preservar aspectos íntimos es clave para su autenticidad como actor.

Según Freeman, conservar un núcleo personal protegido facilita una actuación verosímil y ayuda a encontrar una forma de “verdad” en el trabajo interpretativo.

Infancia, fracaso y autocrítica

Freeman repasó su experiencia escolar y su relación con el fracaso. “Nunca fui un niño prodigio”, recordó, y atribuyó sus bajas notas al desinterés y a la falta de concentración.

“Era inteligente, pero perezoso y distraído. No estaba hecho para Oxford”, explicó. Incluso en las asignaturas que le gustaban, los resultados no alcanzaban sus expectativas, lo que alimentó su autocrítica. Considera que equivocarse y caer fue fundamental para su desarrollo personal y profesional.

Comparaciones, competencia y dudas

La comparación con colegas e ídolos ha sido una fuente de inseguridad a lo largo de su carrera. Freeman admitió que medir su trayectoria frente a la de otros es difícil de evitar.

Al salir de la escuela de arte dramático tenía 23 años, la misma edad que George Harrison cuando se publicó Sgt. Pepper, y sintió presión por “apresurarse”. Aunque celebra los éxitos ajenos, advierte que la competencia en un ámbito tan opinable puede generar dudas y relativizar los propios logros.

Escepticismo tecnológico y creatividad infantil

El actor expresó escepticismo respecto a la dependencia de la tecnología y defendió el valor del “aburrimiento” en la infancia como motor de creatividad. Se definió como alguien poco hábil con los dispositivos y alertó sobre el riesgo de sustituir la imaginación por pantallas.

“Hay un gran valor en hacer que un niño se aburra. Solo así inventa, explora, aprende habilidades”, afirmó en el episodio.

Autenticidad y legado de Michael Caine

Sobre su enfoque actoral, Freeman dijo que nunca quiso forzar una imagen: “Mi misión fue evitar que el público vea el truco del actor. Lo importante es que no se note que estás actuando; esa es la ‘verdad artística’”.

Señaló la influencia de Michael Caine en su carrera y valoró su capacidad para transmitir autenticidad desde lo cotidiano. Para Freeman, la trayectoria de Caine demuestra que en la interpretación realista la verdad y la autenticidad pueden surgir de lo ordinario.

El legado de Michael Caine reforzó en Freeman la idea de que la autenticidad, tanto en la vida como en la actuación, reside en reconocer y valorar lo común, una convicción que, según dijo en How To Fail with Elizabeth Day, sigue inspirándolo.

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