27 de marzo de 2026
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Convirtieron galpón abandonado en vivienda y las fotos son furor

Lo que para muchos era un galpón abandonado se convirtió en el proyecto de vida de Yésica Sequeira y David Vallacco. En Ferré, un pueblo pequeño del noroeste de la provincia de Buenos Aires, transformaron una estructura industrial en la vivienda que deseaban, desafiando convenciones arquitectónicas y limitaciones económicas.

Lo que comenzó como una idea impulsiva derivó, con el tiempo y la difusión en redes sociales, en un fenómeno viral. Las imágenes del antes y el después de la llamada Casa Galpón se difundieron en Instagram, TikTok y Facebook, sumando cientos de miles de seguidores y mostrando que, con creatividad y esfuerzo, puede lograrse una transformación inesperada.

La propuesta nació a partir de una herencia: el galpón pertenecía a la familia de Yésica, construido por su padre en 2007 y abandonado tras su fallecimiento en 2013. Durante años estuvo vacío, acumulando recuerdos y polvo.

Intentaron venderlo sin éxito. El crecimiento del pueblo convirtió la zona, antes apta para industria, en un barrio residencial, lo que dificultó encontrar compradores interesados en su uso original, según explicó Yésica.

La pareja, que lleva trece años juntos y conformó una familia ensamblada, comenzó a convivir definitivamente en 2020, en medio de la pandemia. Sin posibilidad de comprar otra vivienda, decidieron aprovechar el galpón contiguo a la casa materna de Yésica. “Siempre soñamos con nuestra casa. Un día dijimos: ‘¿y si la hacemos acá?’”, contó ella.

David, ingeniero agrónomo con experiencia práctica en construcción heredada de su padre, fue quien llevó la idea a un plano técnico. Admitió que la propuesta surgió casi como un delirio, pero que su conocimiento y experiencia fueron clave para materializarla.

El desafío arquitectónico: luz donde no la había

El galpón original carecía de ventanas y luz natural, ya que su diseño estaba pensado para resguardar maquinaria. Convertirlo en un hogar implicaba resolver ese problema central.

La solución fue generar un patio interno: quitar parte del techo y seis metros del fondo de la estructura para crear un pulmón de aire y luz. Esa intervención fue determinante para transformar la campaña industrial en espacios habitables y luminosos.

Diseñada y ejecutada por la pareja sin intervención profesional, la casa quedó en una sola planta con tres dormitorios amplios, dos baños completos, cocina integrada con despensa, un living-comedor de concepto abierto, un escritorio y una galería al frente.

Construir “a pulmón” y con materiales de demolición

El proyecto se financió de forma progresiva, sin créditos ni grandes ahorros, comenzando formalmente en 2021. Compraban materiales usados y restauraban aberturas recuperadas en depósitos de demolición para ahorrar costos.

Yésica dedicó muchas horas a restaurar ventanas y puertas oxidadas; la táctica fue comprar lo posible, ahorrar varios meses y volver a adquirir materiales según avanzaba el presupuesto.

Para sostener la obra, la pareja tuvo que desprenderse de gran parte de sus bienes. La apariencia final no refleja las privaciones que implicó el proceso.

En 2023 la situación económica se complicó cuando David perdió su empleo, lo que los obligó a volcar todos sus recursos y tiempo al proyecto: desaparecieron los ahorros y vendieron pertenencias para continuar la obra.

Yésica destacó que, pese al resultado visible, el camino exigió muchos sacrificios. Cada compra personal se debatía frente a la necesidad de avanzar en la construcción.

Un avance clave ocurrió cuando David, junto a su padre, levantó las paredes internas en apenas 20 días, una tarea intensa que demandó esfuerzo físico y mental.

La convivencia también sufrió tensión por la presión del proyecto; la pareja reconoce que discutieron con frecuencia sobre materiales y decisiones de diseño.

Habitar la obra: del colchón en el piso a la viralidad

Se mudaron antes de tener muebles, apenas con la conexión de agua asegurada. Empezaron durmiendo en el suelo entre polvo y herramientas, contentos de habitar su propia obra.

Yésica comenzó a registrar y compartir el proceso en redes para dejar un recuerdo a sus hijas. Ese contenido conectó con mucha gente y el alcance creció rápidamente.

La cuenta pasó de unos pocos seguidores a miles; junto con el interés llegaron críticas y preguntas, pero también admiración y apoyo, lo que alimentó la visibilidad del proyecto.

Su historia inspiró a otras personas a retomar obras abandonadas y también tocó a adultos mayores que recordaron sus propias experiencias de construir paso a paso.

El uso de materiales reciclados y soluciones económicas, como pallets y piezas recuperadas, llamó la atención de quienes buscan alternativas sustentables y accesibles.

Ellos mismos hicieron gran parte del trabajo: levantaron muros, revoques, colocaron cerámicas, pintaron, construyeron muebles, soldaron y realizaron múltiples tareas necesarias para reducir costos.

La inauguración y el futuro: una casa que nunca termina

Aunque ya viven allí, la inauguración formal se realizó en enero de 2025. Organizaron un sorteo para que quince seguidores pudieran asistir al festejo en Ferré, haciendo de la celebración un evento abierto más allá de las redes.

Los espacios preferidos fueron variando: David destaca la cocina y la despensa, mientras que Yésica valora la galería creada después de la mudanza. Aún quedan obras pendientes, como cerrar el frente, construir el garage y un taller, que irán completando según sus posibilidades económicas.

La historia de la Casa Galpón es un ejemplo de resiliencia. Yésica, con un pasado en la enseñanza artística, y David, que aprendió oficios como albañilería, soldadura y carpintería, convirtieron su proyecto en algo más que una vivienda.

La visibilidad en redes les permitió trabajar con marcas y obtener ingresos que reinvierten en la casa, aunque insisten en que todo se hizo con esfuerzo propio y mucha austeridad.

En contraste con las imágenes idealizadas que circulan en internet, su experiencia muestra el agotamiento, las limitaciones económicas y los conflictos que implica levantar una casa desde cero. Aun así, la recompensa es tangible: hoy crece un árbol en el patio interno donde antes había una fosa de taller, y su historia es testimonio de que los sueños requieren trabajo sostenido para materializarse.

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