15 de enero de 2026
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Racha de tragedias

Venezuela atraviesa una crisis profunda que se ha prolongado por más de dos décadas.

En los años previos al ascenso de Hugo Chávez hubo un desgaste de los dos partidos tradicionales —uno socialcristiano y otro socialdemócrata— que mantuvieron un sistema político y económico que concentraba recursos en una minoría.

El liderazgo de Chávez, junto con un aumento en los precios del petróleo, le permitió consolidar un poder apoyado en la distribución de subsidios y programas sociales, sin que se lograran avances sostenibles en el desarrollo económico y social del país.

Nicolás Maduro asumió la presidencia en 2013 tras la enfermedad y muerte de Chávez, apoyado por sectores civiles y militares y con respaldo político de aliados internacionales.

Recientemente se ha abierto lo que algunos describen como un “tercer capítulo” del conflicto político venezolano, tras anuncios de autoridades estadounidenses sobre procesos legales contra Maduro y propuestas de un “interinato” a cargo de Estados Unidos hasta que se restablezca una autoridad permanente en el país.

Según esos mismos anuncios, la administración estadounidense también asumiría temporalmente la gestión de la industria petrolera con la intención declarada de destinar sus ingresos al beneficio del pueblo venezolano.

En la rueda de prensa en la que se hicieron estos anuncios, el presidente Trump calificó a la líder opositora María Corina Machado como “poco confiable” para el ejercicio del poder.

El panorama futuro es incierto y plantea riesgos que preocupan tanto a actores nacionales como a observadores internacionales.

Una parte significativa de la población venezolana y numerosos miembros de la diáspora expresaron alivio y celebración por la detención de Maduro, con manifestaciones de júbilo en comunidades venezolanas en América, Europa y otros continentes.

No obstante, existe preocupación por la diferencia entre la asistencia a un pueblo sometido a una dictadura y una intervención orientada a explotar recursos naturales; muchos sostienen que el petróleo y el gas deben preservarse y utilizarse para la reconstrucción y la reconciliación interna.

Habrá que esperar los acontecimientos y observar la reacción y participación del pueblo venezolano y de sus representantes legítimos; según algunos recuentos, el 27 de julio ciertos líderes opositores recibieron un amplio respaldo popular.

Los países de la región, que hoy muestran posiciones divididas, deberán buscar puntos de acuerdo que contribuyan a respetar y preservar la voluntad de la ciudadanía venezolana después de décadas de exclusión y conflicto.

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