15 de enero de 2026
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Juana Azurduy y Manuel Arias contra el ejército español en Jujuy

El año 1816, aunque oficializado como el de la Declaración de la Independencia, fue también uno de los más críticos para las Provincias Unidas del Río de la Plata desde el punto de vista militar. Ese año cayeron numerosos jefes patriotas —entre ellos Vicente Camargo, Manuel Asencio Padilla e Ignacio Warnes— encargados de frenar el avance realista en el Alto Perú, y hacia fines del año se produjo el éxodo y la dispersión de las tropas que defendían las provincias del Norte, dejando a la región vulnerable frente a la ofensiva española.

En ese marco, Juana Azurduy, conocida como la “amazona de la Independencia”, debió emigrar hacia las “tierras bajas” acompañada por su hija y por las unidades que aún permanecían bajo su mando. Venía con un reconocimiento reciente concedido por el Director Supremo Juan Martín de Pueyrredón y comunicado por Manuel Belgrano: el grado de “Teniente Coronel de las Milicias Partidarias de los Decididos del Perú”.

Aunque honorífico, este título resumía cinco años de campañas, como ella misma lo señaló en una carta de 1825, donde afirmó haber participado “hasta el año 1817” y haberse “connaturalizado en una campaña de cinco años”.

El 19 de noviembre Juana llegó a Potosí, donde fue recibida por el comandante Francisco de Uriondo, quien informó a Martín Miguel de Güemes sobre su arribo y ordenó que fuera tratada con los honores correspondientes. Sin embargo, a mediados de diciembre debió proseguir hacia las tierras abajeñas, pues su captura seguía siendo un objetivo del ejército realista.

AZURDUY Y ARIAS COMBATEN A LOS ESPAÑOLES

Al llegar a Orán, Azurduy se reunió con el comandante Manuel Eduardo Arias y puso a su disposición las fuerzas que aún conservaba. El historiador Gustavo Álvarez localizó una carta, publicada en “Documentos para la historia de la guerra separatista del Perú” por el Conde de Torata (Jerónimo Valdéz), que acredita la intervención de la heroína altoperuana en la zona jujeña.

Ese hallazgo contradice la afirmación del historiador Pancho O’Donnell, quien en su obra sostuvo que no existían registros de la participación de la teniente coronel en las luchas internas argentinas; el documento presentado por Valdéz demuestra que sí estuvo involucrada.

Desde fines de 1816, el virrey De La Serna organizó una nueva invasión a la Intendencia de Salta del Tucumán. La expedición, compuesta por cerca de 4.000 infantes y 700 jinetes, fue comandada por generales experimentados como José de Canterac y Pedro Antonio Olañeta, con la participación de coroneles como Vigil, José María Valdez, Agustín Gamarra —quien se casó con la jujeña Juana María Alvarado en 1817— y el jujeño Guillermo Marquiegui.

El 4 de enero la fuerza realista partió desde la Posta de Hornillos, en la Quebrada de Humahuaca, y avanzó cuarenta leguas hacia Orán, enfrentando durante ocho días acciones de guerrilla por parte de los patriotas. Según el informe de Valdéz, los enemigos escaramucearon repetidamente, replegándose y volviendo a aparecer al día siguiente.

El acecho culminó en las inmediaciones de Orán: el 12 de enero, más de mil hombres al mando del mayor Bernardo de la Torre ocuparon el valle de San Andrés (entonces parte de la provincia de Jujuy) y tomaron la Misión de Nuestra Señora de las Angustias del Zenta, a cinco kilómetros de Orán, que cayó en breve.

Valdéz relata que persiguieron a los restos de Arias, a la “viuda de Padilla” y a otros caudillos derrotados en las provincias interiores hasta el Río Grande, lo que confirma la participación activa de Juana Azurduy en la resistencia del norte argentino. Según Gustavo Álvarez, las milicias gauchas de Arias, reforzadas por los guerrilleros altoperuanos de Azurduy, opusieron una resistencia notable frente a un enemigo numéricamente superior.

El propio Güemes informó a Manuel Belgrano el 16 de enero que Orán había sido tomada “después de una vigorosa resistencia por seis días consecutivos”, y señaló que el avance realista había sido más lento de lo esperado. Tras la caída de Orán, Juana, junto a su hija, se dirigió a Salta, donde fue acogida por Güemes.

En comunicaciones se menciona que un sargento mayor llamado Bedoya intentó disuadirla de descender a las zonas arribeñas por el trato hostil que podían recibir allí. Protegiendo a su hija, Azurduy se alejó de la lucha armada y buscó la protección de Güemes en la ciudad de Salta. Padecía además la pérdida de bienes: su capital y las fincas de su esposo habían sido confiscadas por los realistas.

ENTRE SALTA, TUCUMÁN Y BUENOS AIRES: LOS AÑOS DE DESPOJO

Azurduy residió un tiempo en Salta y luego se trasladó a Tucumán por invitación del gobernador Bernabé Aráoz. Desde allí viajó a Buenos Aires para reclamar los sueldos adeudados a su esposo fallecido, presentándose como “la americana Teniente Coronel Doña Juana Asurdui, viuda del coronel Don Manuel Asencio Padilla, residente en Tucumán”.

Tras varias gestiones, su hermano y apoderado Gregorio Asurdui cobró el pago correspondiente: 967 pesos y cinco cuartillos reales. El trámite se completó el 10 de abril de 1820, según el historiador boliviano Norberto Benjamín Torres.

De regreso en Tucumán, Juana enfermó y volvió a solicitar ayuda a Aráoz, quien le entregó doce pesos para su tratamiento, constando ello en el Archivo Histórico de Tucumán.

En 1821, tras el asesinato de Martín Miguel de Güemes, regresó a Salta y quedó bajo la protección del gobernador José Ignacio Gorriti. Años después, Juana Manuela Gorriti recordó que su padre la recibió “con los honores que se tributan a los héroes” y que, desde niña, tuvo la impresión de una figura envuelta en admiración por sus hazañas.

Azurduy permaneció en Salta hasta 1825, año en que solicitó apoyo para regresar a su tierra natal. La Junta Provincial de Salta le entregó cuatro mulas y cincuenta pesos mediante el Ministro Principal de Hacienda para costear el viaje. Llegó a Chuquisaca a comienzos de agosto y el gobierno local la recibió con honores.

AZURDUY O ASURDUI

El apellido de Juana tiene origen vasco y, por ello, en su forma original debería escribirse con s. La propia Juana firmó sus documentos como Asurdui, con s y con i final. La variante Azurduy parece corresponder a un proceso de castellanización y a la frecuente dificultad de lectura de rúbricas en el siglo XIX. Manuel Padilla, su esposo, empleó siempre la forma original Asurdui al referirse a su mujer.

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