12 de marzo de 2026
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Kleber Mendonça Filho y el auge del cine brasileño

La competitiva categoría de mejor película internacional de los Premios de la Academia incluye, por segundo año seguido, una película brasileña que también compite por actuación y por mejor película: O Agente Secreto (El agente secreto), dirigida por Kleber Mendonça Filho.

La cinta llega como candidata un año después de que Ainda estou aqui (Aún estoy aquí) de Walter Salles ganara la estatuilla a mejor película internacional, y tiene posibilidades de dar al cine brasileño un segundo triunfo en la ceremonia de los Oscar que se celebrarán en Los Ángeles.

Está postulada a mejor película, al logro en casting por Gabriel Domingues, a película internacional y a mejor actor por Wagner Moura. En los Globos de Oro, Moura se convirtió en el primer actor brasileño en ganar el premio a mejor actor de drama, y la película se impuso en la categoría de mejor película en lengua no inglesa. En su estreno en Cannes, obtuvo reconocimientos al actor y al director.

“A la película le han ocurrido muchas cosas buenas y parece que sigue adelante”, comentó Mendonça Filho en una entrevista en Ciudad de México, donde El agente secreto se exhibe actualmente.

El director, autor de títulos como Bacurau, Retratos fantasmas y Aquarius, atribuyó en parte este buen momento del cine brasileño al apoyo público a la cinematografía, que favorece la diversidad en la producción, y también destacó el notable talento disponible en el país.

“Lo que deseo ahora es que alguien esté editando una película en Brasil y que quizá hablemos de ella el año que viene. Eso es lo que quiero”, añadió el realizador.

El agente secreto transcurre en Recife en 1977 y aborda temas profundos como la pérdida de la memoria personal y colectiva. El personaje de Moura adopta una identidad falsa para escapar del hostigamiento durante la dictadura militar y, al mismo tiempo, está obsesionado con encontrar en archivos públicos cualquier rastro de su madre, sin saber que corre el riesgo de borrar la memoria de su propio hijo.

El director señaló que en Brasil la memoria suele asociarse con la clase social: las familias de clase media acomodada conservan álbumes fotográficos, mientras que las familias pobres generalmente no, lo que plantea una reflexión sobre la existencia social y la invisibilización.

A pesar de ese riesgo de borrado, la película está firmemente anclada en los recuerdos personales de Mendonça Filho y en el trabajo del equipo técnico: la dirección de arte de Thales Junqueira y el vestuario de Rita Azevedo recrean la época mediante la moda, la arquitectura y los automóviles. El reparto incluye a la actriz septuagenaria Tânia Maria en el papel de Doña Sebastiana.

Como suele ocurrir en el cine brasileño, la película incorpora también momentos de humor, como el episodio de la “Pierna Peluda”, una falsedad mediática que se usó para justificar crímenes, y momentos de nostalgia por las salas de cine de entonces y por filmes como Tiburón.

“1977 es el primer año que recuerdo”, dijo el director. Se describió ya entonces como un aficionado al cine y a los automóviles —aunque hoy no se interese tanto por coches— y rememoró la gente, la ropa y los colores de la época; escribir el guion le hizo sentir que regresaba a su pasado.

Mendonça Filho buscó un tono emotivo para la película, rodada en Panavision, con un diseño sonoro envolvente y una presencia notable de la música.

“Como las películas del pasado que hicieron que la gente quisiera ir al cine”, señaló. “Puede haber escenas duras, pero la película también está llena de afecto y habla mucho sobre la vida en Brasil y en Latinoamérica”.

Fuente: AP.

Fotos: AP/ Berenice Bautista y Panavision.

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