6 de abril de 2026
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Crisis de intestino irritable: qué ocurre y cuánto dura

El síndrome del intestino irritable (SII) es uno de los trastornos funcionales digestivos más comunes, con una prevalencia aproximada del 10 % de la población mundial, según la Fundación Internacional para los Trastornos Gastrointestinales Funcionales. Se caracteriza por dolor abdominal y cambios en el tránsito intestinal, y sus episodios pueden afectar de forma notable la calidad de vida.

Un brote de SII consiste en un aumento apreciable de los síntomas digestivos que puede interferir en las actividades diarias. Este patrón es frecuente en personas con diagnóstico de SII y se presenta con molestias intestinales cuya intensidad y duración varían entre pacientes, según la Asociación Española de Gastroenterología.

El SII es una condición crónica asociada a alteraciones del sistema nervioso entérico y del eje intestino‐cerebro. La causa incluye una mayor sensibilidad a estímulos digestivos —hipersensibilidad visceral— que provoca episodios recurrentes de síntomas que aparecen y desaparecen con poca previsibilidad, señala la Fundación Internacional para los Trastornos Gastrointestinales Funcionales.

Durante los brotes, el intestino responde con mayor sensibilidad y hay disfunciones en la comunicación con el cerebro, lo que provoca dolor abdominal, distensión, diarrea, estreñimiento y cambios en las deposiciones. La duración de estos episodios puede ir desde unas horas hasta varios días, según los Institutos Nacionales de Salud de Estados Unidos (NIH).

Estas manifestaciones pueden reducir la calidad de vida y dificultar la organización de actividades cotidianas, añade la Fundación Internacional para los Trastornos Gastrointestinales Funcionales.

Con frecuencia, los brotes se presentan durante el día sin alterar el sueño y suponen un empeoramiento temporal de las molestias habituales. Algunos pacientes notan sensación de evacuación incompleta, lo que incrementa el malestar. En general, los síntomas aparecen y desaparecen sin un patrón claro, lo que complica su control, según la Clínica Mayo.

Duración y variabilidad de los brotes

La duración y la intensidad de los brotes varían entre personas y también en un mismo paciente a lo largo del tiempo. Se han descrito episodios que duran desde pocas horas hasta varios días; en ocasiones aisladas pueden prolongarse más, indican los NIH.

Como patología crónica, el SII puede manifestarse de forma continua o alternar con periodos sin síntomas. No existe una regularidad predecible en la aparición o resolución de los brotes.

Los expertos señalan que los síntomas “pueden aparecer y desaparecer y no siempre son predecibles”, lo que dificulta el manejo del síndrome y la planificación de la vida diaria. La intensidad y la duración dependen de factores tanto personales como ambientales.

Diversos factores pueden desencadenar o agravar un brote de SII. Entre los más habituales están los factores dietéticos, como ciertos alimentos o bebidas, la cafeína, el alcohol o comer demasiado rápido, según la Asociación Americana de Gastroenterología.

El estrés, la falta de sueño, la ansiedad y los cambios hormonales relacionados con el ciclo menstrual también suelen precipitar o empeorar los brotes. Mientras que algunos pacientes identifican vínculos claros entre factores y síntomas, otros no encuentran desencadenantes evidentes.

Registrar la alimentación, el estado emocional y los síntomas ayuda a detectar patrones o desencadenantes. Ese seguimiento puede facilitar la personalización del tratamiento bajo supervisión profesional.

Estrategias de manejo y prevención de los brotes

El manejo del SII requiere un enfoque integral que combine cambios en el estilo de vida y, cuando procede, tratamiento farmacológico. Entre las medidas útiles están ajustes dietéticos —como aumentar la fibra o eliminar el gluten en casos concretos—, la dieta baja en FODMAP, el uso de probióticos o cápsulas de aceite de menta, y terapias psicológicas de apoyo, según la Fundación Internacional para los Trastornos Gastrointestinales Funcionales.

El yoga y el ejercicio regular pueden beneficiar a algunas personas. Ante síntomas inusuales —sangre en las heces, pérdida de peso inexplicada, vómitos persistentes o deposiciones anómalas— es imprescindible consultar a un profesional de la salud.

Cualquier síntoma nuevo y persistente, o la existencia de antecedentes familiares de enfermedades digestivas graves, requiere evaluaciones médicas más especializadas para prevenir o detectar complicaciones.

La atención interdisciplinaria, que puede incluir gastroenterólogos, nutricionistas y psicólogos, es clave para el manejo óptimo del SII. Este enfoque facilita la identificación de desencadenantes y la elaboración de tratamientos personalizados, contribuyendo a mejorar la calidad de vida y a reducir la frecuencia de los brotes, según la Clínica Mayo.

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