Cristian Medina se desvinculó de Estudiantes y en las próximas horas viajará a Río de Janeiro para incorporarse a Botafogo, en una operación que será préstamo por un año con opción de compra. Ayer se despidió del plantel, cuerpo técnico y empleados del club; no se entrenará con el equipo hoy por el inminente viaje.
El mediocampista formalizó su salida al enviar una carta documento en la que hizo uso de su cláusula de rescisión y abonó los 110.000 dólares estipulados para la desvinculación. Detrás de la operación aparece un grupo vinculado al empresario estadounidense Foster Gillett, que actúa en el mercado futbolístico, por lo que el propio jugador no fue quien cubrió la totalidad de los montos involucrados en transferencias previas (en 2025 su salida de Boca representó 15 millones, según lo señalado).
Deportivamente, Estudiantes obtuvo un beneficio notable: no pagó por su llegada y contó con Medina durante trece meses, período en el que se consolidó como una pieza determinante desde la segunda mitad de su estadía. Sin embargo, en lo económico el club apenas percibió los 110.000 dólares, lo que reaviva la discusión sobre los modelos mixtos entre Sociedades Anónimas Deportivas y asociaciones civiles en el fútbol argentino.
Quedan interrogantes sobre cómo se enmarcó legalmente la operación y quiénes detentaban los derechos económicos, un aspecto que generó confusión tanto en su arribo como ahora en su salida. La experiencia de Medina podría marcar un antes y un después en el manejo de casos similares en el fútbol nacional.

