21 de mayo de 2026
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4 micronutrientes esenciales para proteger cerebro y huesos

Tara Bright, profesional dedicada a la salud y el bienestar, consultó a varios especialistas tras experimentar dolores al estar de pie apenas 15 minutos y dificultades para encontrar palabras. Las resonancias magnéticas no mostraron alteraciones, se descartó la menopausia y los médicos no hallaron una causa evidente. Finalmente, análisis de sangre específicos identificaron una deficiencia simultánea de hierro, folato y vitamina B12 como origen de sus síntomas.

El caso de Bright, recogido por The Telegraph, no es único. Investigadores del Trinity College de Dublín (TCD) han estudiado durante años cómo la insuficiencia de determinados micronutrientes afecta a las personas mayores de 50 a través del proyecto Tilda (The Irish Longitudinal Study on Ageing).

Los resultados del estudio indican que, a partir de esa edad, el organismo pierde progresivamente eficacia para absorber ciertos nutrientes esenciales, lo que vuelve más probable que las carencias se desarrollen y tengan consecuencias más graves que en etapas previas de la vida.

El envejecimiento cambia las reglas del juego

Con la edad disminuye la producción de ácido gástrico, lo que dificulta la absorción de vitamina B12; además, cambios hormonales y del aparato digestivo pueden reducir la captación de minerales como el calcio.

“La presencia de múltiples deficiencias de micronutrientes se relacionó con un incremento sostenido de la gravedad de la fragilidad”, señaló Deirdre O’Connor, nutricionista investigadora del TCD.

Este deterioro en la absorción convierte la mediana edad en un periodo de mayor riesgo de carencias, que muchas veces evolucionan de forma silenciosa durante meses o años. El proyecto Tilda subraya cuatro micronutrientes que requieren atención prioritaria a partir de los 50 años.

Vitamina D: huesos, ánimo y metabolismo

Además de su papel en la salud ósea y muscular, la vitamina D influye en las defensas inmunitarias, el estado de ánimo y el metabolismo. El estudio Tilda halló que los adultos mayores con deficiencia de vitamina D tenían un 75% más de riesgo de desarrollar depresión en cuatro años y un 62% más de riesgo de presentar prediabetes.

La principal fuente es la exposición solar: entre 10 y 30 minutos al mediodía, varias veces por semana, suele ser suficiente para cubrir las necesidades en la mayoría de las personas.

Avni Vyas, profesora de nutrición y dietética en la Universidad Metropolitana de Manchester, recomendó suplementos de vitamina D3, que es la forma que se absorbe y metaboliza con mayor facilidad en el intestino.

Las presentaciones sin receta habituales ofrecen alrededor de 10 microgramos diarios; también existen opciones de 25 microgramos. Los especialistas advierten que dosis muy altas administradas sin supervisión aumentan el riesgo de toxicidad y daño renal.

Vitamina B12 y folato: el dúo que protege el cerebro

La vitamina B12 participa en la formación de glóbulos rojos y en el mantenimiento de la mucosa intestinal; su déficit puede acelerar la pérdida de volumen en diversas áreas cerebrales.

“Las personas con deficiencia de B12 suelen sentirse débiles y fatigadas con frecuencia”, explicó Bradley Elliott, investigador de la Universidad de Westminster.

A partir de los 50 años, la menor producción de ácido gástrico reduce la liberación de B12 a partir de los alimentos, y ciertos fármacos como los inhibidores de la bomba de protones o la metformina agravan esa dificultad. O’Connor advirtió que se trata de una deficiencia silenciosa que progresa de forma paulatina.

El Servicio Nacional de Salud del Reino Unido (NHS) recomienda, en casos de deficiencia no relacionada con la dieta, entre una y dos tabletas de 1.000 microgramos diarias; en déficits graves pueden indicarse inyecciones.

El folato (vitamina B9) trabaja en conjunto con la B12 en procesos como la división celular, la reparación del ADN y la producción de células sanguíneas. Si falta folato, puede elevarse la homocisteína en sangre, un factor asociado con daño arterial, mayor riesgo de trombosis y posible contribución al deterioro cognitivo.

“La deficiencia de folato se ha vinculado a un riesgo significativamente mayor de problemas cognitivos a lo largo de ocho años”, comentó O’Connor. La relación entre B12 y folato es tan estrecha que, sin niveles adecuados de B12, el folato no puede actuar correctamente independientemente de la cantidad consumida.

Calcio: el mineral que la menopausia pone en riesgo

La masa ósea alcanza su máximo entre los 25 y 30 años y desde entonces disminuye progresivamente. En las mujeres, la pérdida se acelera tras la menopausia debido al descenso de estrógenos, que son clave para la retención de calcio en los huesos.

Según Vyas, cuando los niveles de estrógeno bajan, el cuerpo pierde más calcio del que incorpora en el tejido óseo.

Señales de déficit incluyen mayor fragilidad ósea, pérdida de estatura y cifosis. Para prevenir la pérdida ósea se aconseja una dieta rica en calcio —lácteos, verduras de hoja verde, semillas de sésamo y sardinas— y mantener niveles adecuados de vitamina D, indispensable para que el calcio se fije correctamente en los huesos.

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