La noticia de la muerte de Ali Khamenei tras un ataque atribuido a Estados Unidos e Israel contra Irán conmocionó al mundo, elevó las tensiones en Medio Oriente y, en estos momentos, está teniendo un impacto inquietante en los mercados financieros.
El lunes, el Financial Times publicó detalles sorprendentes sobre la planificación de la ofensiva que acabó con la vida del líder supremo iraní. En ese contexto, el diario resaltó un dato que para algunos puede ser una coincidencia y para otros una señal perturbadora del destino.
Según el artículo, los guardaespaldas y conductores altamente entrenados y leales de los altos funcionarios iraníes fueron observados mientras se acercaban a su trabajo en la calle Pasteur de Teherán —el lugar donde Khamenei fue abatido en el ataque aéreo del sábado—. El periódico añadió que, cuando la CIA e Israel concluyeron que Khamenei asistiría a una reunión en sus oficinas próximas a la calle Pasteur el sábado por la mañana, se consideró que existía una oportunidad particularmente propicia para eliminarlo junto con buena parte del alto liderazgo iraní.
La nota menciona la calle Pasteur de Teherán hasta en tres oportunidades, un eje clave en la operación que puso fin al ayatollah. Ese dato impacta además por la coincidencia del nombre con la calle donde se encontraba la sede de la AMIA en Buenos Aires (Pasteur 633), blanco del atentado de 1994 que dejó 85 muertos y más de 300 heridos.
La relevancia del lugar radica en la conexión simbólica y de lógica entre la muerte del ayatollah y el ataque a la AMIA: hechos separados por décadas y por miles de kilómetros, pero vinculados por elementos de terrorismo y significado geopolítico, sobre todo porque la Justicia argentina responsabilizó materialmente a Hezbollah y atribuyó la planificación al más alto nivel del régimen iraní liderado por Khamenei.
Planificación al detalle
Sobre la operación en Irán, el Financial Times describe que Israel la fue preparando durante años, combinando vigilancia tecnológica avanzada, manipulación de cámaras de tráfico y la alteración de sistemas de telefonía móvil en Teherán. Según el diario, los servicios de inteligencia israelíes intervinieron cámaras urbanas para monitorear de forma remota las rutinas de seguridad alrededor de Khamenei y su círculo cercano. Las imágenes en tiempo real se enviaban cifradas a servidores en Tel Aviv y el sur de Israel.
Con esos recursos, los analistas recrearon patrones de movimiento y estacionamiento del equipo de protección del líder supremo. Emplearon algoritmos para generar expedientes detallados con direcciones, horarios y perfiles personales, lo que permitió detectar vulnerabilidades concretas y diseñar el operativo señalando los puntos críticos de actuación.
El trabajo informático se complementó con la manipulación de torres de telefonía móvil próximas a la calle Pasteur. Funcionarios israelíes citados por el Financial Times afirmaron que la interrupción selectiva de comunicaciones impidió la coordinación defensiva del equipo de Khamenei. “El éxito operacional consistió en quitarles los ojos primero”, resumió uno de esos funcionarios.
La coordinación entre la Unidad 8200, responsable de inteligencia de señales, y el Mossad, encargado de gestionar activos humanos, fue fundamental en todas las fases. La cadena de inteligencia integró datos de los hackeos, el trabajo de informantes y la vigilancia tecnológica. Además, la CIA aportó una verificación independiente mediante un informante humano que confirmó la presencia de Khamenei y su círculo en el lugar objetivo.
La doctrina militar israelí exige múltiples verificaciones de la localización del objetivo antes de una operación de esta magnitud. Finalmente, según la reconstrucción, pilotos lanzaron hasta 30 municiones de precisión en un ataque matutino sobre la zona de la calle Pasteur, sorprendiendo las defensas iraníes y poniendo fin a la vida del ayatollah, que permaneció casi 37 años en el poder.

