Enero llegó con temperaturas superiores a 35°C. En este contexto, los gatos domésticos, que buscan lugares tranquilos y frescos, corren el riesgo de sufrir un golpe de calor. Las olas de calor que afectan a distintas regiones, incluida gran parte de Argentina, requieren medidas para proteger la salud felina y evitar consecuencias graves.
El golpe de calor se produce cuando el animal no logra regular su temperatura corporal y esta se eleva de forma peligrosa. Los gatos tienen capacidad limitada para disipar el calor: sólo transpiran por las almohadillas y la nariz y recurren al acicalamiento para refrescarse. Si estos mecanismos no son suficientes, la temperatura interna puede aumentar con rapidez y dar lugar a un cuadro potencialmente mortal.
Los días calurosos obligan a adaptar la rutina y el entorno del hogar. Las fuentes consultadas coinciden en la importancia de la prevención, la vigilancia continua y la actuación rápida ante signos de alarma. Las recomendaciones básicas incluyen asegurar agua fresca, mantener ambientes ventilados y reducir la exposición directa al sol.
Cómo saber si mi gato tiene calor
Los signos de malestar por calor suelen ser discretos. El letargo, la búsqueda de superficies frías y la reducción de la actividad son indicios tempranos. El jadeo en un gato debe considerarse una urgencia: los felinos no suelen jadear y, si lo hacen, requieren atención inmediata.
El pelo actúa como aislante y, en general, no impide el control térmico; además protege frente a quemaduras solares. Presentan mayor riesgo los animales muy jóvenes, de edad avanzada, con enfermedades previas y las razas braquicéfalas (por ejemplo, persas), que toleran peor las temperaturas altas.
También influyen las condiciones ambientales: la falta de agua fresca, la escasa ventilación, la exposición directa al sol y permanecer en espacios cerrados aumentan el peligro. Un golpe de calor puede desarrollarse en minutos si el gato queda en un vehículo cerrado o en una habitación sin circulación de aire.
Síntomas del golpe de calor en gatos
El golpe de calor presenta signos que requieren atención veterinaria urgente. Entre ellos se encuentran jadeo excesivo, somnolencia o abatimiento, salivación abundante, mucosas con coloración anormal (por ejemplo, azuladas), temblores, desorientación, vómitos y diarrea. Otros síntomas asociados pueden ser deshidratación, falta de apetito, convulsiones y aparición de petequias.
La elevación marcada de la temperatura corporal, la dificultad para moverse y la pérdida de conciencia son indicios de gravedad. La intervención veterinaria precoz es fundamental para evitar daños irreversibles: cada minuto cuenta, porque la situación puede empeorar muy rápido.
Detectar pronto estos síntomas permite actuar con mayor eficacia y aumentar las posibilidades de recuperación. Los especialistas recomiendan no subestimar cualquier cambio en el comportamiento del gato durante episodios de calor intenso.
Cómo evitar un golpe de calor en mi gato
Asegurar acceso constante a agua limpia y fresca es la recomendación principal. Conviene renovar el agua varias veces al día y, en jornadas muy calurosas, añadir cubitos de hielo para mantenerla fría. Colocar varios bebederos distribuidos por la casa y usar fuentes con agua en movimiento puede estimular el consumo.
La alimentación húmeda aporta agua adicional. También son útiles “helados” caseros de caldo o agua congelada en cubiteras, que suelen resultar atractivos para los gatos y ayudan a hidratarlos.
Las zonas de descanso deben estar sombras y bien ventiladas. El uso de ventiladores, aire acondicionado o la apertura de ventanas protegidas con mosquiteros mejora la circulación de aire. Colocar toallas húmedas o superficies frescas en las áreas de reposo contribuye a bajar la temperatura corporal.
El cepillado regular elimina pelo muerto y favorece la ventilación del manto. Limitar la actividad física a las horas más frescas (amanecer y atardecer) y permitir que el gato elija zonas de sombra también reduce el riesgo.
Qué hacer en caso de golpe de calor de mi gato
Ante síntomas de golpe de calor, traslada al gato de inmediato a un lugar fresco y con ventilación. Humedece el cuerpo con agua a temperatura ambiente, prestando atención a patas, abdomen y cuello, y respeta la tolerancia del animal. No se debe usar hielo ni agua muy fría, ya que pueden empeorar la situación.
Durante el traslado al veterinario, mantener al gato cerca de un ventilador o aire acondicionado puede ayudar. La consulta profesional debe realizarse sin demora, porque la rapidez en la atención mejora el pronóstico.
Existen colchonetas refrigerantes y otros accesorios para mascotas que pueden ser de utilidad en lugares sin ventilación mecánica; sin embargo, es recomendable consultar al veterinario antes de introducir nuevos elementos para evitar riesgos.
La prevención y la intervención temprana salvan vidas. Reconocer los síntomas, actuar con rapidez y adaptar el entorno son las mejores medidas para proteger a los gatos frente a los golpes de calor.


