15 de enero de 2026
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Mafias chinas de cibercrimen en Latinoamérica: torturas, muertes y reclutamiento fraudulento

Organizaciones internacionales y la ONU denuncian que grupos criminales asentados en espacios de tipo carcelario del Sudeste Asiático —principalmente en Camboya y Birmania— operan estafas digitales multimillonarias y cada vez reclutan más personas nativas de España y Latinoamérica para localizar víctimas en sus países de origen.

Estos delitos se originaron vinculados a la industria de los casinos en la región y, tras la pandemia de covid-19, se desplazaron al entorno digital. En esos centros de fraude, trabajadores sometidos en ocasiones a condiciones de semiesclavitud ejecutan estafas por órdenes de mafias, muchas de ellas de origen chino, según expertos e informes de Naciones Unidas.

Investigaciones de organizaciones no gubernamentales y de la ONU documentan torturas y varios fallecimientos entre quienes no cumplen objetivos. La ONU estima la existencia de al menos 100.000 personas en estos centros en Camboya y 120.000 en Birmania.

Inicialmente dirigidas sobre todo a víctimas chinas y de otros países asiáticos, las redes han ampliado su alcance a otras regiones, lo que exige incorporar personal que hable los idiomas y conozca las culturas locales.

El caso de Gabriel de Oliveira, un brasileño de 24 años que viajó a Tailandia en abril para trabajar supuestamente como informático y murió en Camboya en julio en circunstancias no esclarecidas, ejemplifica este patrón de captación y trasvío de personas.

La familia sospecha que Gabriel fue engañado con una oferta creada a partir de una foto suya —una táctica habitual de estas redes— y relata que, tras ser transferido a Camboya, dejaron de tener noticias suyas hasta recibir la notificación de su fallecimiento. No hubo autopsia y el cuerpo no ha sido repatriado.

Sus familiares creen que existen indicios de trata de personas y su caso se suma a ayudas recientes en Camboya en las que decenas de ciudadanos de Colombia y Brasil denunciaran haber estado retenidos en centros de estafa.

La Oficina de la ONU contra las Drogas y el Delito (ONUDD) confirma la expansión de estos mercados a Latinoamérica, España y otras partes de Europa, y explica que las mafias reclutan hispanohablantes porque resulta más eficaz que contar solo con traducciones automáticas.

Trata de personas

El método utilizado en el caso de Gabriel se ha repetido en otros países latinoamericanos: ofertas laborales fraudulentas que acaban con personas trasladadas a Camboya y sometidas a incomunicación, maltrato y amenazas, hasta que algunas logran alertar a sus autoridades, según Migración Colombia.

Una veintena de colombianos relataron que fueron reclutados bajo la promesa de trabajar en atención al cliente para vender criptomonedas y que, al llegar, comprendieron que su cometido era estafar. Varios denunciaron amenazas sobre su integridad si no cumplían o trataban de regresar.

Migración Colombia informa de 127 rescates desde julio, con víctimas de nacionalidades variadas: el 49 % venezolanas, el 45 % colombianas y el 6 % restantes de otros países.

Un español identificado como David, con antecedentes policiales, narró a EFE desde Nom Pen que aceptó colaborar con estafadores por dinero tras contactar con un reclutador. Durante cinco meses asesoró sobre giros de lenguaje y culturalidad para que fraudes dirigidos a población hispanohablante sonaran naturales.

David dice que no hablaba con las víctimas y que su labor se limitaba a revisar y modificar textos, incluso inventando localizaciones para dar verosimilitud a las tramas. Aunque salió voluntariamente, describe vigilancia extrema en los centros y testimonios de malos tratos a otros recluidos.

Los estafados

Las víctimas suelen estar a miles de kilómetros. Los métodos descritos por excolaboradores incluyen el uso de inteligencia artificial y técnicas muy sofisticadas, coincidentes con los hallazgos de asociaciones de apoyo a damnificados.

Jéssica González, fundadora de la asociación VICTIFIN, alerta de más de un centenar de aplicaciones detectadas desde febrero que operan de manera similar y que atribuye a redes vinculadas a ciudadanos chinos.

Las cantidades defraudadas pueden ser elevadas: VICTIFIN ha tenido constancia de estafas que alcanzan decenas de millones de euros.

Las mafias atraen a las víctimas con supuestos expertos que prometen inversiones ventajosas a través de aplicaciones que imitan bancos o plataformas bursátiles, y a veces emplean técnicas de seducción para facilitar el fraude.

La Comisión Nacional del Mercado de Valores (CNMV) de España ha alertado de varias aplicaciones fraudulentas implicadas en estas operaciones. Las asociaciones de apoyo recomiendan a las víctimas recopilar toda la información posible —transferencias, números telefónicos, páginas o apps— y presentar denuncia para facilitar investigaciones.

Los centros

Camboya es considerado un epicentro de estas ciberestafas: Cyber Scam Monitor ha identificado más de 270 ubicaciones potenciales a partir de informes policiales, noticias y análisis satelital.

Esos centros, camuflados en torres de oficinas, hoteles o apartamentos, tienden a mudarse entre capitales y zonas remotas o fronterizas cuando sienten vigilancia.

Visitas de prensa a instalaciones desalojadas han mostrado evidencias de una salida precipitada, con material y papeles abandonados, y varias fuentes describen salas repletas de equipos, perfiles de víctimas y rutinas organizadas.

La representante de la ONUDD en la región compara la experiencia de entrar en esos centros con “una película de terror”, por su escala y estandarización; víctimas y expertos señalan uniformidad en diseño y funcionamiento entre instalaciones de distintos países.

Comparable al narcotráfico

Investigadores como Jacob Sims estiman que alrededor del 85 % de las mafias detrás de estas redes son de origen chino y advierten de la enorme rentabilidad del negocio. Cifras conservadoras sitúan sus ingresos entre 50.000 y 70.000 millones de dólares al año, lo que lo convertiría en uno de los motores económicos más relevantes de la cuenca del Mekong.

Analistas señalan que, a escala mundial, solo el tráfico de drogas tiene una capacidad de generación de ingresos comparable a estas redes de fraude digital.

Entre los actores vinculados a estas estructuras, las autoridades estadounidenses han señalado a Chen Zhi, propietario del conglomerado Prince Group con sede en Camboya, como presunto responsable de un vasto imperio de ciberfraude.

En Camboya la presencia de empresas relacionadas con esas redes es visible en el espacio urbano, según testimonios, y las consecuencias para las víctimas son dramáticas: pérdidas económicas graves y daños personales que muchos lamentan.

(Con información de EFE)

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