26 de marzo de 2026
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Rubio pide al G7 que los aliados abran el Estrecho de Ormuz

El secretario de Estado de Estados Unidos, Marco Rubio, viajó el jueves a Francia para participar el viernes en la reunión de ministros de Relaciones Exteriores del Grupo de los Siete (G7) en la Abadía de Vaux-de-Cernay, a unos cuarenta kilómetros al suroeste de París. Es su primer desplazamiento internacional desde que Estados Unidos e Israel iniciaron ataques aéreos contra Irán el 28 de febrero, y llega en un momento en que las fracturas internas del bloque son más evidentes que en años recientes.

Antes de partir, Rubio advirtió que todos los miembros del G7 tienen un interés directo en reabrir el Estrecho de Ormuz, porque muchos países dependen más que Estados Unidos del crudo y gas que transita por ese paso. En tiempos de paz, el estrecho concentra aproximadamente una quinta parte del petróleo crudo y del gas natural licuado que se comercia a nivel mundial, y su cierre provocó una de las mayores perturbaciones energéticas de las últimas décadas.

Rubio reconoció avances en las conversaciones con Teherán a través de intermediarios, aunque evitó fijar plazos. El enviado especial Steve Witkoff confirmó en la reunión de gabinete de la Casa Blanca que Estados Unidos mantiene canales con Irán por medio de Pakistán. No obstante, las señales desde Teherán han sido contradictorias: medios iraníes informaron que la República Islámica rechazó una propuesta de alto el fuego y presentó una contrapropuesta de cinco puntos que, según esos reportes, contempla control iraní del Estrecho.

La tensión entre Washington y sus socios europeos marcó la primera jornada del encuentro, a la que Rubio no asistió. El ministro de Defensa alemán, Boris Pistorius, calificó el conflicto como una “catástrofe para las economías del mundo” y subrayó que Europa no fue consultada antes del inicio de las operaciones. La jefa de la diplomacia europea, Kaja Kallas, ya había señalado que “esta no es la guerra de Europa”. Los otros seis miembros del G7 expresaron su preferencia por una solución diplomática y no respaldaron públicamente la ofensiva militar.

En la reunión de gabinete del jueves, el presidente Donald Trump adoptó un tono más duro: afirmó que la operación avanza por delante de los plazos previstos, descartó que Estados Unidos dependa del Estrecho por sus niveles de producción y criticó a aliados de la OTAN por no apoyar la acción militar. Rubio defendió la ofensiva como un interés colectivo, argumentando que no se trata solo de un beneficio para Estados Unidos sino de una medida en favor del mundo.

La agenda del G7 también incluye la guerra en Ucrania, cuyas negociaciones siguen estancadas. Los gobiernos europeos temen que un acercamiento de Washington a Moscú pueda presionar a Kiev para aceptar un acuerdo desfavorable antes de las elecciones legislativas en Estados Unidos en noviembre. Una fuente diplomática italiana dijo a Reuters que los europeos insistirán en mantener sanciones contra Rusia y en continuar el apoyo militar a Ucrania; el ministro de Relaciones Exteriores ucraniano participará en las conversaciones.

Además de los miembros del G7, asisten ministros de Brasil, India, Corea del Sur y Arabia Saudita, cuya posición resulta clave para la estabilidad energética y diplomática global. Francia, que preside de forma rotatoria el grupo, prepara la cumbre de líderes prevista para junio en los Alpes. Para Rubio, la cita en Vaux-de-Cernay funciona más como gestión de daños que como una consulta entre aliados: llega a defender una operación que sus socios no solicitaron y cuyas repercusiones económicas ya afectan a sus economías.

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