Desde el viernes 2 de enero cambia la forma de actualizar las bandas de flotación del dólar, lo que implica un nuevo enfoque de la política cambiaria que podría derivar en un aumento en la cotización de la divisa.
El sistema ajusta tanto el techo como el piso del corredor en función de la inflación registrada dos meses antes.
La actualización será divergente: la banda superior seguirá un ritmo ascendente mientras que la inferior tenderá a bajar, lo que la vuelve menos relevante.
Como el ajuste se inicia el primer día hábil de cada mes, se toma la variación de precios más reciente difundida por el Indec. Por eso, a partir del viernes 2 de enero el corrimiento será de 2,5%, correspondiente a la inflación de noviembre.
Al 31 de diciembre la banda superior cerró en $1.526,09 y la inferior en $916,58. Las actualizaciones no se aplicarán de golpe el primer día, sino de forma gradual a lo largo del período para completar el porcentaje previsto.
Esto significa que el 2,5% correspondiente a enero se implementará durante todo el mes; lo mismo ocurrirá en los meses siguientes. Al 31 de enero, el tope será de $1.564.
Ajuste por inflación
Un dato clave es que en febrero las bandas se actualizarán con el IPC de diciembre, y en marzo la referencia será la inflación de enero, la primera medida por el Indec con la nueva metodología, lo que introduce cierta incertidumbre sobre ese dato.
Con este cambio, el Gobierno nacional ajustó su estrategia frente al mercado cambiario en medio de presiones del FMI y de los mercados para acelerar la acumulación de reservas.
Vincular las bandas a la inflación amplía el margen para comprar dólares en el mercado sin que la cotización alcance el techo de la banda, lo que forzaría al Banco Central a vender reservas para defenderla.
Según el equipo económico, la intención es comprar hasta el 5% del volumen diario del mercado de cambios, lo que, según las estadísticas recientes, equivale a un promedio de entre U$S 20 y U$S 30 millones por día.
También se buscarán compras “en bloque” (a empresas o provincias) para evitar que esos dólares se vuelquen inmediatamente al mercado y provoquen saltos bruscos en el precio.
La calibración de esas compras será clave para mantener el dólar controlado sin que ello impacte en la inflación.
Por ahora no se esperan cambios sustantivos en las restricciones que siguen limitando la participación de las empresas en el mercado oficial de cambios.
En su último informe, el Banco Central señaló que una flexibilización de las condiciones actuales podría ocurrir si el Tesoro recupera el acceso a los mercados de capitales.
De momento esa posibilidad está impedida porque el riesgo país se mantiene en torno a los 570 puntos, lo que dificulta cualquier colocación con legislación extranjera en los mercados globales.
El indicador de JP Morgan no puede perforar los 500 puntos, a pesar de que el Gobierno ya ultimó la ingeniería para garantizar el pago de U$S 4.200 millones el próximo viernes 9 de enero.
El resultado de este nuevo esquema cambiario será determinante para la trayectoria de 2026, año en que los vencimientos en dólares suman U$S 19.000 millones.
Además de la obligación inminente, en enero hay vencimientos por otros U$S 300 millones con organismos internacionales. Esto es relevante porque, pese a los anuncios de préstamos aprobados y girados por entidades como el BID y el Banco Mundial, el saldo neto entre ingresos y pagos al final de cada mes no siempre resulta favorable.
En julio del próximo año hay otro vencimiento importante de U$S 4.600 millones, de los cuales U$S 4.200 millones corresponden a bonistas privados; el resto son distintas obligaciones distribuidas a lo largo del año.
Este panorama podría aliviarse sustantivamente si el Gobierno recupera el acceso a los mercados para mediados de año y comienza a refinanciar parte de esos vencimientos.
También hay expectativas respecto a los ingresos de divisas del sector agropecuario, con proyecciones favorables tanto para la cosecha fina como para la gruesa, y a una mejora en la balanza energética: en 2025 se registró un superávit de U$S 7.000 millones impulsado por la evolución de Vaca Muerta.


