Enrique “Henry” Steven, profesor de química, jugador de hockey sobre césped y aficionado a diversos deportes, dejó una marca profunda en numerosos alumnos que aún lo recuerdan. Con 88 años, este vecino de Temperley afirma que en la vida “nunca hay que aflojar”.
Su trayectoria es un ejemplo de compromiso: durante décadas trabajó en instituciones educativas y deportivas del sur del Conurbano bonaerense. Combinó la docencia con la práctica deportiva sostenida, ejerció como bioquímico en laboratorios de análisis clínicos y participó en espacios culturales.
Su arraigo en Temperley
Aunque nació en la Ciudad de Buenos Aires, su familia se mudó a Temperley cuando él era pequeño. Su padre, empleado del ferrocarril, compró un terreno donde construyó la casa en la que vivieron y donde Enrique pasó gran parte de su vida.
Hoy vive en Canning, en una casa más tranquila, pero conserva el vínculo con Temperley: “No hay nada que quejarme de Temperley, fue mi lugar; me gusta volver porque en esa casa ahora vive mi hijo”, contó.
Su carrera docente comenzó en ese barrio. Desde 1980 dio clases en la Escuela de Comercio Tomás Espora de Temperley, donde formó relaciones duraderas con sus alumnos. Su llegada se produjo en un contexto de escasez de docentes y comenzó ofreciendo clases ad honorem.
Su relación con sus exalumnos
Hasta hoy muchos exalumnos lo visitan: “Los invito a que vengan a casa, no tengo problema porque se ha generado un vínculo muy lindo con muchos de ellos”, dijo.
Durante su carrera mantuvo una cercanía especial con los estudiantes, participó en actividades extracurriculares y acompañó más de 15 viajes de egresados a Bariloche.
Esa continuidad en la relación con sus exalumnos se mantiene activa y él conserva recuerdos afectuosos de cada uno.
Marcelo Gallardo, actual profesor de educación física en la Escuela Secundaria N°14 Tomás Espora de Temperley, lo recordó como “un excelente profe”: “Lo tuve por varios años y hasta lo disfrutamos en el viaje de egresados. Hicimos muchas actividades y él siempre fue más activo que nosotros; no se cansaba nunca. Lo tengo muy presente y por profesores como él muchos de nosotros nos decidimos por la enseñanza”.
Generoso, Steven también ayudó con recursos propios para permitir que alumnos con dificultades económicas accedieran a mayor formación y practicaran hockey, algo que para muchos era impensable sin su apoyo.
“Esas personas de Lomas que me recuerdan hasta hoy fueron parte de mi vida y me hicieron el tipo más feliz del mundo. He recibido tanto cariño que no tengo más que agradecer a cada uno de ellos”, concluyó, consolidando el lugar que ocupa en la memoria de quienes pasaron por sus clases, entrenamientos y charlas.
Su pasión por el hóckey
El hockey fue una parte central de su vida y motivó a muchos alumnos a practicar y especializarse en ese deporte. Deportista nato, con el tiempo adaptó su actividad física y hoy se mantiene activo practicando golf. “El deporte me fue acompañando de manera distinta en cada etapa de mi vida; uno va evolucionando según las condiciones físicas y se dedica hasta cierto límite”, explicó.
Cumplió 88 años a comienzos de 2026 y lo toma con buen humor: “Para mí que me anotaron mal; siento que nací antes del 2 de enero, que es mi cumpleaños”, comentó entre risas.
La amistad y una vida social activa le dan energía en esta etapa. “Los amigos son los que están, los que alientan en todo momento cuando decís que no podés; compartir con ellos es una forma de rejuvenecer un poquito”, recomendó.
Para Steven, los amigos son fundamentales porque empujan hacia un propósito y dan el aliciente necesario cuando hace falta: “Cuando uno lo intenta hasta que no pueda, pero tiene ese incentivo atrás, es ese lindo momento donde uno se ilusiona por algo, y eso es lo que vale la vida”.
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Sincero y lleno de sabiduría, disfruta de cada etapa de la vida.



