15 de enero de 2026
Buenos Aires, 22 C

Bóvedas de semillas para salvar a la humanidad

Las bóvedas de semillas son fundamentales para preservar la capacidad de la humanidad de producir alimentos ante crisis como guerras, catástrofes naturales y el avance del cambio climático. En el Ártico, la Bóveda Global de Semillas de Svalbard guarda una enorme variedad agrícola: alrededor de 1,38 millones de muestras, según informó Popular Science.

El reciente uso de estas reservas para recuperar cultivos tras la guerra en Siria ilustra cómo los bancos genéticos facilitan la reconstrucción de sistemas alimentarios dañados y refuerzan la seguridad alimentaria futura.

¿Qué son las bóvedas de semillas y por qué existen?

Los bancos de semillas, o genebancos, son repositorios donde se conserva material genético vegetal —principalmente semillas— para mantener la diversidad genética de los cultivos a lo largo del tiempo.

Sus orígenes se remontan a la década de 1940 en Leningrado, donde nueve científicos perdieron la vida durante el asedio alemán al proteger una valiosa colección de semillas. Esta labor se enmarca en la visión del botánico ruso Nikolai Vavilov, que dedicó su carrera a crear un repositorio mundial para conservar especies vegetales y combatir el hambre.

Vavilov realizó 115 expediciones por 64 países y reunió unas 380.000 muestras que sirvieron de base para los genebancos actuales. Hoy existen cientos de estos repositorios en todo el mundo; “casi todos los países cuentan con su propio banco nacional de semillas”, señaló Stefan Schmitz, director ejecutivo de Crop Trust.

Diversidad genética como escudo contra el hambre

Mantener una amplia diversidad genética es clave para evitar crisis alimentarias. Un ejemplo histórico es la hambruna en Irlanda, en la que la dependencia de una única variedad de patata permitió que una enfermedad arruinara la cosecha nacional.

Instituciones como el International Center for Agricultural Research in the Dry Areas (ICARDA), con sedes en Marruecos y Líbano, conservan colecciones que incluyen desde parientes silvestres hasta variedades locales antiguas. Muchas de esas semillas han evolucionado durante milenios y muestran mecanismos de adaptación a condiciones extremas —por ejemplo calor, salinidad o sequía— que resultan valiosos para el desarrollo de cultivos resistentes.

Según Athanasios Tsivelikas, responsable del genebanco de ICARDA en Marruecos, proteger esa diversidad es “hablar de resiliencia climática y de adaptación a entornos extremos”, aspectos cada vez más relevantes frente al calentamiento global.

Red de seguridad global: el respaldo de Svalbard

Aun con los avances tecnológicos, los genebancos pueden verse afectados por cortes de energía, conflictos o desastres naturales. Por eso en 2008 se inauguró la Bóveda Global de Semillas de Svalbard, situada en el permafrost noruego cerca del Polo Norte.

El frío natural del lugar ayuda a conservar la viabilidad de las semillas incluso ante fallos eléctricos prolongados. Actualmente, Svalbard custodia 1.378.238 muestras y tiene capacidad para muchas más. Schmitz describió la instalación como “una enorme instalación de respaldo”, y subrayó que si alguna de las más de 800 colecciones del mundo desapareciera por tormentas, incendios, terremotos o conflictos, Svalbard ofrece un duplicado seguro.

Casos en Siria y Sudán con semillas para la reconstrucción

El valor práctico de este sistema quedó patente durante la guerra en Siria. Desde 2011, el genebanco de ICARDA en Siria depositó duplicados de sus semillas en Svalbard mediante el mecanismo de “caja negra”, que permite guardar material sin ceder su propiedad o uso a terceros.

En 2014, a causa de la guerra civil, el banco sirio tuvo que ser evacuado, un suceso que Schmitz calificó como “el mayor desastre conocido para un genebanco”. Tsivelikas contó a Popular Science que los equipos sirios, anticipando distintos escenarios, ya habían asegurado duplicados en Noruega.

Al abrir nuevas instalaciones en Marruecos y Líbano, las semillas fueron recuperadas desde Svalbard para restaurar la colección original. ICARDA fue el primer genebanco en usar este mecanismo de rescate; más recientemente, genebancos de Sudán han seguido el mismo modelo, depositando duplicados en la bóveda internacional para proteger la posibilidad de recuperación agrícola futura pese al conflicto.

Más allá de almacenar: investigación, acceso y cooperación

Además de su función de custodia, los bancos de semillas son recursos para la investigación agrícola, la mejora genética y la asistencia a comunidades tras emergencias. Investigadores y mejoradores de plantas pueden solicitar material a los genebancos para desarrollar cultivos más nutritivos o más resistentes a condiciones adversas.

Según Schmitz, estos bancos funcionan como redes de seguridad agrícola que ayudan a los agricultores con semillas adaptadas, útiles tras desastres o desplazamientos. El sistema de “caja negra” fomenta la cooperación entre instituciones y el resguardo mutuo, reduciendo el riesgo de pérdida irreversible de material genético valioso.

De este modo, los bancos de semillas no sólo impulsan la innovación científica en la agricultura, sino que también son determinantes para que comunidades rurales y sistemas alimentarios puedan recuperarse después de situaciones adversas.

Artículo anterior

Sujarchuk se reunió con la nueva defensora del Pueblo de Escobar

Artículo siguiente

Joven detenido en Puerto Iguazú por estafas con transferencias falsas

Continuar leyendo

Últimas noticias