5 de febrero de 2026
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Crisis del mercado negro del petróleo ruso e iraní

El contrabando de petróleo fue tan rentable que, pese a las restricciones de Washington y Bruselas, los barriles continuaron moviéndose. Con un volumen diario cercano a 1.000 millones de dólares, el mercado negro resultó muy atractivo. Pero por primera vez se observan fisuras en ese negocio: millones de barriles de crudo iraní y ruso permanecen sin vender en almacenes.

La causa no es únicamente el endurecimiento de sanciones y la presión política de Estados Unidos y la Unión Europea, aunque esas medidas han influido. El factor decisivo es más práctico: los compradores tienen a su disposición muchas alternativas legales de crudo a precios razonables. Cumplir las normas resulta menos costoso.

En las últimas semanas, compradores de crudo sancionado, sobre todo India y Turquía, han cambiado con facilidad a barriles no sancionados. Ese desplazamiento concentra el excedente de crudo sancionado en el mercado oscuro, fuera del alcance de los principales índices de referencia (Brent, West Texas Intermediate y Dubái). Al mismo tiempo, ha endurecido el mercado convencional y limitado la subida de precios. Con el petróleo subiendo un 10% en dos meses y el WTI alrededor de 63 dólares, sigue siendo más rentable comprar crudo legal que recurrir al ilícito.

Es difícil cuantificar con exactitud el exceso de oferta en el mercado negro. Mi estimación basada en datos sitúa las reservas —en tanques terrestres y petroleros usados como almacenamiento flotante— en torno a 100 millones de barriles. A los precios actuales y pese a los descuentos del crudo sancionado, su valor alcanza al menos 5.000 millones de dólares. La firma de inteligencia Kpler calcula que hay unos 58 millones de barriles almacenados flotantemente de crudo ruso e iraní; a principios del año pasado esa cifra era de 6 millones.

El caso indio ilustra la dinámica: India fue, tras China, el mayor comprador de petróleo sancionado. En su momento más alto llegó a adquirir más de 2 millones de barriles diarios en ese mercado, primero de Irán y luego de Rusia. Bajo la presión occidental, dejó de importar petróleo iraní en 2019 y ha reducido sus compras de crudo ruso.

En enero, India importó cerca de 1,3 millones de barriles diarios de petróleo ruso, un 35% menos que a mediados del año pasado. Aunque se ha dicho que Nueva Delhi acordó dejar de comprar por completo, no parece probable que lo haga de forma inmediata. Encuestas del sector indican que las compras indias podrían bajar a 800.000–900.000 barriles diarios en febrero y marzo, menos de la mitad del pico; para Estados Unidos, esa reducción podría ser suficiente.

Las refinerías indias están comprando crudo no sancionado de múltiples orígenes: Oriente Medio, África Occidental, Brasil, Guyana, Estados Unidos e incluso Argentina. Durante mi visita reciente, las refinerías señalaron que ha sido relativamente sencillo encontrar suministros alternativos hasta ahora.

Reemplazar más volumen de crudo sancionado será cada vez más difícil y conllevará un coste adicional: los barriles legales suelen ser más caros. No obstante, con el crudo rondando los 60 dólares por barril en lugar de 80–100, el impacto financiero de la sustitución resulta manejable. Si el petróleo convencional fuera mucho más caro, es probable que India y otros volvieran al mercado negro.

También ha ayudado que el crudo venezolano haya dejado de estar sancionado, lo que ha trasladado alrededor de 800.000 barriles diarios del mercado oscuro al mercado regular. India ya está aprovechando parte de ese volumen.

Lo que ocurra a continuación es crucial. Rusia e Irán han podido seguir extrayendo y almacenando el excedente, pero la capacidad es limitada. El uso de petroleros como tanques flotantes les da tiempo, pero tarde o temprano tendrán que reducir producción o encontrar nuevos clientes. Otra opción sería negociar con Estados Unidos una flexibilización de sanciones, algo que hoy parece lejano. China es la variable impredecible: compra aproximadamente el 95% del crudo iraní que se exporta y cerca del 60% del ruso. En buena parte, este mercado negro depende de esa relación: Irán y Rusia venden y sostienen sus economías, mientras China obtiene energía a bajo precio y refuerza su influencia política en la región y con Moscú.

El mes pasado, las refinerías chinas elevaron las compras de crudo ruso a niveles casi récord, en parte para compensar la pérdida de petróleo venezolano. Teóricamente, China puede ampliar aún más sus compras o absorber exceso almacenándolo en su reserva estratégica de petróleo.

Por tanto, la decisión que tome Pekín tendrá grandes efectos en el mercado global. Si China rehúsa absorber el exceso del mercado negro, Rusia e Irán tendrían que bajar la producción, lo que subiría los precios globales. Si en cambio compra más crudo ilícito, podría reducir sus adquisiciones de barriles no sancionados, aumentando su oferta y presionando a la baja los precios. No es la primera vez que China ejerce una influencia decisiva sobre recursos estratégicos.

(Con información de Bloomberg)

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