15 de enero de 2026
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Cirugía restaura la sensación en usuarios de prótesis de pierna

La osteointegración consiste en fijar un implante metálico de titanio poroso directamente al hueso residual, lo que permite conectar una prótesis externa de forma estable. Este anclaje mejora el uso de las piernas ortopédicas, el equilibrio y la movilidad, y puede recuperar parte de la sensación de apoyo.

Millones de personas en el mundo viven con una amputación; aunque las cifras precisas varían, las amputaciones de miembros inferiores son aproximadamente tres veces más comunes que las de miembros superiores. En la Argentina ya se realiza una técnica quirúrgica que reduce las limitaciones asociadas al uso de prótesis convencionales y facilita la marcha y la funcionalidad.

“Muchas personas amputadas tienen dificultades para caminar con su prótesis convencional, en gran parte porque no toleran el cono o encaje: produce irritación del muñón, lesiones cutáneas, sudoración excesiva y dolor al apoyar. La osteointegración elimina el cono y permite retomar la marcha sin esos inconvenientes”, explica el doctor Erik Pebe Pueyrredón, especialista en Ortopedia Oncológica y jefe del servicio de Ortopedia y Traumatología del Instituto Alexander Fleming.

“El procedimiento ancla un implante de titanio al hueso residual y lo conecta a la prótesis mediante un conector que atraviesa una pequeña abertura en la piel”, detalla el especialista, uno de los pioneros en Argentina. En abril de 2024 realizó la primera osteointegración bilateral transfemoral en el país y en Latinoamérica, y hasta la fecha lideró 13 de las 17 intervenciones de este tipo realizadas en Argentina.

La prótesis se inserta en el fémur o la tibia, según si la amputación fue por encima o por debajo de la rodilla, y la prótesis externa se acopla al implante mediante elementos de fijación externos. La primera cirugía de este tipo se llevó a cabo en Suecia en 1990 y la técnica se fue difundiendo y perfeccionando con el tiempo.

En el mundo se han realizado entre 2.500 y 3.000 cirugías de osteointegración, con amplia experiencia en Australia tras tres décadas de práctica. También se implementó en países como Holanda (desde 2009), Estados Unidos (2015), Alemania (2016), Inglaterra (2017), Canadá (2018), Chile (2018-2022) y Brasil (2022).

“Los resultados son en general buenos y prometedores: los pacientes mejoran sus puntuaciones funcionales a medida que avanzan en la rehabilitación postoperatoria”, resalta el doctor Pebe Pueyrredón, miembro titular de la Asociación Argentina de Ortopedia Oncológica y de la Sociedad Latinoamericana de Tumores Musculoesqueléticos.

Para quiénes se recomienda y qué ventajas tiene

Con los avances técnicos y en materiales, la cirugía se realiza en Argentina de forma segura, pero requiere una evaluación cuidadosa. Se considera para pacientes entre 18 y 70 años con amputaciones por traumatismo o tumores, y en casos con muñones cortos, difíciles de adaptar o con fluctuaciones frecuentes de volumen que impiden un encaje estable.

También se indica cuando existen irritaciones cutáneas por roce, sudoración y erupciones por calor, inflamaciones, sangrados o puntos de presión que generan lesiones profundas, infecciones recurrentes por el encaje, dolor al apoyar o incomodidad al sentarse. Dentro de las ventajas de la osteointegración, las más destacadas son:

La prótesis se coloca y retira con facilidad, sin necesidad de reajustes constantes durante las actividades diarias. El hueso del muñón se fortalece y puede engrosarse por la carga, reduciendo la osteoporosis por desuso. Permite sentarse con comodidad y facilita actividades como andar en bicicleta. Mantiene la movilidad articular completa, sin las limitaciones impuestas por el cono o encaje. Ofrece mayor seguridad por la fijación directa al hueso y reduce el esfuerzo necesario para caminar. Evita la sudoración intensa en verano asociada al encaje tradicional. Permite percibir el suelo: las vibraciones del apoyo se transmiten por el implante al hueso, fenómeno conocido como osteopercepción o “sentir con el hueso”.

“Se requiere un gran compromiso del paciente, porque la higiene del muñón y del estoma es crucial para prevenir infecciones en el canal por donde se exterioriza la endoprótesis”, advierte el doctor Pebe Pueyrredón. No está recomendado en embarazadas, en pacientes con diabetes o enfermedad vascular periférica severa, ni con infecciones óseas o de partes blandas activas, y se evalúa con cautela en personas con trastornos psiquiátricos o que estén recibiendo quimioterapia que disminuya sus defensas.

La recuperación y la sensación de pisada

La osteointegración ofrece una alternativa para quienes no toleran el encaje convencional y, en muchos casos, evita que los pacientes abandonen el uso de la prótesis y deban recurrir a muletas o silla de ruedas. En muñones muy cortos, la opción quirúrgica puede combinarse con otras estrategias protésicas según las condiciones de tejidos blandos.

La cirugía suele durar entre tres y cuatro horas. La recuperación comienza alrededor de las tres semanas con carga parcial progresiva, alcanzando carga completa entre seis y ocho semanas. Tras aproximadamente dos meses, muchos pacientes pueden desenvolverse de forma independiente.

“Una ventaja importante es la osteopercepción: sentir la pisada transmitida desde el suelo hasta el hueso osteointegrado, lo que facilita la marcha y estimula la remodelación ósea”, explica el doctor Pebe Pueyrredón. Además, la técnica mejora la movilidad, el rango articular y la estabilidad respecto de las prótesis con encaje.

Cada fase del proceso requiere un abordaje multidisciplinario. La licenciada Damiana Pacho, responsable de la rehabilitación, subraya que la rehabilitación es clave para lograr osteopercepción y funcionalidad. El técnico en órtesis y prótesis, en este equipo Marianela Martínez, evalúa el implante externo, selecciona y ajusta componentes y realiza la alineación necesaria para asegurar una transmisión de cargas adecuada y una marcha estable.

“Puedo hacer todo más cómoda”

En mayo de 2022, Morena Villalba sufrió la amputación de una pierna por una fibromatosis recurrente en el pie izquierdo. Durante años usó una prótesis convencional que le provocaba ampollas, quemaduras e incomodidad. En abril de 2025 se sometió a una osteointegración y optó por la intervención para mejorar su calidad de vida.

“La recuperación fue menos dolorosa que la primera amputación. Las primeras tres semanas pasaron rápido. Empecé a caminar con bastones canadienses a los 40 días y a los tres meses ya podía correr, saltar y moverme con total independencia”, relata Morena, que valora especialmente la facilidad para colocarse la prótesis. “Ya no tengo molestias ni la preocupación de que el cono deje de ajustarme por cambios de peso; tampoco gasto tanto en liners y rodilleras que se rompían”, añade.

Recuperar la sensación de pisada cambió su día a día. “Camino mejor porque siento lo que piso: el vástago dentro de la tibia transmite estímulos a los nervios. Puedo conducir un auto con caja y embrague porque ahora puedo flexionar más la rodilla. Realizo todas las actividades que hacía antes, pero con más comodidad y sin sudoración ni heridas por el cono”, explica.

Como en el caso de Morena, la rehabilitación y el seguimiento cercano son fundamentales. “Les pedimos a los pacientes que cuiden el estoma del muñón osteointegrado como un implante dental: higiene diaria y control médico, sobre todo en los primeros meses”, indica el doctor Pebe Pueyrredón.

“La cirugía por sí sola no alcanza sin una buena rehabilitación, un correcto montaje y alineación de los componentes externos y un seguimiento multidisciplinario. Es una intervención destinada a recuperar la calidad de vida, y su éxito depende del trabajo conjunto y sostenido de todo el equipo”, concluye el especialista.

*El Instituto Alexander Fleming se especializa en la prevención, diagnóstico, tratamiento y seguimiento de enfermedades oncológicas e innovación médica.

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