15 de enero de 2026
Buenos Aires, 23 C

El agente secreto impulsa el cine brasileño rumbo al Óscar

El agente secreto, una película brasileña preseleccionada para los Oscar, narra la historia de personas comunes. Sigue a un científico discreto y padre viudo que, en la década de 1970, pasa a ser perseguido por la dictadura militar brasileña no por su militancia, sino por enfrentarse a un empresario vinculado al régimen.

“Está en peligro simplemente por ser quien es, por defender los valores que defiende”, explicó el protagonista Wagner Moura en una entrevista reciente. “Así es como funciona el autoritarismo en todas partes”.

Dirigida por Kleber Mendonça Filho, El agente secreto ha recibido elogios de la crítica y se considera una de las mejores películas del año. Llega en un momento de mayor atención internacional hacia el cine brasileño: se estrenó en más salas en Estados Unidos y su llegada a los países de habla hispana de América Latina está prevista para el 26 de febrero. La película sumó reconocimientos importantes en el Festival de Cannes, donde Mendonça Filho obtuvo el premio a mejor director y Moura el de mejor actor.

A principios de mes, el thriller de dos horas y media recibió nominaciones a los Globos de Oro en las categorías de mejor drama, mejor película en lengua no inglesa y mejor actor en drama. Además, figura en la lista corta a mejor largometraje internacional para los Premios Oscar 2026.

De identidad y memoria

El agente secreto llega en un momento destacado para el cine brasileño, tras el éxito de Aún estoy aquí, que ganó este año el Oscar a mejor largometraje internacional y un Globo de Oro para la actriz principal Fernanda Torres. En Brasil hay grandes expectativas respecto a la nueva película, y Moura dijo sentirse “increíblemente feliz” por el entusiasmo del público hacia el cine y los artistas brasileños.

“Ningún país se desarrolla sin cultura, sin identidad”, afirmó Moura. “Estás viendo una película brasileña, viendo una parte de Brasil y su historia. Eso importa”. Ambientada en 1977, en el apogeo de la dictadura, la cinta arranca con un montaje en blanco y negro que reúne símbolos culturales de la época, desde films clásicos hasta telenovelas populares.

Mendonça Filho sitúa la historia en un tiempo y lugar concretos: el Carnaval en Recife, su ciudad natal en el noreste de Brasil. La ciudad actúa como eje del relato y como escenario para abordar la dificultad del país de reconciliarse con su pasado. “Hemos consumido cosas increíbles de tantos lugares —de Akira Kurosawa en Japón hasta Elvis Presley en el sur de Estados Unidos—. Yo soy brasileño, y mi película es brasileña. Si es buena, será universal”, comentó el director.

La historia en tiempo real

Viviendo en la clandestinidad bajo el alias de Marcelo, Armando pasa sus días revisando archivos en busca de pistas sobre el pasado de su madre y planeando huir del país con su hijo pequeño. Mientras él avanza en esa búsqueda silenciosa, las calles fuera estallan con la energía del Carnaval, un festejo tan asentado en la vida brasileña que incluso el jefe de policía aparece afectado por las celebraciones.

Mendonça Filho combina el suspense político con las leyendas urbanas del periodo, abordando temas que trascienden la dictadura: la corrupción, la violencia estatal y la complicidad institucional.

Una secuencia clave se desarrolla en una sala de cine, un homenaje a la cinefilia del director. Mientras el público ficticio sale conmocionado de proyecciones como Tiburón y La profecía, la nación vive bajo un miedo real y sostenido.

En la última década, el cine brasileño ha vuelto con frecuencia a la memoria de la dictadura (1964-1985). Además de El agente secreto y Aún estoy aquí, otras obras como Marighella, dirigida por Moura, han retomado ese periodo y sus conflictos.

Muchas de esas películas se produjeron o estrenaron en una década marcada por el auge de la extrema derecha en Brasil, cuyo representante más visible fue el expresidente Jair Bolsonaro, un capitán retirado del ejército que elogió a oficiales acusados de tortura y minimizó los crímenes del régimen.

Mendonça Filho forma parte de los cineastas que tratan de confrontar esa memoria nacional. “El ejército es un trauma que nunca fue examinado realmente”, dijo. “No se puede simplemente decir: ‘Sigue adelante, olvídalo’. Se forma una costra sobre ello. Lo mismo le ocurre a toda una nación”.

Cuando El agente secreto llegó a los cines brasileños el 6 de noviembre, algunos de los acontecimientos del presente también se estaban desarrollando: ese mes, Bolsonaro fue arrestado y comenzó a cumplir una condena de 27 años por intentar revertir las elecciones de 2022, y por primera vez altos oficiales militares también fueron encarcelados por su papel en ese intento de golpe.

“Hoy, soy mucho más optimista sobre Brasil como democracia”, comentó Mendonça Filho. “Por primera vez, estamos haciendo que los militares rindan cuentas —y enviando a prisión a un presidente que no hizo más que dañar al país”.

Una mujer común

Una de las historias más memorables de El agente secreto es la de Tânia Maria, de 78 años, quien interpreta a Dona Sebastiana.

Tânia, artesana y brasileña, vivió una vida ordinaria hasta que, a los 72 años, fue seleccionada como extra en Bacurau (2019) de Mendonça Filho. Desde entonces ha participado en varias películas, algunas aún no estrenadas.

El director recordó que nunca olvidó su presencia —“una postura de ave, una voz moldeada por décadas de cigarrillos y un humor punzante”— y escribió el papel de Dona Sebastiana pensando en ella. El personaje, que acoge a perseguidos políticos como Armando, destaca especialmente; cuando aparece con un vestido floreado y un cigarrillo, la escena se le entrega por completo.

Moura dijo que la autenticidad de la actriz le causó una impresión profunda. Relató su primera escena juntos, en la que Dona Sebastiana le muestra a Armando el departamento donde se muda, y señaló que si se presta atención, puede verse su genuina sorpresa ante ella.

Tânia vive en una localidad rural de unas 22.000 personas en el noreste del estado de Rio Grande do Norte, donde no hay sala de cine. Cuenta que las únicas películas que ha visto son las que ella misma protagonizó. Para ella, la verosimilitud de su actuación nace del guion de Mendonça Filho: “Filmar es maravilloso, y las películas de Kleber Mendonça parecen reflejar nuestras vidas”, dijo entre risas. “La vida de Dona Sebastiana es mi vida. Siempre me ha gustado acoger gente, y siempre me ha gustado quejarme”.

Desde el estreno en Brasil, la costurera convertida en actriz se ha vuelto una figura conocida, apareció en programas matutinos y ganó miles de seguidores. También sueña con los Oscar: espera que la película sea reconocida y, quizá, ser ella misma convocada. “Quiero ir a los Oscar”, dijo. “Y quiero hacer mi propio vestido. Será rojo, muy brillante”.

Fuente: AP

[Fotos: Reuters/Benoit Tessier, Manon Cruz, Jack Chamberlain, Sarah Meyssonnier y Adriano Machado]

Artículo anterior

Familiar revela estado de salud de Christian Petersen durante su internación

Artículo siguiente

Trump tendrá la última palabra sobre el acuerdo de paz entre Rusia y Ucrania

Continuar leyendo

Últimas noticias