El alce destaca por su gran tamaño y su comportamiento: lejos de la imagen apacible asociada a los bosques de Alaska, su envergadura y sus costumbres lo convierten en uno de los animales más imponentes del hemisferio norte.
¿Por qué el alce destaca por su tamaño y hábitos?
Un alce adulto puede alcanzar aproximadamente dos metros (6,5 pies) de altura en los hombros y pesar entre 360 y 680 kilogramos (794 a 1.500 libras). Solo los machos desarrollan astas, que pueden llegar a medir hasta 1,8 metros (6 pies) de anchura. Presenta un pelaje oscuro y largas patas que le permiten desplazarse con facilidad en terrenos pantanosos. Estas características le permiten adaptarse tanto a bosques densos como a humedales.
Es herbívoro: consume hojas, brotes, corteza y plantas acuáticas. En verano puede ingerir hasta 25 kilogramos (55 libras) de vegetación al día. Suele llevar una vida solitaria, salvo durante la época de apareamiento o cuando una hembra cuida a sus crías.
Aunque normalmente es esquivo, el alce puede reaccionar con agresividad si se siente amenazado o acorralado, por lo que quienes visitan su hábitat deben mantener precaución y respeto.
¿Son más peligrosos que los osos en Alaska?
En Alaska, los alces están involucrados en más incidentes con personas que los osos. Esto se debe, en parte, a que los alces a menudo se acercan a áreas urbanas en busca de alimento, lo que aumenta la probabilidad de encuentros con humanos. Aunque los osos tienen fama de peligrosos, las estadísticas muestran que los ataques de alces superan en número a los de osos cada año.
El riesgo aumenta en zonas urbanas y suburbanas, donde los alces buscan comida durante inviernos duros. Pueden aparecer en carreteras, jardines e incluso estacionamientos. Si se sienten acorralados, su reacción puede ser violenta y repentina.
A diferencia de la mayoría de los osos, que suelen evitar el contacto humano y atacan solo cuando se sienten muy amenazados, los alces pueden embestir por molestia o para defender a sus crías, lo que genera más incidentes en áreas habitadas.
¿Cuáles son los factores que provocan los ataques?
Los ataques de alce suelen relacionarse con situaciones en las que el animal percibe una amenaza o se siente incómodo. Un factor clave es la protección de las crías: las hembras son especialmente agresivas en primavera y comienzos del verano, cuando defienden a sus cervatillos de posibles peligros, incluidos humanos y mascotas.
Otra época crítica es el otoño, cuando los machos están en la temporada de apareamiento y se vuelven más irascibles y proclives a confrontaciones.
El hambre y el agotamiento durante el invierno también influyen: la escasez de alimento puede llevar a los alces a acercarse a zonas habitadas. Si se ven acorralados por personas, vehículos o perros, la probabilidad de ataque se incrementa notablemente.
Por lo general el alce evita el contacto, pero puede reaccionar de forma repentina si se siente sin salida o interpreta un movimiento como una amenaza.
¿Cómo evitar ataques?
La prevención es la mejor forma de reducir el riesgo de encuentros peligrosos con alces. Mantener distancia es la recomendación principal, especialmente ante una hembra con crías o un macho durante la temporada de apareamiento. No se debe intentar acercarse para fotografiarlo ni alimentarlo.
Si se avista un alce, conviene tomar rutas alternativas y evitar movimientos que puedan interpretarse como amenazantes. Señales de irritación incluyen que el animal fije la mirada, eche las orejas hacia atrás o erice el pelo del lomo; ante esto hay que retirarse con calma.
En caso de embestida, lo más seguro es buscar un refugio sólido, como un árbol o un vehículo. Si una persona cae al suelo, debe proteger cabeza y cuello con los brazos y permanecer inmóvil hasta que el animal se aleje. Intentar levantarse o moverse mientras el alce está cerca puede prolongar el ataque.
Los perros suelen aumentar la agresividad del alce, por lo que deben mantenerse controlados y alejados en zonas donde estos animales son frecuentes.
Accidentes de tránsito y alces
En Alaska, los choques con alces representan un riesgo significativo para conductores y animales: cada año se registran cientos de atropellos. El tamaño y peso del alce hacen que las colisiones puedan provocar daños graves en los vehículos y lesiones severas o fatales a las personas.
La mayoría de estos incidentes ocurre en invierno, cuando la nieve y el hielo empujan a los alces a desplazarse por rutas despejadas en busca de alimento. La visibilidad reducida y la mayor presencia de alces cerca de las carreteras aumentan las probabilidades de encuentros inesperados.
Para reducir riesgos, las autoridades recomiendan conducir con precaución en zonas señalizadas por cruces de alces, especialmente al amanecer y al anochecer. Es fundamental reducir la velocidad en condiciones de visibilidad limitada y permanecer atento a la presencia de animales en los alrededores.

