Irán y Rusia llevaron a cabo el jueves ejercicios navales conjuntos en el golfo de Omán y en el norte del océano Índico, una demostración de fuerza que se produjo en medio del aumento de la presión militar de Estados Unidos en la región y mientras continúan las negociaciones sobre el programa nuclear iraní.
Las maniobras, difundidas por medios oficiales iraníes, mostraron helicópteros sobrevolando buques de guerra, tropas descendiendo en rápel desde aeronaves, simulaciones de abordaje con rehenes y marinos de ambos países operando a bordo de las embarcaciones.
El contralmirante Hassan Maghsoodloo, portavoz del ejercicio conjunto, dijo que el objetivo es “promover la seguridad y las interacciones marítimas sostenibles”. La agencia estatal IRNA añadió que buscan “mejorar la coordinación operativa y el intercambio de experiencias militares”.
El Ministerio de Defensa ruso confirmó la participación de una corbeta de la clase Steregushchiy junto a la armada iraní; ese buque había sido visto días antes en el puerto militar de Bandar Abbas, en el sur de Irán. No hubo confirmación de la presencia de China, que en años previos participó en ejercicios similares denominados “Cinturón de Seguridad”.
Moscú advirtió sobre una escalada de tensión sin precedentes alrededor de Irán y el Kremlin pidió tanto a Teherán como a “otras partes” que actúen con prudencia y contención. Aunque Irán y Rusia mantienen un tratado de asociación estratégica, este no incluye cláusulas de defensa mutua.
Los ejercicios se producen en un contexto de alta tensión. A comienzos de semana Irán efectuó maniobras con fuego real en el estrecho de Ormuz, la ruta por la que circula aproximadamente una quinta parte del petróleo comercializado mundialmente, y emitió avisos a la aviación regional sobre disparos de cohetes, lo que sugirió el lanzamiento de misiles antibuque durante las prácticas.
En paralelo, Estados Unidos ha reforzado su presencia militar en la zona. Datos de seguimiento situaron al portaaviones USS Gerald R. Ford frente a las costas de Marruecos, con la posibilidad de atravesar el estrecho de Gibraltar y posicionarse en el Mediterráneo oriental escoltado por destructores de misiles guiados. Ese despliegue aumentaría la disponibilidad de aeronaves y la capacidad antimisiles para proteger a Israel y Jordania en caso de un conflicto con Irán.
Esos movimientos no implican necesariamente una acción militar estadounidense inmediata, pero otorgan al presidente Donald Trump la opción de ordenar una intervención si lo considera necesario. Trump ha señalado como líneas rojas la muerte de manifestantes pacíficos y las ejecuciones masivas atribuibles a Teherán, y advirtió en su plataforma social que, de no alcanzarse un acuerdo nuclear, podrían usarse bases en Diego García y en Fairford (Reino Unido). El vicepresidente JD Vance indicó que Washington está evaluando si continuar con el compromiso diplomático o adoptar “otra opción”.
En el terreno diplomático, representantes de Estados Unidos e Irán mantuvieron esta semana conversaciones en Ginebra; la Casa Blanca informó de “algunos avances” pero reconoció que persisten diferencias y espera una respuesta más detallada de Teherán en un plazo de dos semanas. Internamente, Irán enfrenta un clima de descontento: las protestas, que comenzaron el 28 de diciembre en el Gran Bazar de Teherán por el colapso del rial y se extendieron por el país, dejaron un saldo que el gobierno cifra en 3.117 muertos, mientras que la Human Rights Activists News Agency, con sede en Estados Unidos, eleva esa cifra a más de 7.000.

