Un informe reciente del German Marshall Fund of the United States (GMF) advierte que una acción militar de China contra Taiwán tendría consecuencias graves para Pekín, no solo en lo económico, sino también en su capacidad militar, la estabilidad social y su posición internacional. El análisis, liderado por Bonnie Glaser y presentado este lunes, señala que el objetivo de Xi Jinping de lograr el “rejuvenecimiento nacional” podría verse seriamente afectado si el conflicto derivara en un fracaso o en una guerra prolongada, según informó Nikkei Asia.
La investigación concluye que incluso escenarios de menor intensidad implicarían riesgos importantes. En el escenario más severo modelado por el GMF, un enfrentamiento mayor podría causar alrededor de 100.000 bajas en el Ejército Popular de Liberación (EPL), obligando a una retirada tras varios meses de combates. Taiwán sufriría un número similar de víctimas, aproximadamente la mitad civiles, mientras que las pérdidas para Estados Unidos y Japón sumarían varios miles.
Las repercusiones económicas serían especialmente profundas. El documento advierte que una guerra por Taiwán podría desencadenar una crisis de billones de dólares. Dado que cerca del 20% del PIB chino proviene de las exportaciones —una proporción que duplica la estadounidense— su economía resulta particularmente vulnerable a presiones externas. Un conflicto, incluso limitado, podría generar represalias automáticas y provocar entre 2 billones y 10 billones de dólares en costes directos.
A largo plazo, el informe alerta sobre el riesgo de un proceso acelerado de “reducción de riesgos” a escala global, la reubicación de cadenas de suministro y una caída de la inversión extranjera. Esa dinámica privaría a China de motores clave de crecimiento para su modelo económico, según señalan los expertos.
En el plano militar, una intervención mermaría de forma significativa la capacidad del EPL para proyectar poder más allá del estrecho de Taiwán. La devastación de un conflicto amplio debilitaría la habilidad de China para mantener operaciones en el mar de China Meridional, vigilar la frontera con India, proteger rutas marítimas en el océano Índico y garantizar la seguridad interna del país.
Zack Cooper, del American Enterprise Institute y coautor del informe, destacó ante Nikkei Asia que la preocupación central de Xi Jinping es la estabilidad interna. “Cualquier hecho que ponga en entredicho la seguridad o la estabilidad interna es probablemente su inquietud principal”, afirmó, y subrayó que en los últimos años Xi ha priorizado el control social del Partido Comunista por encima de medidas de estímulo económico.
El informe proyecta que un conflicto fallido o prolongado podría generar sensibilidad ante las bajas —especialmente entre familias con un solo hijo—, dificultades económicas susceptibles de avivar el descontento, tensiones étnicas en regiones como Xinjiang o Tíbet y movilizaciones estudiantiles amplificadas por redes digitales. Aunque el aparato de seguridad interna podría contener un episodio breve, una guerra extendida con daños en el territorio continental podría desbordar los mecanismos locales y poner a prueba la capacidad del partido único para mantener el orden.
El costo internacional para Pekín también sería significativo. El GMF sostiene que un ataque a Taiwán podría provocar expulsiones de diplomáticos, rupturas de relaciones, reconocimientos de la independencia de Taipéi o la salida de China de organizaciones como la Organización de Cooperación de Shanghái, BRICS o la Iniciativa de la Franja y la Ruta. Aunque solo una parte de los países adoptara esas medidas, el informe enfatiza que “el efecto acumulado podría ser devastador” para la influencia global y la integración económica de China, una advertencia respaldada por los autores ante Nikkei Asia.


