15 de enero de 2026
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Seis mujeres que cambiaron la ciencia desde las sombras

A lo largo de la historia, la ciencia se construyó sobre relatos y estructuras que minimizaron la participación de las mujeres. Muchas enfrentaron dificultades para acceder a laboratorios y universidades, obstáculos para publicar sus hallazgos y la eliminación de sus nombres de las crónicas científicas. A pesar de las limitaciones sociales y académicas, su trabajo impulsó descubrimientos y abrió caminos para generaciones posteriores.

La invisibilización no solo privó a estas científicas del reconocimiento individual, sino que también reforzó la idea de que la ciencia era un ámbito masculino, reduciendo los modelos a seguir para niñas y jóvenes interesadas en la investigación. Sin embargo, a lo largo de los siglos hubo mujeres que, desafiando prejuicios y normas restrictivas, demostraron que el talento científico no depende del género.

Seis científicas pioneras enfrentaron los sesgos de su época y ampliaron los márgenes del conocimiento. Aunque sus nombres a menudo han quedado ausentes en relatos tradicionales, sus trayectorias —recogidas por BBC History Magazine— muestran cómo rompieron barreras y contribuyeron de forma decisiva en sus disciplinas.

Caroline Kennard

Caroline Kennard, nacida en 1827, fue una activista feminista de Boston que cuestionó el uso de teorías científicas para justificar la supuesta inferioridad femenina. Ante interpretaciones de la evolución que afirmaban diferencias intelectuales entre sexos, buscó aclaraciones directamente con sus autores.

En 1881 escribió a Charles Darwin pidiéndole explicaciones sobre esas afirmaciones. Darwin respondió sosteniendo que las mujeres eran moralmente superiores pero intelectualmente inferiores y menos evolucionadas.

Kennard rechazó esa conclusión y demandó igualdad de oportunidades y condiciones. En su correspondencia enfatizó que eran las diferencias en el entorno social —no rasgos biológicos— las que impedían una evaluación justa de las capacidades femeninas.

Eliza Burt Gamble

Eliza Burt Gamble (1841–1920), originaria de Michigan, combinó disciplina personal y activismo en favor de los derechos de la mujer. Tras organizar la primera conferencia sobre sufragio femenino en 1876, dedicó su obra a cuestionar la supuesta inferioridad biológica femenina.

En 1894 publicó La evolución de la mujer, obra en la que critica argumentos de Darwin y otros evolucionistas y plantea que cualidades como la cooperación y el cuidado —frecuentemente asociadas a las mujeres— han sido esenciales para el progreso humano.

Gamble argumentó que sacar conclusiones sobre las capacidades femeninas a partir de contextos sociales desiguales es erróneo y peligroso: la aparente inferioridad respondía, en su opinión, a la falta de oportunidades para desarrollar talentos, no a una deficiencia innata.

Helen Hamilton Gardener

Helen Hamilton Gardener, profesora y escritora nacida en 1853, puso en cuestión la conexión entre peso cerebral e inteligencia, una de las creencias científicas más influyentes de su tiempo.

En 1888 presentó sus argumentos en una convención en Washington D. C., tras analizar datos y consultar a numerosos expertos. Concluyó que no existen diferencias cognitivas al nacer entre cerebros masculinos y femeninos.

Gardener señaló que el tamaño absoluto del cerebro no es un buen indicador de inteligencia y defendió que la relación entre tamaño cerebral y cuerpo, y otros factores funcionales, resultan más relevantes —una posición que la neurociencia moderna reconoce en términos distintos.

Nettie Maria Stevens

Nettie Maria Stevens (1861–1912) fue una bióloga cuyos trabajos fueron fundamentales para la genética moderna. Identificó los cromosomas X e Y como determinantes del sexo, aportando evidencia clave en la biología del desarrollo.

A pesar de la importancia de sus descubrimientos, el reconocimiento no siempre fue equitativo: algunos colegas, como Edmund Beecher Wilson, obtuvieron mayor visibilidad pública por investigaciones relacionadas. La trayectoria de Stevens —con doctorado en 1903 y estudios destacados en embriología— ejemplifica las dificultades que enfrentaron muchas científicas para recibir crédito por su trabajo.

Lise Meitner

Lise Meitner (1878–1968), física austríaca, superó numerosas barreras institucionales para formarse y avanzar en la investigación. Estudió en la Universidad de Viena y luego trabajó en Alemania en condiciones desiguales respecto a sus colegas varones.

En la Universidad de Berlín se le asignó un espacio separado y sin salario, y en 1938 tuvo que abandonar el país por su ascendencia judía ante la persecución nazi. Desde el exilio en Suecia continuó colaborando intelectualmente con colegas en Alemania.

Meitner interpretó correctamente los experimentos que llevaron al descubrimiento de la fisión nuclear del uranio, pero el Premio Nobel de 1944 se otorgó únicamente a Otto Hahn. Su caso destaca problemas de reconocimiento y de la política en la ciencia de su época.

Sarah Blaffer Hrdy

Sarah Blaffer Hrdy, nacida en 1946, es primatóloga y antropóloga cuyos estudios transformaron la comprensión del comportamiento reproductivo en primates y su relación con la evolución humana.

Al inicio de su carrera predominaban explicaciones centradas en el comportamiento masculino; Hrdy mostró que las hembras de primates también exhiben comportamientos complejos, cooperativos y en ocasiones agresivos para proteger a sus crías.

Sus hallazgos desafiaron estereotipos y ampliaron la perspectiva sobre la selección sexual y la conducta parental, contribuyendo a una visión más completa de la evolución humana.

Los aportes de estas seis científicas —y de muchas otras cuyas contribuciones fueron reconocidas solo tras años de esfuerzo— cuestionan narrativas históricas sobre las capacidades de las mujeres y el desarrollo del conocimiento.

Recuperar sus historias permite visibilizar modelos diversos, promover sociedades más inclusivas y ofrecer referentes para futuras investigadoras en la ciencia.

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