El 21 de diciembre se conmemora el Día Mundial de la Meditación, una jornada que, según Naciones Unidas, busca visibilizar los beneficios de la meditación. Entre sus aportes, la práctica de mindfulness puede incorporarse a estrategias para disminuir el riesgo de recaídas en la depresión.
La Terapia Basada en Mindfulness para la Depresión (MBCT, por sus siglas en inglés) combina prácticas de atención plena con técnicas de terapia cognitivo-conductual para acompañar a personas que han tenido uno o más episodios depresivos.
El objetivo principal de MBCT es enseñar a identificar pensamientos y emociones difíciles sin quedar atrapado en ellos, con el fin de reducir la probabilidad de nuevas recaídas. Para ello se emplean ejercicios de respiración, movimiento consciente y herramientas destinadas a interrumpir la rumiación, es decir, el pensamiento repetitivo que suele aumentar la tristeza y la ansiedad.
Un equipo de investigadores de Estados Unidos, Canadá y Reino Unido evaluó una versión ampliada de MBCT y halló que participar en grupos virtuales de meditación contribuye a mejorar el bienestar de personas con antecedentes de depresión.
Según el estudio publicado en la revista Global Advances in Integrative Medicine and Health, quienes completaron el programa en formato de grupo virtual reportaron mejoras en la salud mental y una mayor sensación de apoyo social.
Los participantes indicaron que lograron reconectar con recursos útiles, sentirse más presentes y desarrollar vínculos con otros integrantes del grupo.
La investigación fue liderada por Chelsea Siwik, con colaboración del Centro Osher de Salud Integrativa de la Universidad de California en San Francisco, la Clínica Cleveland, el Departamento de Psiquiatría de la Universidad de Oxford y la Universidad de Toronto.
La depresión y las recaídas
La depresión afecta a unos 280 millones de personas en el mundo y presenta tasas elevadas de recurrencia: más de la mitad de quienes tuvieron un episodio vuelven a experimentarlo en años posteriores.
Aunque existen tratamientos eficaces, como la MBCT, muchas personas buscan apoyo continuado después de completar el programa estándar para no perder los beneficios obtenidos.
El curso tradicional de MBCT dura ocho semanas y se focaliza en enseñar habilidades para identificar y gestionar la rumiación.
Al término del curso, algunas personas encuentran difícil sostener la práctica sin la guía periódica de instructores y sin la compañía de otros participantes.
Para responder a esa necesidad, los investigadores diseñaron una versión extendida con sesiones grupales adicionales que ofrecieran un espacio seguro para profundizar y consolidar las herramientas aprendidas.
El estudio buscó evaluar si ese formato prolongado sería bien aceptado por los asistentes y cómo influiría en su capacidad para mantenerse en contacto con el grupo y manejar síntomas y malestar emocional.
MBCT extendido: qué resultados obtuvo
Se reclutaron adultos que ya habían completado un curso MBCT y se organizaron dos cohortes del nuevo programa: la primera con 14 personas y la segunda con 20, distribuidas entre un grupo experimental y un grupo de control en lista de espera.
El formato incluyó cuatro sesiones virtuales semanales en grupo y reuniones mensuales de seguimiento.
En las sesiones se practicó atención plena, movimiento consciente y ejercicios de indagación para fomentar la integración de lo aprendido en la vida cotidiana.
El componente grupal favoreció el sentido de pertenencia y motivó una práctica más sostenida.
El 76% de los asistentes participó en al menos tres de las reuniones mensuales, lo que refleja un alto nivel de compromiso.
El 77% calificó las sesiones semanales como “muy o extremadamente útiles” y alrededor de dos tercios opinó lo mismo sobre las reuniones mensuales.
Entre los beneficios reportados figuraron una menor afectación por la depresión y la ansiedad, y un aumento en las herramientas para afrontarlas.
Un participante comentó: “La diversidad de enseñanzas me ha dado un montón de herramientas para apoyarme en diferentes situaciones donde puedo tener ansiedad o depresión”.
Varios asistentes destacaron el valor de la comunidad. Uno afirmó: “El aspecto de la comunidad fue invaluable” y otro indicó que dejó de sentirse “un fracaso por no sentirme mejor”.
Esta conexión contribuyó a reducir el aislamiento y a facilitar la gestión de los altibajos emocionales. A los cuatro meses, casi la mitad mantenía algún nivel de práctica meditativa.
El seguimiento mostró una tendencia a la disminución de pensamientos negativos persistentes y una mejora en la autocompasión. Algunos participantes reconocieron mayor paciencia ante las fluctuaciones emocionales y una mayor capacidad para detectar señales tempranas de recaída.
También emergió el desafío de sostener la práctica fuera del apoyo periódico del grupo; un asistente señaló: “Aunque no he mantenido la práctica tan bien, la mantuve más de lo que lo habría hecho sin el curso”.
Como recomendaciones, expertos y participantes sugirieron ampliar la cantidad de encuentros y añadir recursos digitales —recordatorios o materiales accesibles— para facilitar la continuidad de la práctica.
Subrayaron además la importancia de combinar el enfoque en el bienestar con estrategias prácticas dirigidas a la depresión y la ansiedad.
Entre las limitaciones del estudio, el equipo destacó el reducido tamaño de la muestra y la dependencia de autoinformes, lo que aconseja interpretar los resultados con cautela.
En conjunto, la versión extendida de MBCT resultó aceptada y útil como apoyo grupal, aunque persiste la necesidad de desarrollar formas efectivas de mantener la práctica individual fuera del grupo.
En diálogo con Infobae, Eduardo Keegan, profesor titular de psicoterapia y director de la Especialización en Terapia Cognitivo-conductual de la Facultad de Psicología de la Universidad de Buenos Aires, explicó que este tipo de intervención surgió como un intento de prevenir la recurrencia de la depresión.
Keegan señaló que la depresión responde bien al tratamiento, pero tiende a repetirse a lo largo de la vida, por lo que el entrenamiento en MBCT busca dotar a los pacientes de habilidades que reduzcan la probabilidad de nuevos episodios.
Comentó además que tanto el formato presencial como el virtual han mostrado resultados similares en la prevención de recurrencias, y que la modalidad virtual es ventajosa por su mayor facilidad para implementarse a escala en formato grupal.


