En Indiana, Bruce y Beckie Maier celebraron su 50.o aniversario de bodas con una ceremonia que, aunque emotiva, fue también la primera vez que su matrimonio quedó formalmente registrado: medio siglo después descubrieron que su unión no había sido reconocida legalmente por un error administrativo.
En abril de 1975 llevaron a cabo una boda religiosa tradicional ante unos 250 invitados en Wabash; el acto fue oficiado por un pastor y la pareja firmó una licencia de matrimonio en ese momento.
Tras la celebración comenzaron su vida en común convencidos de estar legalmente casados. Un año después, al comunicarse con la oficina del secretario del condado, Bruce se enteró de que la documentación nunca se había presentado, por lo que su unión no figuraba en los registros oficiales.
La causa fue que el pastor encargado de la ceremonia no entregó la licencia al condado. Con el paso del tiempo resultó difícil localizar a las personas involucradas: el pastor vivía a varias horas y los testigos —la dama de honor y el padrino— residían en distintos puntos del estado.
El secretario del condado les indicó que la solución requería reunir a los invitados originales y acudir a la corte, un trámite complicado que la pareja decidió no emprender en ese momento debido a las dificultades logísticas.
Durante años, Bruce y Beckie consideraron que su compromiso frente a la familia y la comunidad era suficiente, por lo que no sintieron urgencia por corregir el error administrativo.
Con el tiempo, la pérdida de familiares y asuntos relacionados con sucesiones y trámites legales les hizo ver la importancia de tener la documentación en regla. Beckie explicó que, en situaciones familiares difíciles, disponer de la licencia facilita los procesos.
A medida que se acercaba su quincuagésimo aniversario, la pareja decidió regularizar su situación. Sus tres hijos se comprometieron a ayudar y organizaron una nueva ceremonia que combinara formalidad y celebración familiar.
La ceremonia se celebró exactamente 50 años después de su primera boda, el 26 de abril de 2025.
En esta ocasión la familia participó activamente: su hijo mayor, Nate, se acreditó como oficiante y se encargó de gestionar la documentación necesaria para que el matrimonio quedara legalmente registrado. Durante la ceremonia contó la historia de la licencia no presentada.
Bruce indicó que el evento transcurrió con alegría y entusiasmo tanto para la familia como para los invitados.
Además de formalizar el matrimonio, la segunda ceremonia tuvo un carácter personal: ambos redactaron votos propios que reflejaron el significado acumulado de cinco décadas de vida compartida.
Para Beckie, escribir y pronunciar esos votos fue una experiencia profunda y transformadora; dijo que fue un momento muy emotivo y uno de los mejores días de su vida.
Con la oficialización legal completada, los Maier afirmaron que no cambiarían lo vivido hasta entonces: lo ocurrido, lejos de ser solo un descuido administrativo, terminó siendo una historia de perseverancia, afecto y apoyo familiar.
La pareja concluye que su relación se sostuvo por el compromiso personal durante cincuenta años, aunque reconocen la tranquilidad que aporta tener los documentos en orden; la boda legal a los 50 años se convirtió en una celebración de su trayectoria y en un gesto de cariño hacia las nuevas generaciones.


