Un estudio reciente mostró cómo el color de la ropa influye en la atracción de mosquitos. El informe, elaborado en Estados Unidos, cobra relevancia en Argentina con la llegada del verano.
Investigadores de la Universidad de Washington demostraron que, además del olor, el dióxido de carbono y el calor corporal, la visión y el tono de la vestimenta son factores determinantes en la elección de las víctimas por parte de los mosquitos. La preferencia por ciertos colores puede ser decisiva en los días de mayor actividad de estos insectos, sobre todo en veranos cálidos y húmedos.
Estos hallazgos indican que la prevención de picaduras requiere más que repelentes y barreras físicas; prestar atención a la paleta de colores de la ropa diaria puede ayudar a reducir molestias y el riesgo de enfermedades transmitidas por mosquitos, como dengue y zika.
Los colores de ropa que más atraen a los mosquitos: qué revela la investigación
El estudio identifica al rojo, el naranja, el negro y un azul verdoso (cian) como los colores que más atraen a los mosquitos. Tras detectar el dióxido de carbono exhalado por una persona, los insectos tienden a volar hacia individuos que lleven prendas en esas tonalidades. En particular, el Aedes aegypti —vector principal en el hemisferio sur— muestra una marcada preferencia por el rojo, posiblemente porque esa longitud de onda resulta más estimulante para su sistema visual.
La investigación subraya que, al percibir el aliento humano, los olores activan los sentidos de los mosquitos y, a su vez, estos utilizan señales de color como guía visual inmediata. Jeffrey Riffell, autor principal del estudio, explicó que los mosquitos parecen localizar primero al huésped por el olor y luego se orientan hacia colores específicos una vez activados sus sensores olfativos.
Cómo prevenir picaduras y rediseñar estrategias frente a los hallazgos científicos
En contrapartida, los mosquitos suelen ignorar los colores:
verde, morado, azul y blanco
Estas tonalidades resultan menos perceptibles para ellos. Usar ropa de estas gamas durante la temporada de calor puede disminuir significativamente el riesgo de picaduras, especialmente en áreas con alta incidencia de enfermedades transmitidas por mosquitos.
Además de orientar decisiones individuales —por ejemplo, evitar prendas negras o rojas al atardecer y durante la noche—, estos datos pueden informar campañas de prevención, el diseño de repelentes y trampas más efectivas y políticas de salud pública. La reducción de la transmisión implica tanto acciones personales como intervenciones urbanas y ambientales coordinadas.


