El calor del subsuelo se perfila como un factor clave en la transición global hacia energías limpias, según un estudio reciente de la Universidad de Stanford. Los investigadores muestran que los sistemas geotérmicos mejorados pueden reducir de forma significativa las necesidades de infraestructura y los costes en comparación con alternativas convencionales como la eólica y la solar.
Basada en técnicas de perforación profunda, esta innovación puede aplicarse en prácticamente cualquier lugar, lo que la convierte en una opción de amplio alcance tanto para países desarrollados como para aquellos con limitaciones territoriales.
Auge y alcance de los sistemas geotérmicos mejorados
Los sistemas geotérmicos mejorados (EGS, por sus siglas en inglés) extraen calor de profundidades de entre 3 y 8 kilómetros mediante la fractura controlada de rocas y la circulación de fluidos que captan ese calor para generar electricidad. A diferencia de la geotermia tradicional, limitada a zonas volcánicas o sísmicas, esta tecnología emplea métodos desarrollados en la industria petrolera y gasística para ampliar la disponibilidad energética a escala global.
Según Stanford, la principal ventaja de estos sistemas es su capacidad de suministro continuo, independiente del clima o de la latitud. Mientras que la geotermia convencional era viable solo en unas pocas regiones, las mejoras técnicas permiten su adopción en una mayor variedad de ubicaciones.
El estudio, publicado en la revista Cell Reports Sustainability, destaca que ya se han aprobado los primeros proyectos de infraestructura a gran escala, como una planta en Utah, Estados Unidos, con una capacidad prevista de 2 gigavatios.
El suministro energético estable que proporciona la geotermia mejorada la posiciona como una alternativa estratégica a fuentes intermitentes como la solar y la eólica. Esto es especialmente relevante para grandes consumidores, como los centros de datos, cuya demanda constante exige disponibilidad durante todo el año.
Impacto en la transición energética y reducción de costes
El análisis dirigido por Mark Jacobson, profesor de ingeniería de la Universidad de Stanford, indica que incorporar sistemas geotérmicos mejorados en la matriz eléctrica reduce de forma notable la necesidad de otras infraestructuras renovables. El estudio estima que si el 10% de la producción eléctrica proviene de EGS, la capacidad requerida de energía eólica disminuiría un 15%, la solar un 12% y el almacenamiento en baterías un 28%.
Otro resultado importante es la reducción del terreno destinado a instalaciones de energías renovables, que pasaría del 0,57% al 0,48% del territorio de los países analizados. Stanford subraya que esta disminución resulta especialmente ventajosa para naciones densamente pobladas, como Singapur, Gibraltar, Taiwán o Corea del Sur.
En términos económicos, los autores señalan que los costes energéticos globales podrían caer hasta un 60% respecto a un modelo basado en combustibles fósiles. Si se incluyen los costes sociales vinculados a la salud y al cambio climático, el ahorro podría alcanzar hasta un 90%. El informe añade que la incorporación de energía constante procedente de la geotermia mejorada no genera incrementos de precio, lo que contrasta con el argumento de que se requieren inversiones adicionales para mantener la estabilidad con fuentes renovables.
La transición hacia una matriz formada exclusivamente por energías renovables también fomentaría la creación de empleo a gran escala. El estudio proyecta 24 millones de empleos netos de larga duración en un escenario que integra la geotermia mejorada, frente a 28 millones estimados si solo se usan eólica, solar e hidroeléctrica. Esta diferencia se explica por la menor necesidad de construir infraestructuras adicionales cuando los sistemas geotérmicos aportan energía constante.
Ventajas técnicas y desafíos de la geotermia mejorada
Entre las principales fortalezas de la geotermia mejorada figura su capacidad como fuente de energía de base, capaz de reemplazar el aporte estable que hoy proporcionan el carbón o la energía nuclear, pero sin los riesgos asociados a estas fuentes.
Los proyectos geotérmicos pueden implementarse en plazos mucho más cortos que una planta nuclear, cuya construcción puede tomar entre 12 y 23 años en promedio a nivel mundial. Stanford atribuye la reducción de costes y tiempos a los avances en las técnicas de perforación.
Los expertos también destacan la posibilidad de instalar sistemas geotérmicos mejorados en ubicaciones diversas y con una menor demanda de terreno, lo que supone una ventaja frente a otras renovables. Esa flexibilidad es clave para suministrar energía continua a instalaciones críticas, como centros de datos, que requieren seguridad y disponibilidad constantes.
Según Stanford, los sistemas geotérmicos mejorados evitan riesgos relacionados con armas, accidentes, residuos radiactivos o impactos sanitarios derivados de la minería, lo que refuerza su atractivo como alternativa segura en la transición energética global.


