15 de enero de 2026
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El misterio de la muerte de Rodrigo

En la madrugada del 24 de junio de 2000, “El Potro” Rodrigo ofreció su última actuación. Luego subió a su camioneta, tomó la autopista y sufrió un accidente que se convirtió en una de las tragedias más impactantes de la cultura popular argentina. A más de veinte años del hecho, persisten las dudas y controversias sobre las circunstancias de su muerte.

Rodrigo tenía 27 años cuando falleció, dejando un profundo vacío entre sus seguidores y provocando conmoción en todo el país. Originario de Córdoba, alcanzó la fama masiva a fines de los 90 al introducir el cuarteto en la Capital Federal y el Gran Buenos Aires. Su álbum A 2000 consolidó su carrera y lo llevó a agotar 13 funciones en el Luna Park. Aunque estaba en la cima, había anunciado su retiro de los escenarios, con un último concierto previsto para diciembre en la cancha de River Plate.

Cómo fueron las últimas horas de Rodrigo

El viernes 23 de junio, las últimas horas del cantante transcurrieron con mucha actividad: regresó de Ushuaia, donde había trabajado y practicado esquí; participó en la grabación del programa La Biblia y el Calefón; y más tarde fue a cenar al restaurante El Corralón en Buenos Aires, acompañado por su exmujer Patricia Pacheco y su hijo Ramiro, de tres años.

En la cena se encontró con Fernando Olmedo, hijo del cómico Alberto Olmedo, a quien invitó a sumarse a su presentación en el boliche Escándalo de La Plata. En ese contexto, la noche estaba atravesada por rumores sobre mafias vinculadas a locales de baile que supuestamente amenazaban a artistas. Además, Alejandra Romero, su pareja de entonces, aseguró que semanas antes, en Cuba, el cantante había recibido una amenaza de muerte y temía por su seguridad.

Pasadas las 2.30 de la madrugada, tras finalizar la presentación en La Plata, emprendió el regreso a la Ciudad de Buenos Aires en su Ford Explorer roja. A pesar de que su mánager, José Luis Gonzalo, le sugirió descansar y dejar que otro condujera, Rodrigo decidió manejar personalmente.

Cerca del peaje de Hudson, en el kilómetro 27 de la autopista, una camioneta Chevrolet Blazer blanca se cruzó en su camino y lo cerró. Ambos vehículos aceleraron; la exmujer del músico advirtió “¡Cuidado Ro!”, pero no pudo completar la advertencia. La camioneta de Rodrigo chocó contra un guardarraíl, volcó y dio siete giros. Al abrirse la puerta, el cantante salió despedido, golpeó su cabeza contra el asfalto y murió en el acto por una fractura de cráneo. Fernando Olmedo, que también fue eyectado, falleció horas después.

El misterio alrededor de la partida de Rodrigo

El entorno de Rodrigo —desde Patricia Pacheco hasta su madre, Beatriz Olave— consideró el accidente sospechoso. La investigación identificó al conductor de la camioneta blanca mediante cámaras de seguridad: Alfredo Pesquera, un empresario informático con vínculos con los promotores del último show del artista.

En el momento del siniestro, Pesquera estaba prófugo por causas relacionadas con estafas reiteradas. Jorge “El Negro” Moreno, músico que viajaba en la camioneta y sobrevivió, declaró que Pesquera les había cerrado el paso, lo que habría desatado una persecución y un toque que hizo perder el control a Rodrigo.

Pesquera fue llevado a juicio oral acusado de doble homicidio culposo; la fiscal María Cristina Díaz solicitó además que se lo juzgara por doble homicidio simple con dolo eventual, una calificación que podría haber implicado penas de hasta 25 años de prisión. Pesquera negó responsabilidad en el accidente y aseguró no pertenecer a ninguna asociación ilícita. En diciembre de 2001, fue absuelto por el tribunal.

El fallo judicial determinó que Rodrigo Bueno y Fernando Olmedo murieron por una serie de imprudencias del conductor de la camioneta: violaciones a normas de tránsito, manejo en estado de ebriedad, ausencia de cinturón de seguridad y una maniobra desesperada ante un choque inevitable.

El proceso judicial quedó en buena medida opacado por la crisis política que desembocó en la renuncia del presidente Fernando de la Rúa. Años después, en diciembre de 2013, la figura de Pesquera volvió a aparecer en los medios al ser buscado por el asesinato de un financista; días más tarde se quitó la vida, y fue encontrado muerto por un disparo en su camioneta. Ese desenlace reavivó las preguntas sobre si la tragedia de “El Potro” fue consecuencia de su estilo de vida y de la imprudencia al volante, o si hubo una intención deliberada que no pudo probarse en los tribunales. Patricia Pacheco sostuvo que el final era inevitable y que, de no haber ocurrido esa noche, habría sucedido pronto, una visión que alimentó el mito popular y las sospechas en torno del caso.

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