La edición 2026 del Argentina Open se desarrollará en un contexto distinto al de años anteriores: la Asociación de Tenistas Profesionales (ATP) avanza hacia un modelo más orientado al negocio, con torneos de mayor envergadura, mayores ingresos y una estructura que, en ese proceso, tiende a privilegiar determinados eventos en detrimento del resto del calendario.
A pesar de no integrar el grupo de los certámenes más grandes, el torneo de Buenos Aires y la Gira Sudamericana siguen siendo un espacio importante para muchos jugadores de la región, una oportunidad para que los aficionados vean de cerca a figuras del circuito y una fuente relevante de recursos para el desarrollo del tenis en Sudamérica.
Esa realidad se complica por decisiones recientes de la ATP. Andrea Gaudenzi, CEO de la entidad, expresó que existe un exceso de torneos ATP 250 y, en la práctica, se impulsaron medidas como la creación de un décimo Masters 1000 con fuerte respaldo económico de Medio Oriente, la fusión de certámenes para potenciar la categoría ATP 500 —a la cual Argentina no accedió— y una reducción relativa de eventos sobre polvo de ladrillo.
Lo que a comienzos del siglo fue una Gira Sudamericana de cuatro torneos (2000), luego llamada Gira de Oro (2005), hoy se limita a tres certámenes y, además, uno de ellos queda superpuesto con la Copa Davis.
“El sorteo de la Copa Davis fue muy malo para todos nosotros”, reconoció Martín Jaite, director del IEB+ Argentina Open. “Tampoco le vino bien a Brasil. Hablo permanentemente con Luiz Carvalho (director del Río Open y vicepresidente de IMG) y a ellos también les costaba atraer jugadores por la fecha en la que cae la Copa Davis”.
Ese calendario ayuda a entender por qué son, en muchos casos, tenistas italianos o españoles quienes aceptan viajar a Sudamérica: ambos países tienen ventajas en la Ensaladera de Plata que les evitan disputar los Qualifiers a comienzos de temporada. Italia, como último campeón, accede directamente a las Finales de noviembre, y España, finalista en 2025, no presenta equipo hasta septiembre.
Desde el lado de los jugadores, Francisco Cerúndolo subrayó la importancia de mantener la gira sudamericana sobre polvo de ladrillo en febrero. “Es importante mantener las semanas de febrero. Si no fuera así, prácticamente sólo habría torneos de canchas lentas hasta Roland Garros, porque dejaron apenas dos semanas después del césped. Los jugadores no tenemos injerencia en esas decisiones y hay que adaptarse a jugar más en otras superficies. No hay que equivocarse: ahí están los torneos más importantes”, explicó.
Las cifras confirman esa tendencia: de los nueve Masters 1000 actuales, solo tres se juegan sobre polvo de ladrillo; los otros seis son sobre canchas duras. Entre los cuatro Grand Slams, Roland Garros es el único en superficie lenta. En la categoría ATP 500, ocho de catorce torneos se disputan sobre cemento (dos sobre césped), y esa predominancia del cemento se acentúa aún más en los ATP 250, con una mayoría notable de eventos en superficie dura.
Como estrategia de supervivencia, Jaite señaló que mantener el polvo de ladrillo constituye un diferencial para el torneo porteño. “Si cambiáramos a cemento, como me lo sugirieron muchas veces, competiríamos directamente con los árabes. Y no tenemos un presupuesto similar para atraer jugadores”, afirmó, en referencia a las mayores bolsas y garantías que ofrecen algunos certámenes en Medio Oriente.
“Tampoco podríamos competir con los europeos —agregó—, porque concentran la mayor cantidad de buenos jugadores y varios torneos grandes en pocas semanas. Mantener el polvo de ladrillo nos permite ofrecerles a quienes se sienten cómodos en esta superficie una alternativa en Sudamérica”.
El Argentina Open 2026 será además el primer torneo sobre canchas lentas del calendario y quedará inmediatamente junto al fin de semana de la Copa Davis, una circunstancia que complica la atracción de jugadores.
Hay dos razones principales. En primer lugar, la eliminación del torneo de Córdoba, que no fue reemplazado, dejó un hueco en el calendario. Ese espacio fue cubierto este año por el Challenger de Rosario, pero una nueva modificación del calendario adelantó una semana a los torneos sudamericanos, provocando la superposición de la Davis con el certamen rosarino y eliminando el colchón entre Buenos Aires y los Qualifiers.
En segundo lugar, la proximidad con la primera serie de la Ensaladera de Plata convierte a Argentina en un destino complicado para muchos jugadores: la mayoría de las series de febrero se disputan en estadios cubiertos, en invierno y sobre canchas duras, lo que supone viajes largos, cambio de superficie y de huso horario, y la necesidad de adaptación rápida.
Pese a ese panorama, el torneo logró desprenderse en parte de la dependencia exclusiva de las figuras y consolidarse como un evento atractivo también para los patrocinadores. Santiago Gluzsznaider Baker, director de Marketing del sponsor titular, sostuvo que “lo más importante es el tenis; si no, el torneo no se sostendría en el tiempo. Las figuras son importantes, pero me encanta ese mix con referentes argentinos. Es uno de los condimentos que nos llevó a acompañar al torneo por tres temporadas. Como dicen los jugadores, ‘espero que los fans estén preparados’”.
Durante años circuló en el hemisferio norte una visión que minimizaba la relevancia de Sudamérica en la “industria del tenis”, una postura que llegó a ser criticada por referentes como Guillermo Vilas. No obstante, la continuidad de un sponsor principal, la alta demanda de empresas interesadas y la fuerte convocatoria sostenida a lo largo de 26 años del ATP 250 porteño contradicen ese prejuicio.
En ese marco, el equipo de Jaite y la empresa organizadora Tennium conformaron un cuadro atractivo para el público: jugadores del Top Ten como Lorenzo Musetti, Matteo Berrettini —cuyo debut en Buenos Aires se pospuso por lesiones—, la presencia del brasileño João Fonseca, que regresará a defender el título que significó su primer trofeo ATP, y el espectáculo adicional de Gaël Monfils en su gira de despedida.
Con siete jugadores dentro del Top 100 y un torneo consolidado tras casi tres décadas de continuidad, Argentina mantiene su lugar en el calendario y defiende la tradición del polvo de ladrillo, una superficie que aún busca conservar y ganar más semanas en el circuito profesional.


