2 de abril de 2026
Buenos Aires, 23 C

Supervivencia de los loros más australes frente a amenazas urbanas

La cachaña es el loro que habita más al sur del planeta. Se identifica por su plumaje verde, la cola larga y una franja rojiza en el abdomen, rasgos que la hacen distintiva entre las aves sudamericanas.

Vive en los bosques fríos de la Patagonia, en Argentina y Chile. Un equipo del CONICET, conformado por Rocío Bahía, Sergio Lambertucci y Karina Speziale, detectó cambios en su comportamiento alimentario cuando las aves se acercan a zonas urbanas.

En invierno aumenta su presencia en la ciudad y entonces consumen tres veces más especies vegetales introducidas que nativas. En el bosque, por el contrario, su dieta está dominada por especies nativas.

Los investigadores advierten que, con la expansión urbana, las aves ajustan su alimentación según el entorno y la estación, y que ese cambio podría favorecer la dispersión de plantas exóticas hacia ambientes naturales.

El equipo integra el Grupo de Investigaciones en Biología de la Conservación del Laboratorio Ecotono del Instituto INIBIOMA, dependiente de la Universidad Nacional del Comahue y del CONICET.

Publicaron los resultados en la revista Integrative Conservation, y recomendaron plantar más especies vegetales nativas en jardines, plazas y parques urbanos de cada región.

Con el estudio buscaron comprender cómo la urbanización y la estacionalidad influyen en la dieta de la cachaña.

Al analizar los datos, enfatizan que la vegetación urbana no es solo un adorno, sino un recurso estratégico. Hoy estas aves afrontan amenazas como ataques de perros y gatos, ruido que altera su comunicación y colisiones con infraestructuras.

“Cuando decimos todos, nos referimos a los seres humanos y a la naturaleza no humana. Nuestros resultados muestran que las cachañas usan mucho las plantas introducidas en invierno porque en esa época casi no hay frutos ni semillas nativas disponibles. Eso nos dice que las ciudades pueden cumplir un rol importante como refugio estacional”, explicó la doctora en biología Karina Speziale.

Las aves consumen plantas introducidas porque esas son las especies que las personas eligieron plantar en hogares y en el arbolado público.

“Lo hacemos sin pensar en la coexistencia con las especies nativas que vivían en el lugar desde mucho antes de que llegáramos”, subrayó una de las investigadoras.

Por eso, según los autores, si en las ciudades se plantan mayoritariamente especies exóticas “se promueve un ciclo que puede facilitar la dispersión de invasoras hacia áreas naturales protegidas. Se altera la alimentación de las cachañas (y de otras especies nativas urbanas) y se debilita la protección del bosque”, afirmó Bahía en declaraciones a Infobae.

Ese escenario representa un riesgo concreto para Bariloche, en la provincia de Río Negro, y para las áreas protegidas que la rodean.

El menú cambiante en la ciudad y el bosque

La urbanización transforma paisajes naturales en ciudades con jardines, plazas y plantas que antes no existían en la región.

Esa transformación modifica la oferta de alimento para las aves y, por lo tanto, puede cambiar la manera en que obtienen recursos.

El objetivo principal del equipo fue averiguar si la cachaña mantiene la misma dieta en la ciudad y en el bosque. Al comparar ambos ambientes, se plantearon si las aves muestran preferencias o simplemente consumen lo disponible.

Cómo investigaron a las cachañas

El estudio abarcó 33 sitios: 14 en ambientes naturales y 19 en áreas urbanas de Bariloche.

Durante un año completo observaron a los individuos, registraron las plantas presentes en cada lugar y anotaron los momentos en que producían frutos, semillas o flores.

Detectaron 37 especies en la dieta de la cachaña; el 65% eran introducidas y el 35% nativas.

“Lo que más nos sorprendió fue el contraste tan marcado: en la ciudad las cachañas consumen tres veces más especies introducidas que nativas. Pero esta flexibilidad no significa que coman cualquier cosa”, destacó Bahía.

Aunque varíen la selección de plantas según el entorno, las cachañas mantienen preferencias claras.

“Por ejemplo, en la ciudad buscan activamente especies nativas como el pehuén o el maqui, aun cuando haya abundancia de plantas introducidas”, añadió la investigadora.

Es decir, su comportamiento no es meramente oportunista: “Tienen una estrategia, seleccionan lo que les conviene según la estación y el lugar. Esto refleja una estrategia ecológica más compleja que ser simplemente generalistas”, explicó Speziale.

También observaron que la flexibilidad alimentaria disminuye en verano, cuando casi no utilizan el ambiente urbano.

El verano coincide con la reproducción, por lo que las aves permanecen en el bosque y dependen de recursos nativos. “Ese ambiente es clave para la especie”, recalcó el equipo.

Puentes invisibles

El estudio planteó la pregunta sobre los efectos a largo plazo de la mayor ingestión de plantas introducidas en invierno.

“Es una pregunta importante y todavía no tenemos todas las respuestas, pero nuestros resultados permiten imaginar escenarios posibles”, respondieron las investigadoras.

En el aspecto positivo, la flexibilidad dietaria podría ayudar a las cachañas a sobrellevar la pérdida de bosque nativo y los inviernos más severos.

“El desafío es lograr un equilibrio para que ese beneficio inmediato no derive en problemas ecológicos a largo plazo”, aclaró Speziale.

“En el lado negativo, si consumen especies no nativas en invierno podría verse afectada su nutrición. No sabemos si esos recursos aportan la misma energía o nutrientes esenciales que las plantas nativas. Si la calidad es menor, podría repercutir en su condición corporal, su supervivencia y el éxito reproductivo en la primavera siguiente”, señaló Bahía.

El efecto ecológico más preocupante es que las cachañas funcionen como “conectores” entre la ciudad y el bosque.

“Al trasladarse entre ambos ambientes, si consumen frutos de plantas introducidas en la ciudad pueden dispersar sus semillas hacia áreas naturales, incluso dentro de parques nacionales. Esto puede facilitar la expansión de especies invasoras, uno de los principales problemas de conservación en la Patagonia”, destacaron las autoras.

Estos impactos, a nivel de especies y de ecosistemas, son temas que las investigadoras pretenden seguir estudiando.

En base a los hallazgos, dieron estas recomendaciones a la población y a las autoridades ambientales:

Se deberían plantar más especies nativas en las ciudades para que las cachañas y otras aves puedan alimentarse adecuadamente y no dependan exclusivamente de especies traídas de otros lugares.Se recomienda crear espacios verdes con una diversidad de plantas locales, priorizando aquellas que prefieren las cachañas, para mantener la conexión entre la ciudad y el bosque.Seguir investigando cuánto aportan las plantas exóticas a la dieta y a la salud de la cachaña, y evaluar los riesgos si las especies introducidas se vuelven la fuente principal de alimento.

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