15 de enero de 2026
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Invierno dispara preocupación por vitamina D en latitudes altas

A medida que llega el invierno en el hemisferio norte, muchas personas experimentan una reducción en sus niveles de vitamina D por la menor exposición al sol. Este fenómeno anual ha vuelto a poner sobre la mesa el interés por las funciones de esta vitamina, no solo en la salud ósea sino también en otros procesos del organismo, según señala MIT Technology Review.

El debate sobre la necesidad de suplementación y la dificultad para establecer recomendaciones universales continúa vigente.

Deficiencia de vitamina D: prevalencia y razones estacionales

En los meses fríos y con menos luz solar aumenta la frecuencia de deficiencia de vitamina D, dado que la principal fuente de esta vitamina es la síntesis cutánea inducida por la radiación solar directa.

En latitudes alejadas del ecuador, la producción endógena puede quedar muy limitada durante el invierno. Además, factores como la pigmentación de la piel, la edad y el uso de protector solar reducen la capacidad de producir suficiente vitamina D.

Esta carencia es más habitual entre quienes pasan mucho tiempo en interiores y en personas mayores, cuyo metabolismo cutáneo es menos eficiente.

Historia y papel de la vitamina D en la salud ósea

El vínculo entre vitamina D y salud ósea fue identificado a principios del siglo XX, cuando se observó un aumento del raquitismo infantil en zonas urbanas con poca exposición solar. La fortificación de alimentos y la suplementación contribuyeron a controlar esta enfermedad en países industrializados.

La vitamina D facilita la absorción intestinal de calcio y fósforo, necesarios para la mineralización de los huesos. Su papel en la prevención de fracturas y osteoporosis está bien documentado, sobre todo en adultos mayores y en personas con riesgo de desnutrición.

Efectos de la vitamina D más allá de los huesos

Con el tiempo se ha investigado la influencia de la vitamina D en otros sistemas del cuerpo. Algunos estudios han sugerido relaciones posibles entre niveles adecuados de vitamina D y menor incidencia de hipertensión y enfermedades cardiovasculares.

En el sistema inmune, existe la hipótesis de que la vitamina D podría reducir infecciones respiratorias y modular la respuesta inflamatoria. Sin embargo, los ensayos clínicos han arrojado resultados inconsistentes, por lo que no se puede establecer una relación causal definitiva en estos ámbitos.

Dificultad para establecer recomendaciones precisas sobre niveles y suplementación de vitamina D

A pesar de la abundancia de estudios, persiste el debate sobre cuáles son los niveles óptimos de vitamina D en sangre. Las recomendaciones difieren entre organismos y países, lo que genera confusión entre profesionales sanitarios y la población.

La suplementación es habitual, pero no siempre reproduce los beneficios observados en estudios epidemiológicos. Además, un exceso puede conllevar riesgos como hipercalcemia y otros problemas de salud.

Las limitaciones en la medición precisa de los niveles y la falta de estandarización en los ensayos complican la toma de decisiones basadas en evidencia sólida.

Consenso actual sobre la deficiencia y las recomendaciones oficiales

Según MIT Technology Review, el consenso actual indica que la suplementación debería dirigirse a personas con factores de riesgo o a quienes tienen un diagnóstico confirmado de deficiencia. Como medidas preventivas generales se recomiendan la exposición solar moderada y una dieta equilibrada.

La suplementación bajo supervisión médica se aconseja en casos concretos, como personas mayores, embarazadas, lactantes o quienes viven en latitudes extremas.

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