Fuerzas de seguridad abrieron fuego contra personas reunidas en un cementerio de Abdanan, en el oeste de Irán, durante ceremonias conmemorativas por las víctimas de la represión de las protestas del mes pasado. Videos verificados muestran a un individuo uniformado disparando al menos dos veces desde un vehículo blindado mientras la multitud huía, y las imágenes circularon pese al corte de internet en la zona, documentando el momento en que el atacante apuntó directamente a los presentes.
Los disparos ocurrieron durante actos realizados en cumplimiento de la tradición iraní de celebrar ceremonias funerarias cuarenta días después del fallecimiento. Ese mismo día se llevaron a cabo eventos similares en Teherán, Mashhad y otras ciudades, donde miles de personas se congregaron en cementerios y calles para recordar a quienes murieron en las jornadas más sangrientas de las protestas del 8 y 9 de enero. Videos verificados también muestran a multitudes coreando consignas como “muerte a Khamenei”.
Se observó un contraste entre las ceremonias oficiales y las concentraciones populares. La televisión estatal transmitía actos con la presencia de funcionarios en los que se escuchaban lemas antiestadounidenses, mientras que las reuniones espontáneas se convirtieron en manifestaciones de rechazo al régimen. En el cementerio de Abdanan se exhibió una valla con la imagen de Alireza Seydi, un adolescente local fallecido durante las protestas en Teherán. La agencia estatal IRIB News negó que hubiera heridos o muertos, versión que contradicen las evidencias audiovisuales.
Las protestas comenzaron a fines de diciembre de 2025 por la crisis económica y el colapso del rial, y escalaron hasta convertirse en un desafío directo al régimen. El punto culminante fue los días 8 y 9 de enero, tras el llamado del exiliado Reza Pahlavi a manifestaciones nacionales. La respuesta oficial fue una represión de gran letalidad que se extendió a más de 68 ciudades.
La cifra de víctimas es objeto de disputa. El régimen reconoció oficialmente 3.117 muertes el 21 de enero. La Agencia de Noticias de Activistas de Derechos Humanos (HRANA), con sede en Estados Unidos, confirmó 7.015 muertos y está verificando más de 11.700 posibles fallecimientos adicionales; además informó de más de 53.000 detenciones. Documentos filtrados de ministerios iraníes contienen estimaciones aún mayores, situando el número de muertos entre 30.000 y 36.500.
Fuentes citadas por medios internacionales indican que el 9 de enero el líder supremo, ayatolá Khamenei, ordenó reprimir las protestas “por cualquier medio necesario”, con instrucciones de disparar para matar. Videos verificados por The New York Times y Amnistía Internacional muestran a fuerzas de seguridad disparando contra manifestantes desarmados en al menos 19 ciudades, incluso desde tejados de edificios y mezquitas. La continuidad de las ceremonias, pese a advertencias de agencias de seguridad y al cierre de cementerios en algunas localidades, evidencia la persistencia del descontento popular; Amnistía Internacional calificó la represión de enero como el período más mortal documentado por la organización en décadas de investigación sobre Irán.

