Conocido como Bocha durante el resto del año, cada Navidad se pone el traje rojo y asume el papel de Papá Noel. Antes de salir, comparte un brindis y pan dulce con su familia; luego recorre el barrio para saludar y entregar golosinas. No necesita trineos ni bajar por chimeneas: los destinatarios se acercan a su paso y viven un momento especial.
La tradición la inició su padre y hoy él la mantiene con plena convicción. Su viejo falleció hace cinco años, y desde entonces Bocha se hizo cargo de la posta. La organización empieza con antelación: arma el recorrido y coordina la logística. En los últimos años piden colaboraciones a sus contactos para reunir más caramelos y otros dulces destinados a los chicos. Cuando le sobra material, lo lleva al Hospital Evita, en Lanús Oeste, y lo entrega a los niños internados. Resalta que la ayuda de los vecinos es fundamental: gracias a esa colaboración pueden sostener la iniciativa.
La participación de la familia es también relevante. Su madre se encarga de diseñar el traje y suele añadir algún aditamento que lo completa. Recordó con nostalgia los orígenes de la costumbre: todo empezó cuando alquilaron un traje y su padre se lo puso para alegrar a la familia, que se reunía numerosa en la casa de la madre, ubicada frente al hospital. Los vecinos llegaban con sus hijos y así empezaron a hacer un pequeño recorrido que, con el tiempo, fue creciendo hasta convertirse en la tradición actual.
Bocha subraya el valor afectivo de la actividad: la intención primera y permanente es provocar alegría en los chicos. Ver a los niños felices, ilusionados ante la figura de Papá Noel, es la recompensa. Confiesa que al terminar está exhausto por tanto caminar y por el calor, pero satisfecho por continuar algo que comenzó su padre y que permite mantener viva la ilusión navideña en el barrio.
En resumen, se trata de una tradición local sostenida por la familia y los vecinos, que combina celebración íntima y entrega comunitaria. La acción incluye recolección de golosinas, visitas a los hogares del barrio y donaciones a un hospital cercano cuando hay excedentes. Todo ello contribuye a que las fiestas sean un momento de encuentro y alegría para los niños y sus familias.


