15 de enero de 2026
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MDC de Brooklyn: presos célebres y la detención de Nicolás Maduro

La detención de Nicolás Maduro volvió a colocar bajo escrutinio al Metropolitan Detention Center (MDC) de Brooklyn, una cárcel federal conocida por albergar a presos de alto perfil: desde exmandatarios latinoamericanos y capos del narcotráfico hasta figuras públicas y acusados de crímenes de gran repercusión. Abierto en la década de 1990 y cuestionado por las condiciones de detención durante años, el centro se consolidó como un eje del sistema judicial federal en Nueva York para custodiar a detenidos célebres durante procesos federales.

Maduro fue trasladado al MDC tras su captura por fuerzas estadounidenses y su imputación por delitos relacionados con el narcotráfico. En su primera comparecencia ante un tribunal federal en Manhattan se declaró no culpable y sostuvo que continúa siendo el presidente de Venezuela; su esposa, Cilia Flores, que también enfrenta cargos, declaró lo mismo. En espera de las próximas audiencias, el líder chavista permanece en un establecimiento que funciona como punto de detención para causas federales sensibles y de alta exposición pública.

Inaugurado en 1994 para aliviar el hacinamiento en la ciudad, el MDC de Brooklyn recibe a hombres y mujeres que esperan juicio o sentencia en tribunales federales. Tras el cierre del penal federal de Manhattan en 2021 —con antecedente del suicidio del financista Jeffrey Epstein en 2019—, el complejo de Brooklyn quedó como la única prisión federal operativa en Nueva York. Su proximidad a las cortes del Distrito Sur y a la fiscalía explica por qué concentra detenidos de casos emblemáticos y de gran visibilidad mediática.

Ese papel convirtió al MDC en un paso obligado de varios procesos judiciales relevantes de las últimas décadas. Entre los internos más conocidos estuvo Ghislaine Maxwell, exsocia de Jeffrey Epstein, quien antes de su condena en 2021 por tráfico sexual de menores permaneció en la cárcel bajo un régimen de vigilancia extrema, con control constante ordenado por la justicia para prevenir autolesiones. Su caso, seguido globalmente, puso de nuevo el foco en la red de abusos vinculada a Epstein y en las condiciones del penal.

Otro interno de alto perfil fue Joaquín Guzmán, alias “El Chapo”, exlíder del Cártel de Sinaloa. Tras su extradición desde México pasó por el MDC bajo condiciones de aislamiento casi total antes de ser trasladado a una prisión de máxima seguridad; el operativo de custodia, sin precedentes, reflejó la preocupación de las autoridades por sus fugas anteriores. Posteriormente fue condenado a cadena perpetua por narcotráfico.

El penal también alojó a Juan Orlando Hernández, ex presidente de Honduras, detenido y juzgado en Estados Unidos por cargos relacionados con el narcotráfico. Hernández permaneció más de tres años en el MDC durante su proceso. Su detención y condena marcaron un momento significativo en la relación entre Washington y líderes centroamericanos señalados por colaborar con redes criminales; en noviembre de 2025 recibió un indulto otorgado por el presidente Donald Trump y recuperó la libertad.

En la misma línea, Genaro García Luna, exsecretario de Seguridad Pública de México y figura central en la guerra contra el narcotráfico durante el gobierno de Felipe Calderón, estuvo recluido en el MDC mientras enfrentaba acusaciones de vínculos con el Cártel de Sinaloa. El juicio recibió amplia atención en México y Estados Unidos y puso de relieve la profundidad de las posibles conexiones entre estructuras estatales y organizaciones criminales.

La lista de nombres célebres también incluye a Sean “Diddy” Combs, rapero y empresario, detenido en el marco de una investigación federal por presuntos delitos sexuales; su arresto tuvo un fuerte impacto en la industria musical. Más recientemente, el MDC recibió a Luigi Mangione, acusado de asesinar a un alto ejecutivo del sector sanitario, un caso que generó conmoción en el ámbito corporativo estadounidense.

Más allá de los apellidos, el MDC de Brooklyn es un edificio de varios pisos de concreto y acero ubicado a pocos metros del puerto de Nueva York, rodeado por muros, barreras y cámaras de vigilancia. Aunque su diseño es vertical, dispone de patios para actividad física, áreas médicas y una biblioteca, según reportes de PBS. El régimen es estricto: las celdas son pequeñas, las salidas diarias están limitadas, las visitas suelen ser sin contacto y las comunicaciones se mantienen bajo control permanente.

Diseñado para aproximadamente 1.000 internos, el penal llegó a alojar cerca de 1.600 personas en 2019. Datos recientes de la Oficina Federal de Prisiones (BOP) indican que actualmente alberga alrededor de 1.336 reclusos. Documentos judiciales citados por la agencia AP señalaron un déficit significativo de personal, una combinación que durante años alimentó denuncias de defensores y organizaciones de derechos civiles.

Uno de los episodios más graves se produjo en 2019, cuando una falla eléctrica dejó a los internos sin calefacción durante varios días, lo que provocó reclamos públicos y demandas. La entonces fiscal general de Nueva York, Letitia James, calificó la situación de “inaceptable e inhumana” al emprender acciones contra el gobierno federal, y sostuvo que el encarcelamiento no debe implicar la negación de derechos básicos. Jueces federales también manifestaron preocupación por el estado del penal, aunque en audiencias más recientes se señalaron mejoras vinculadas al aumento de personal y a cambios operativos.

En ese contexto, la llegada de Nicolás Maduro vuelve a situar al Metropolitan Detention Center de Brooklyn en el centro de la atención pública. No solo es el lugar donde esperan juicio detenidos de alto perfil, sino una instalación que, durante tres décadas, ha funcionado como antesala judicial para casos sensibles del sistema penal federal. Cada nuevo interno célebre reactiva esa historia y explica por qué el MDC sigue siendo una referencia al hablar de poder, crimen y justicia en Estados Unidos.

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