El hallazgo de ácido trifluoroacético (TFA) en productos alimentarios de consumo masivo encendió las alarmas en Europa. Un informe de Pesticide Action Network Europe (PAN Europe), respaldado por investigaciones publicadas por The Guardian, detectó niveles inusualmente altos de este compuesto persistente en cereales, panes y otros derivados del trigo en 16 países europeos.
El 81,5% de las muestras analizadas mostró contaminación, con concentraciones de TFA que en algunos casos eran hasta cien veces superiores a las detectadas en el agua potable. El informe pone de manifiesto una posible vía de exposición generalizada a un contaminante de larga persistencia.
¿Qué es el ácido trifluoroacética y cómo llega a los alimentos?
El ácido trifluoroacético es un subproducto que se genera cuando pesticidas u otros compuestos que contienen sustancias perfluoroalquiladas o polifluoroalquiladas (PFAS) se degradan en el medioambiente. Las PFAS son conocidas como “químicos permanentes” por su elevada resistencia a la degradación: pueden persistir durante largos periodos y, al ser solubles en agua, se desplazan por el suelo hasta ser absorbidas por las plantas destinadas a la alimentación.
Empleadas desde la década de 1950 en la industria y en la agricultura por sus propiedades de resistencia y durabilidad, las PFAS han proporcionado ventajas tecnológicas pero han generado un costoso impacto ambiental y sanitario. La conversión de estas sustancias en TFA en el entorno agrícola provoca la transferencia inadvertida del contaminante a la cadena alimentaria.
El estudio: hallazgos y alcance continental
El análisis de PAN Europe es el primero de gran escala realizado en la Unión Europea. Se recogieron 65 muestras de productos a base de cereales procedentes de países como Francia, Alemania, Italia, Bélgica y España, excluyendo el Reino Unido.
Los resultados indican que la presencia de TFA es amplia y afecta a diversos productos de consumo habitual. Los cereales de desayuno mostraron las concentraciones más altas, seguidos por productos de panificación típicos en Europa, como pan integral y baguette. También se detectaron niveles elevados en pastas, croissants, pan blanco, harina, galletas de jengibre y bollos de queso.
Según PAN Europe, “todas las muestras superaron el límite máximo de residuos permitido”, un dato que subraya la magnitud del problema y la posible carencia de regulaciones efectivas para limitar la exposición de la población.
Riesgos para la salud: ¿qué se sabe y qué advierten los especialistas?
El informe destaca la clasificación del TFA como compuesto reprotoxico. Estudios científicos apuntan a efectos sobre la función reproductiva humana, la fertilidad y el desarrollo fetal, así como impactos potenciales en la tiroides, el hígado y el sistema inmune.
Los expertos señalan que la toxicidad del TFA se ve agravada por su persistencia ambiental y su capacidad de bioacumulación. “No podemos exponer a los niños a sustancias reprotoxicas. Esto exige una acción inmediata”, afirmó Angeliki Lysimachou, responsable de ciencia y políticas de PAN Europe, en declaraciones a The Guardian.
Además, los especialistas advierten sobre la falta de monitoreo sistemático: actualmente no existen controles regulares y coordinados por parte de varios gobiernos europeos para detectar TFA en alimentos, lo que aumenta el riesgo de una exposición silenciosa y prolongada en la población.
Más allá de la comida: otras fuentes de exposición
La contaminación por TFA no se limita a los alimentos. La molécula puede estar presente en el agua potable, en el aire y en productos de cuidado personal u objetos de uso cotidiano, según indican los expertos.
Salomé Roynel, responsable de políticas de PAN Europe, señaló en The Guardian la urgencia de adoptar medidas para impedir una mayor contaminación de la cadena alimentaria y del medio ambiente. La existencia de múltiples fuentes de exposición refuerza la posibilidad de una exposición crónica difícil de evitar.
Un panorama desafiante: persistencia, falta de control y riesgos invisibles
El informe de PAN Europe dibuja un escenario preocupante: las sustancias catalogadas como “químicos permanentes” se acumulan en el medio ambiente y en la cadena alimentaria, mientras que la ausencia de regulaciones adecuadas y la falta de información clara sobre los riesgos concretos dificultan la toma de decisiones por parte de consumidores y autoridades sanitarias.
Los especialistas exigen una respuesta coordinada que incluya monitoreos periódicos y legislación específica para reducir la presencia de TFA en los alimentos y proteger la salud pública y el ecosistema europeo.


