15 de enero de 2026
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Respuesta de la aviación a la basura espacial

El riesgo de colisión entre aviones y restos de basura espacial es bajo, pero aumenta con la intensificación de las actividades en órbita. Expertos y organismos internacionales refuerzan estrategias para mitigar el peligro mediante sistemas de aviso, modelos predictivos y protocolos operativos más estrictos.

El incremento de lanzamientos ha agravado el problema de los reingresos no controlados. Según especialistas citados por Space.com, cada semana, en promedio, algún objeto —principalmente etapas agotadas de cohetes o satélites inactivos— reingresa a la atmósfera.

La mayoría de esos restos se desintegra antes de alcanzar la superficie, pero un estudio calcula que existe un 26 % de probabilidad de que, el próximo año, algún fragmento cruce rutas aéreas muy transitadas durante un reingreso no controlado.

Para 2030, las proyecciones citadas por Space.com sitúan la probabilidad de que un vuelo comercial coincida en espacio y tiempo con un resto en aproximadamente 1 entre 1.000.

Incluso partículas muy pequeñas pueden causar daños importantes a una aeronave, sobre todo si afectan los motores. Benjamin Virgili Bastida, ingeniero de la Agencia Espacial Europea (ESA), explicó a Space.com que la situación es comparable al riesgo de la ceniza volcánica: “Las aeronaves pueden verse afectadas por trozos mucho más pequeños de basura espacial”.

La sola posibilidad de presencia de partículas en el espacio aéreo puede motivar cancelaciones, desvíos u otras medidas operativas que generan costes significativos para la aviación.

Casos recientes y desafíos operativos

En noviembre de 2022, el núcleo de un cohete Long March 5B de China reingresó sin control. Las autoridades españolas, en coordinación con Enaire, ordenaron el cierre temporal de una parte del espacio aéreo.

La medida afectó a más de 300 vuelos —retrasados, cancelados o desviados— durante casi 40 minutos, aunque los fragmentos sobrevolaron la zona de riesgo solamente durante cinco minutos. Este desfase muestra la dificultad de acotar con precisión las ventanas temporales y áreas geográficas implicadas.

Ante esas limitaciones, los organismos desarrollan modelos predictivos de reingreso que estiman trayectorias y fragmentación. La misión DRACO, prevista para 2027 bajo coordinación de la ESA, registrará en tiempo real la desintegración de un pequeño satélite con más de 200 sensores para mejorar el entendimiento de esos procesos.

Space.com señala que estos experimentos ayudan a perfeccionar los modelos, pero persisten retos por la escasez de datos sobre la atmósfera superior. Se organizan campañas internacionales de reingreso, lideradas por el Comité Interinstitucional de Coordinación sobre Basura Espacial, para fomentar el intercambio de información y afinar protocolos entre agencias.

Cooperación internacional y futuro de la prevención

La coordinación internacional es clave para gestionar este riesgo. Organismos como la Administración Federal de Aviación de Estados Unidos (FAA), la ESA y la Organización de Aviación Civil Internacional trabajan conjuntamente para establecer estándares que orienten cuándo y cómo cerrar el espacio aéreo ante un reingreso descontrolado.

Ian Christensen, director de la Secure World Foundation, afirmó a Space.com: “Existe la necesidad de delimitar esas ventanas y cierres tanto como sea posible, siempre que la seguridad lo permita”.

Definir criterios y compartir buenas prácticas entre organismos nacionales e internacionales resulta fundamental para abordar un fenómeno que no respeta fronteras.

El objetivo es que la gestión de estos incidentes pase desapercibida para los usuarios, apoyada en la previsión y la coordinación para minimizar interrupciones. Christensen se muestra optimista sobre la capacidad técnica y operativa del sector para responder en el futuro.

Virgili Bastida recordó a Space.com que el riesgo para los viajeros sigue siendo muy bajo frente a otros peligros habituales, y que la prioridad debe ser seguir innovando para que la basura espacial no afecte la experiencia normal de vuelo.

Mientras tanto, los equipos internacionales continúan perfeccionando medidas preventivas, avanzando hacia un escenario en el que el impacto de la basura espacial en la aviación moderna sea prácticamente imperceptible.

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