Eric Topol, fundador del Scripps Research Translational Institute y una voz destacada en la medicina moderna, afirmó con claridad: “Lo más importante que hemos aprendido es que el sistema inmunológico es el gran impulsor del envejecimiento saludable”.
Esta idea, desarrollada en una serie de entrevistas para Wired y en su último libro, orienta una perspectiva renovada sobre la longevidad: no se trata solo de vivir más años, sino de vivirlos con buena salud. ¿Qué distingue a los “súper agers”, las personas que alcanzan edades avanzadas manteniendo actividad y vitalidad?
Más allá de la genética: la salud se juega en el día a día
El volumen “Super Agers: Un enfoque basado en la evidencia para la longevidad”, que sintetiza cerca de 2.000 estudios, cuestiona la importancia predominante atribuida al ADN.
Topol relata que, al secuenciar completamente a 1.400 adultos longevos sin enfermedades graves relacionadas con la edad, encontraron diferencias genéticas mínimas frente a personas promedio de 65 años con patologías. En su opinión, la genética influye de forma limitada: “El sistema inmune y los hábitos tienen mucho más peso”.
Así, el foco se desplaza hacia los comportamientos cotidianos. Según Topol, la “duración de la salud” —es decir, los años vividos con buena calidad— está poco determinada por la herencia genética. La verdadera oportunidad para reducir el impacto del envejecimiento reside en fortalecer el sistema inmunológico mediante cambios accesibles en el estilo de vida.
El sistema inmune, la clave que todos podemos cuidar
Los hallazgos resaltan factores prácticos y manejables que influyen en la inmunidad. El estilo de vida moldea la respuesta inmune y, por tanto, la resistencia frente a enfermedades crónicas. Entre las medidas más relevantes se cuentan:
Dieta antiinflamatoria: Priorizar alimentos frescos y variados y limitar los ultraprocesados (clase Nova 4).
Ejercicio regular: Combinar entrenamiento aeróbico, de fuerza y ejercicios de equilibrio; el ejercicio es uno de los pilares principales.
Sueño de calidad: La profundidad y la recuperación durante el sueño son clave para eliminar sustancias que inflaman el cerebro.
Conexión social y contacto con la naturaleza: Factores psicosociales y ambientales que mejoran la salud global.
Evitar ambientes nocivos: La contaminación del aire, micro y nanoplásticos y químicos persistentes aceleran el envejecimiento y la inflamación crónica.
Topol subraya que nuestros hábitos pueden fortalecer o debilitar el sistema inmunológico. Además, las exposiciones ambientales invisibles —como aire contaminado o compuestos tóxicos— contribuyen a un envejecimiento más rápido y proinflamatorio.
Microbioma, cerebro y ultraprocesados: el eje de la inflamación
Un avance clave en la ciencia del envejecimiento es la comprensión de la comunicación entre el intestino y el cerebro y su impacto sistémico.
Topol explica que el “cerebro intestinal” y el sistema inmunológico intestinal se influyen mutuamente: dietas ricas en ultraprocesados envían señales que promueven inflamación, afectando tanto al intestino como al cerebro y al sistema inmune en general.
Un microbioma diverso y equilibrado reduce las respuestas inflamatorias frente a los alimentos. Además, los nuevos fármacos GLP-1, que actúan en el eje intestino-cerebro-inmunidad, están cambiando la forma de abordar la inflamación y enfermedades relacionadas con la edad.
Topol advierte sobre los efectos negativos de los ultraprocesados: aumentan el riesgo de diabetes tipo 2, demencia, Alzheimer, enfermedades cardíacas y muchos cánceres comunes. Frente a un entorno alimentario dañino, la respuesta no puede quedar solo en la decisión individual; se requiere intervención de políticas públicas.
Prevenir, no solo curar: un cambio de rumbo urgente
Para Topol, la longevidad saludable exige una agenda colectiva. Calcula que el estadounidense promedio pierde cerca de 15 años de vida plena a causa de enfermedades relacionadas con la edad. La meta debe ser acercar los años de vida saludable a la esperanza de vida total, mediante prevención y tecnologías emergentes.
No obstante, advierte que los avances podrían frenarse por políticas que no consideran el impacto de entornos tóxicos sobre la salud.
El salto biotecnológico: relojes de órganos y datos predictivos
La biomedicina dispone hoy de herramientas que antes eran impensables: “relojes de órgano” y biomarcadores avanzados (por ejemplo, p‐tau217 para Alzheimer) permiten detectar envejecimiento específico en distintos órganos antes de aparecer los síntomas.
Estos indicadores ayudan a identificar desequilibrios concretos en una persona: es posible determinar si algún órgano envejece más rápido y, en el futuro cercano, medir el envejecimiento del sistema inmunológico para personalizar la prevención.
La capacidad de cuantificar con precisión el envejecimiento abre nuevas estrategias preventivas que podrían transformar la forma de abordar el deterioro asociado a la edad.
GLP-1 y nuevas terapias: mucho más que control de peso
Los fármacos GLP-1 han cambiado el manejo de la obesidad, pero su impacto va más allá del control del peso. Según Topol, estos medicamentos reducen la inflamación sistémica y mejoran la señalización entre intestino, cerebro e inmunidad; “dos tercios de los beneficios para el corazón no se deben a la pérdida de peso”.
Su uso podría ayudar a prevenir enfermedades neurodegenerativas, hepáticas y renales, además de influir en adicciones y migrañas. Topol coordina un importante ensayo para prevenir el Alzheimer en personas de alto riesgo (mayores de 50 años con alelo APOE4), combinando estos fármacos con intervenciones de estilo de vida tempranas.
Sin embargo, advierte sobre el costo y el riesgo de depender indefinidamente de estos tratamientos: lo ideal es que los cambios de hábitos iniciados con el fármaco mantengan los beneficios a largo plazo. Por eso son fundamentales el apoyo institucional y los programas estructurados.
Inteligencia artificial: el futuro de la prevención
Topol considera central la integración de la inteligencia artificial en la medicina: la IA aporta capacidad de visión e interpretación superiores, detectando riesgos de enfermedades cardíacas, neurodegenerativas o cáncer años antes de los síntomas, a partir de análisis de pruebas e imágenes.
Procesar grandes volúmenes de datos individuales permite crear modelos predictivos dinámicos que superan las posibilidades del enfoque clínico tradicional. Aplicaciones como el diagnóstico temprano de cáncer de páncreas mediante la combinación de registros electrónicos y análisis de laboratorio ya se aplican en algunos sistemas sanitarios.
“Estamos cerca de transformar nuestra aceptación de las enfermedades relacionadas con la edad; la IA tendrá un impacto sin precedentes en la atención sanitaria”, concluye Topol.
La investigación sobre los “súper agers” cuestiona la aceptación pasiva del envejecimiento. Fortalecer el sistema inmune, mejorar hábitos cotidianos y aprovechar tecnologías emergentes son estrategias complementarias para envejecer con calidad. Con los avances actuales, vivir muchos años con plenitud puede dejar de ser una excepción y convertirse en una posibilidad accesible para más personas.


