15 de enero de 2026
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Svalbard y territorios europeos del Ártico ante el cambio climático

El deshielo en el Ártico es, ante todo, una consecuencia del cambio climático. No obstante, sus efectos más inmediatos y visibles están relacionados con la apertura de rutas marítimas y las oportunidades estratégicas y económicas que ello genera.

Específicamente, el derrumbe del hielo facilita, de forma estacional, el uso de la Ruta Marítima del Norte, que bordea la costa siberiana, y del Paso del Noroeste, que atraviesa el norte de Canadá. Ambas rutas pueden reducir los trayectos entre Asia, Europa y América del Norte hasta en un 30 %, lo que supone menor consumo de combustible y mayor eficiencia para el transporte internacional, según el Center for Strategic and International Studies (CSIS) y The Arctic Institute.

Además de las rutas, el Ártico concentra recursos significativos: más del 20 % de las reservas mundiales de hidrocarburos, bancos pesqueros y yacimientos de minerales críticos como hierro, níquel, zinc, neodimio y disprosio. El acceso a estos activos se ha vuelto más factible a medida que el hielo retrocede y mejoran las condiciones logísticas, lo que ha motivado la competencia por la influencia entre potencias como Rusia, China, Estados Unidos y la Unión Europea, y ha incrementado tanto las oportunidades económicas como los riesgos geopolíticos.

El Consejo Ártico —integrado por Canadá, Rusia, Islandia, Finlandia, Noruega, Suecia, Dinamarca y Estados Unidos, junto con representantes indígenas— nació con el objetivo de impulsar la cooperación científica y ambiental. Sin embargo, la disputa por rutas y recursos ha ganado protagonismo. El cambio climático impulsa este proceso: desde 1990 se han perdido 7,6 billones de toneladas métricas de hielo marino en el Ártico y la tasa de retroceso se ha acelerado alrededor de un 57 %, según The Arctic Institute.

Svalbard, el punto de fricción noruego en el Alto Norte

El archipiélago de Svalbard pertenece al Reino de Noruega, conforme al Tratado de Svalbard (1920), pero concede derechos económicos a varios países, entre ellos Rusia. Situado a aproximadamente 1.940 km de Groenlandia, 1.994 km de Islandia, 1.985 km de la Noruega continental y 1.272 km de la ciudad rusa de Murmansk en la península de Kola, Svalbard alberga comunidades rusas en localidades como Barentsburg y Pyramiden. Esa presencia civil, junto con la cercanía de la Flota del Norte rusa en la península de Kola, refuerza la influencia rusa en la zona.

El archipiélago tiene un valor estratégico que supera la pesca y los minerales: su ubicación es idónea para la recepción de datos satelitales. Más de 150 antenas en la estación SvalSat facilitan comunicaciones esenciales para Europa y la OTAN, según The Arctic Institute.

El fortalecimiento militar ruso en la base de Nagurskoye, en la Tierra de Francisco José —el territorio ruso más septentrional—, y el despliegue de sistemas de defensa como los misiles Bastion en ese aeródromo evidencian la sensibilidad estratégica del área. Nagurskoye se encuentra a unos 300–400 km de Svalbard.

El interés ruso en Svalbard combina objetivos estratégicos y económicos. El archipiélago, incluida la isla del Oso, actúa como acceso al mar de Barents, donde se asienta la Flota del Norte, y forma parte de la capacidad de disuasión de Rusia. Además, Moscú mantiene intereses pesqueros en la región y vigila las actividades de Noruega y de otros países occidentales relacionadas con sensores, comunicaciones y operaciones satelitales.

El control de pasos marítimos estratégicos, como el Bear Gap (entre Svalbard y Escandinavia) y la línea GIUK (Groenlandia–Islandia–Reino Unido), depende en parte de la estabilidad en Svalbard. La situación allí sirve como indicador de la capacidad de respuesta de la OTAN ante movimientos rusos en el Alto Norte.

Groenlandia, el enclave danés en el tablero global

Recientemente se ha puesto de manifiesto el aumento de la importancia estratégica de Groenlandia, tanto en términos militares como económicos. Groenlandia es un territorio autónomo bajo soberanía danesa con un estatus especial en relación a la Unión Europea, y controla el acceso al corredor GIUK, un punto clave para la defensa transatlántica. Estados Unidos opera la base de Pituffik en el noroeste de la isla, fundamental para la alerta temprana y el control de misiles de la OTAN.

Un acuerdo por más de 2.000 millones de euros entre Dinamarca, Groenlandia y las Islas Feroe prevé modernizar la vigilancia mediante satélites, drones y nuevos buques, reforzando el papel defensivo de Groenlandia en el norte de Europa. Dinamarca mantiene una presencia militar activa allí a través del Mando Ártico Conjunto y la Patrulla Sirius, que realiza operaciones en el interior de la isla.

El potencial económico de Groenlandia reside en sus reservas de tierras raras y otros minerales críticos para la industria tecnológica global, lo que ha atraído el interés de potencias occidentales que buscan reducir la dependencia de China. No obstante, el desarrollo de esos recursos se ve limitado por las condiciones climáticas extremas y por las estrictas regulaciones ambientales, aunque la atención internacional continúa creciendo.

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