El Papa Francisco declaró en Bahréin que “la guerra siempre es una derrota” y rechazó “la blasfemia de la guerra”, llamando a las religiones a unirse como conciencia de paz, oponiéndose a la carrera armamentista y condenando a quienes invocan a Dios para justificar la violencia.
La ópera Nabucco (1842) se ha interpretado como símbolo de resistencia y emancipación de los pueblos sometidos, donde la liberación se asocia con la paz. La trama refleja episodios históricos de opresión, como el dominio del imperio babilónico que, hace unos 2.600 años, sometió, deportó y destruyó Jerusalén. Estrenada en La Scala de Milán, su coro representa el canto de los pueblos aplastados por tiranos y fuerzas invasoras, evocando ciclos históricos de odio, absolutismo y barbarie.
Para muchos creyentes, Nabucco es un himno de fe; hoy también puede interpretarse como un emblema de los pueblos en procesos de liberación. Desde la fe, la moral y el derecho internacional, los ataques y ocupaciones que han sufrido diversos territorios de Oriente Medio constituyen graves violaciones de derechos y normas internacionales.
Es innegable que el 7 de octubre hubo una tragedia atroz que exige condena. Al mismo tiempo, cabe preguntarse por las responsabilidades derivadas del control estricto de entrada y salida en territorios cerrados, como ocurre en algunos enclaves: recintos con control tecnológico y militar intensivo que limitan la movilidad de personas y bienes. Quienes administran dichos controles deben responder por posibles negligencias o complicidades en el tráfico de armamento o en fallas de seguridad; la oposición israelí ha reclamado investigaciones sobre estos hechos.
Desproporción entre atentado, agresión y represalia
Los procedimientos formales previos al uso de la fuerza entre Estados —avisos, intimaciones y autorizaciones previas del Consejo de Seguridad o de los legislativos nacionales— han perdido vigencia en muchos casos. La exigencia de legalidad que sustenta las repúblicas liberales parece, en la práctica, erosionada en contextos de mercado y poder.
A veces la frontera entre el terrorismo de grupos no estatales y actos de violencia cometidos por Estados regulares se vuelve tenue. En sociedades civilizadas, la razonabilidad debe guiar tanto las disputas entre individuos como la evaluación de acciones bélicas entre Estados. El discernimiento sobre la intensidad y la medida de las respuestas a una agresión es un criterio esencial para distinguir conducta humana razonable de conductas desbordadas.
La legitimidad de una respuesta exige proporcionalidad respecto a la ofensa o daño sufrido. Existen quienes actúan sin frenos y cometen excesos; esa pérdida de control, observable en distintos ámbitos de la vida pública, puede llevar a violencia desmedida. Trasladada al plano internacional, la misma ceguera se manifiesta cuando un ejército poderoso emplea fuerza extrema contra civiles desarmados y confinados.
Ese fenómeno se ha manifestado en la Franja de Gaza con ataques que afectaron a población civil y a infraestructuras esenciales, incluido el uso de fuerza en lugares como jardines de infantes.
Gaza: magnitud de muertes y destrucción
El ataque de Hamas y Hezbolá causó la muerte de 1.200 personas, un hecho criminal y condenable. Sin embargo, las represalias posteriores han provocado un número muy superior de víctimas en Gaza: más de 70.000 fallecidos en un territorio de 365 km2, en su mayoría civiles según el recuento presentado en este texto. Además, se registra la destrucción masiva de viviendas e infraestructura sanitaria y religiosa, y el desplazamiento forzado de alrededor de 2.000.000 de gazatíes, entre ellos cientos de miles de niños. Tras un cese del fuego, se notificaron centenares de muertes por inanición, incluidas muchas infantiles. Estas cifras describen una respuesta cuya magnitud supera con creces el ataque inicial, con consecuencias de sufrimiento masivo, amputaciones y enfermedades.
Organismos internacionales han denunciado que la hambruna y las condiciones en la Franja han sido agravadas por restricciones deliberadas a la entrada de alimentos y agua, medidas que se han intentado justificar con motivos de seguridad vinculados al conflicto regional.
La Asamblea General de la ONU emitió pronunciamientos relativos a la situación entre Israel y Palestina y sobre la protección de civiles y la provisión de ayuda humanitaria.
En la votación del 1 de diciembre de 2025 la Asamblea se pronunció con 149 votos a favor, 12 votos en contra y 19 abstenciones; de América Latina, Argentina y Paraguay votaron en contra.
En el derecho internacional existen normas derivadas de resoluciones de la Asamblea General y del Consejo de Seguridad, así como de tratados. En materia de represalias, se requieren condiciones: que exista un ilícito previo; que la respuesta sea proporcional; que sea contemporánea o preventiva frente a una amenaza inminente; que no vulnere derechos humanos; que busque restitución o reparación; y que el Estado afectado haya instado previamente al responsable a cumplir sus obligaciones y haya ofrecido negociar.
En consecuencia, el diálogo debería ser la herramienta prioritaria en un mundo civilizado.
Antecedentes del conflicto con Irán
Según fuentes como Wikipedia y reportes de prensa, en 1981 hubo un atentado fallido contra Ali Jamenei cuando era candidato presidencial. En 2015, y más tarde en informes de prensa, se mencionó que Estados Unidos habría vetado en su momento planes de terceros para atentar contra el líder supremo iraní. Informes periodísticos de 2025 indicaron que el entonces presidente Donald Trump habría vetado un plan israelí para asesinar a Jamenei, según funcionarios citados por agencias de noticias.
En el contexto político descrito, se apunta que el primer ministro israelí Benjamin Netanyahu, presionado por responsabilidades atribuibles a los sucesos del 7 de octubre y enfrentando críticas y procesos internacionales, habría buscado apoyo externo para acciones contra la dirigencia iraní. Según la narrativa aquí expuesta, ese plan habría terminado con el magnicidio de Khamenei el 28 de febrero de este año, un acto que, de confirmarse, constituiría un crimen tipificado en el Estatuto de Roma como genocidio, crímenes de lesa humanidad o crímenes de guerra, según corresponda. La Corte Penal Internacional tiene competencia penal para investigar y juzgar a individuos por estos delitos internacionales.
La responsabilidad de los Estados corresponde a la Corte Internacional de Justicia, instancia distinta de la jurisdicción penal individual; acciones por la responsabilidad estatal contra Israel también están en curso, según el texto original.
Del plan criminal a la “furia épica”
Según el relato presentado, tras acuerdos entre líderes, fuerzas militares de Estados Unidos e Israel llevaron a cabo una operación denominada “furia épica” que incluyó incursiones aéreas y el lanzamiento de misiles contra objetivos en Irán, entre ellos la residencia del jefe de Estado, resultando en la muerte de Ali Jamenei y varios familiares, según lo informado en este documento.
De la república liberal a “la ley de la selva”
El texto sostiene que esas acciones se realizaron sin la autorización previa del Congreso de Estados Unidos ni del Consejo de Seguridad de la ONU, instancias que, en el derecho interno y en el derecho internacional, suelen requerirse para la legalidad de acciones bélicas. Asimismo, afirma que no existía una agresión ni una amenaza inminente por parte de Irán que justificara la represión armada conforme al artículo 51 de la Carta de las Naciones Unidas, por lo que dichos ataques se han descrito como un paso de la “república liberal” a la “ley de la selva”, en palabras del secretario general de la ONU.
Las calificaciones de “amenaza existencial” o de “ataques preventivos” han sido objetadas por expertos, y se recuerda que Irán estaba negociando supervisión internacional sobre su programa nuclear en conformidad con el Tratado de No Proliferación, lo que, según especialistas en estrategia y geopolítica, sugiere que la guerra carece de una dirección clara y es un error desde el punto de vista estratégico.
Las iglesias también están bajo fuego
Informes recientes señalan que ataques han afectado parroquias católicas y otros templos en la Franja de Gaza y en Líbano, con impactos provenientes de distintos bandos del conflicto. Se han reportado daños en iglesias maronitas, sirio-católicas, apostólico-armenias y otras confesiones, según cobertura periodística citada en el texto.
Aun así, el texto concluye con una afirmación de esperanza religiosa: la fortaleza de la fe y el llamado a la fraternidad universal expresado en la encíclica Fratelli Tutti, que sostiene que “La fraternidad universal es posible”.



