15 de enero de 2026
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Nuevas guías alimentarias de Estados Unidos sobre consumo de carne y alimentos procesados

El gobierno de Estados Unidos publicó las nuevas Guías Alimentarias 2025-2030, que recomiendan una dieta centrada en alimentos integrales y en fuentes proteicas, y piden reducir de forma marcada los alimentos ultraprocesados y los azúcares añadidos.

La actualización, presentada por el secretario de Salud Robert F. Kennedy Jr. y la secretaria de Agricultura Brooke Rollins, enfatiza la prevención de enfermedades crónicas y plantea cambios en los programas federales de alimentación.

En la presentación, Kennedy dijo: “Nuestro mensaje es claro: coman comida real”. La guía incluye un gráfico que reemplaza la antigua pirámide nutricional por una interpretación invertida, situando proteínas, lácteos, grasas saludables, frutas y verduras en la cima y los cereales integrales en la base.

El documento advierte sobre los alimentos “altamente procesados”, definidos como productos envasados, preparados o listos para consumir que suelen ser altos en sal o azúcar, como galletas, papas fritas y dulces, y los relaciona con enfermedades como la diabetes y la obesidad.

Las recomendaciones proponen cambios sustanciales para aplicar estos principios en programas públicos. El Programa Nacional de Almuerzos Escolares deberá ajustarse a estos estándares para atender a cerca de 30 millones de niños cada día lectivo.

Académicos y profesionales médicos han respaldado el enfoque más integral y actualizado de las directrices.

El doctor David Kessler, ex comisionado de la FDA, afirmó que aumentar el consumo de alimentos integrales y reducir los carbohidratos altamente procesados supone un avance importante en la manera de abordar la dieta y la salud.

El doctor Bobby Mukkamala, presidente de la Asociación Médica Estadounidense, señaló, según MedicalXpress, que las nuevas guías “afirman que los alimentos son medicina” y aportan orientaciones claras para pacientes y médicos.

La guía ajusta la definición de grasas saturadas y sugiere priorizar fuentes integrales como carnes, lácteos enteros y aguacate, manteniendo las grasas saturadas por debajo del 10% de las calorías diarias. También permite la inclusión de productos como la mantequilla o el sebo de res.

Estas guías, revisadas cada cinco años, sirven de base a numerosos programas federales de nutrición que abarcan desde raciones escolares hasta dietas para militares, veteranos y adultos mayores. El texto reconoce que más de la mitad de la población adulta padece al menos una enfermedad crónica relacionada con la alimentación y que la adhesión a las recomendaciones ha sido baja.

Un apartado relevante aumenta la ingesta proteica recomendada: pasa de 0,8 gramos por kilogramo de peso a un rango de 1,2 a 1,6 gramos por kilogramo, lo que equivale a 84–112 gramos diarios para una persona de 70 kg.

El texto indica que el estadounidense promedio ya consume cerca de 100 gramos diarios, cerca del doble de la recomendación anterior. La Asociación Estadounidense del Corazón pidió cautela y más estudios para determinar las fuentes proteicas óptimas, recomendando priorizar proteínas vegetales, mariscos y carnes magras y limitar carnes rojas y grasas animales por sus vínculos con riesgos cardiovasculares.

Las autoridades sanitarias subrayan la urgencia de reducir los azúcares añadidos y los edulcorantes no nutritivos. El documento afirma que ninguna cantidad de azúcares añadidos forma parte de una dieta saludable y precisa: “Ninguna comida debe contener más de 10 gramos de azúcares añadidos, o aproximadamente 2 cucharaditas”.

Para niños de hasta cuatro años se recomienda eliminar completamente el azúcar añadido. La edición previa aconsejaba limitar los azúcares añadidos a menos del 10% de las calorías diarias (equivalente a unas 12 cucharaditas en una dieta de 2.000 calorías). Los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades reportan un consumo medio de alrededor de 17 cucharaditas diarias en la población estadounidense.

En materia de alcohol, la guía cambia el enfoque: en lugar de límites específicos (una bebida diaria para mujeres y dos para hombres), aconseja “consumir menos alcohol para una mejor salud” y recomienda evitarlo por completo en mujeres embarazadas, personas en recuperación de adicciones y quienes tienen dificultades para controlar su ingesta.

La FDA y el Departamento de Agricultura están trabajando en una definición oficial de alimentos ultraprocesados.

El documento subraya la flexibilidad de sus propuestas, incluyendo opciones que van desde frutas y verduras frescas hasta congeladas, deshidratadas o enlatadas (por ejemplo remolacha, fresas, zanahorias, manzanas) y una variedad de cereales integrales. Señala que la proteína y los lácteos pueden adaptarse a diferentes presupuestos y que la leche entera y otros lácteos completos cuentan ahora con mayor aceptación.

Entre las orientaciones, la guía recomienda priorizar alimentos proteicos de alta calidad —huevos, aves, mariscos, carnes rojas y alternativas vegetales como frijoles, guisantes, lentejas, frutos secos, semillas y soja— en cada comida, y refuerza la restricción de alimentos ultraprocesados, incluidos refrescos, bebidas de fruta y energéticas.

Sobre las grasas saludables, se aconseja obtener la mayor parte de las grasas de fuentes integrales como carnes, aves, huevos, mariscos ricos en omega-3, nueces, semillas, aceitunas y aguacates, y usar aceites naturales ricos en ácidos grasos esenciales, como el aceite de oliva, para cocinar o aliñar.

En cuanto a los carbohidratos, la guía favorece los cereales integrales ricos en fibra y pide reducir con énfasis los carbohidratos refinados y procesados —pan blanco, cereales empaquetados, tortillas de harina y bollería—, y sugiere considerar dietas bajas en carbohidratos para personas con enfermedades crónicas cuando exista evidencia de beneficio.

En conjunto, las directrices buscan un cambio estructural en hábitos individuales y en políticas públicas, ofreciendo marcos amplios pero precisos que se adapten a necesidades personales, familiares y económicas y que promuevan alimentos asequibles, saludables, integrales y nutritivos como pilar de la salud pública.

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