En Nueva York, ciudad conocida por sus amplios espacios públicos como Central Park, existe un enclave que rompe con esa norma: Gramercy Park. Situado en el corazón del distrito histórico que lleva su nombre, es uno de los dos últimos parques privados de la ciudad y destaca por la exclusividad de su acceso.
Solo una vez al año, durante una hora en la Nochebuena, sus puertas se abren al público general, un hecho singular dentro de la vida urbana neoyorquina.
Historia y origen de un espacio exclusivo
La historia de Gramercy Park comienza en 1831, cuando el abogado y empresario Samuel B. Ruggles diseñó el parque con la intención de aumentar el valor de las propiedades circundantes, creando un entorno reservado para quienes adquirieran las viviendas adyacentes. Tomando como modelo las plazas residenciales de Londres, lo concibió como un remanso de tranquilidad, protegido por una reja de hierro fundido y rodeado de edificios elegantes, según señala Elle Decor.
Con unos 8.000 metros cuadrados, Gramercy Park se ha mantenido en gran medida sin cambios desde la época victoriana. Su conservación depende de un fideicomiso privado en lugar del presupuesto municipal, lo que ha permitido preservar senderos, bancos de madera antiguos y estatuas originales. El parque funciona como un museo vivo de horticultura, donde cada detalle remite a la historia refinada de la ciudad.
El acceso está estrictamente regulado: únicamente los propietarios de los edificios que rodean el parque pueden poseer una de las 383 llaves físicas existentes, detalla Time Out New York. Estas llaves son un símbolo de estatus; si un residente pierde la llave o se muda sin devolverla, la cerradura se reemplaza de inmediato para mantener la seguridad y la privacidad del lugar.
Un oasis con normas estrictas
La vida en torno a Gramercy Park atrae la atención de vecinos, celebridades y figuras históricas, pero la exclusividad conlleva normas claras. Está prohibido fumar, circular en bicicleta, jugar a la pelota o realizar fotografía profesional sin un permiso expreso del fideicomiso que administra el espacio. Las reglas se aplican de forma rigurosa: incluso actores han sido advertidos por intentar organizar eventos dentro del parque.
Estas restricciones han contribuido a que el parque sea un refugio para aves y un lugar de calma en medio del bullicio urbano. Los jardines, mantenidos con esmero, albergan especies botánicas poco comunes, y los bancos invitan a la contemplación silenciosa, ofreciendo un contraste con la actividad constante de la ciudad.
Gramercy Park también ha servido de escenario e inspiración para numerosas películas y novelas, aunque la filmación suele limitarse al exterior de las rejas debido a las autorizaciones extremadamente restringidas. Los edificios que lo rodean, valiosas muestras arquitectónicas, fueron hogar de personajes como Thomas Edison y el presidente Theodore Roosevelt, quienes disfrutaron de sus vistas privilegiadas.
El único día en que abre sus puertas
A pesar de su carácter cerrado, existe una tradición que, por un breve instante, acerca Gramercy Park al resto de la ciudad. Cada 24 de diciembre, durante una hora, el parque abre sus puertas a vecinos y visitantes para celebrar la Nochebuena. En ese tiempo, quienes asisten pueden cantar villancicos junto al árbol de Navidad, compartiendo un momento comunitario que rompe con la habitual rigidez del lugar, según destacó Time Out New York.
Ese evento es la única ocasión en que cualquiera puede pisar el césped de Gramercy Park sin invitación ni llave. Con luces y música, el parque se convierte en un punto de encuentro efímero y especial, donde la tradición y la historia se mezclan con el espíritu festivo de la ciudad.
Mientras Nueva York sigue transformándose con rascacielos de cristal y un ritmo acelerado, Gramercy Park permanece como un recuerdo palpable del pasado. Aunque la mayoría solo puede contemplarlo desde detrás de sus rejas, su existencia subraya la importancia de proteger los espacios verdes y la memoria histórica en el corazón de las grandes urbes.


