15 de enero de 2026
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Claves para aumentar la aceptación de las vacunas

Un análisis de más de 1,1 millones de adultos en Inglaterra encontró que alrededor del 65% de quienes inicialmente mostraron dudas sobre la vacuna contra la COVID-19 terminaron recibiendo al menos una dosis.

Según el estudio publicado en The Lancet y realizado por el Imperial College de Londres dentro del programa REACT, las principales reticencias apuntaban a dudas sobre la eficacia de la vacuna y la posibilidad de efectos adversos.

Los autores indicaron que estas preocupaciones se redujeron a medida que se difundió información confiable.

Evolución y motivos de la reticencia

El estudio REACT, uno de los más amplios sobre percepción vacunal a nivel internacional, rastreó la reticencia durante la pandemia. Recabó datos entre enero de 2021 y marzo de 2022 y los vinculó con los registros oficiales de vacunación hasta mayo de 2024.

De las casi 38.000 personas que expresaron algún grado de reticencia (el 3,3% de la muestra), el 65% finalmente se vacunó con al menos una dosis.

Las tasas de reticencia variaron con el tiempo: en enero de 2021 alcanzaron un máximo cercano al 8% entre los encuestados, luego descendieron de forma sostenida hasta un mínimo del 1,1% a principios de 2022 y registraron un leve repunte al 2,2% durante la ola de la variante ómicron, según The Lancet.

Los investigadores de la Escuela de Salud Pública del Imperial College agruparon las razones de vacilación en ocho categorías principales. Las más frecuentes fueron el temor a efectos adversos (tanto inmediatos como a largo plazo), la preferencia por comprobar la eficacia de la vacuna antes de decidirse y el deseo de observar el impacto en otras personas. Entre quienes detallaron sus motivos, el 41% expresó preocupación por efectos a largo plazo, el 39% dijo que prefería esperar para evaluar la eficacia y el 37% manifestó inquietud por efectos secundarios inmediatos.

Otros factores importantes incluyeron la percepción de bajo riesgo personal de enfermedad, haber pasado previamente COVID-19 y la desconfianza hacia los desarrolladores de vacunas. El análisis también consideró el miedo general a las vacunas, antecedentes de reacciones adversas, inquietudes sobre fertilidad, embarazo y lactancia, así como barreras logísticas y la preferencia por no responder.

Perfil demográfico y claves para futuras campañas

Desde la perspectiva demográfica, la reticencia fue más común entre personas que viven en zonas con desventajas económicas, quienes están desempleados, quienes tienen menor nivel educativo y miembros de grupos étnicos no blancos, según The Lancet.

Las mujeres mostraron mayor vacilación que los hombres; sin embargo, un análisis citado en Nature indica que fueron menos propensas a permanecer sin vacunar, porque muchas de sus dudas estaban vinculadas a situaciones temporales como el embarazo o la lactancia. En contraste, las personas de mayor edad y quienes mantenían una postura antivacunas sostenida tendieron a conservar su negativa con más firmeza.

La mayoría de quienes cambiaron de opinión lo hizo tras resolver sus dudas con información fiable o mediante la intervención de profesionales sanitarios. Motivos como el embarazo o la lactancia resultaron ser reticencias subsanables, explicó la profesora Helen Ward del Imperial College, y con el avance de la campaña y el incremento de la confianza pública muchas barreras iniciales se disiparon.

No obstante, el estudio en The Lancet subraya que existe un grupo que mantuvo su rechazo pese a los esfuerzos informativos; en esos casos predominó la baja confianza en la medicina, una actitud antivacunas persistente, la percepción de bajo riesgo de COVID-19 y antecedentes personales de la enfermedad.

Para el profesor Marc Chadeau-Hyam, epidemiólogo computacional del Imperial College, estos hallazgos permiten orientar futuras campañas de vacunación hacia los grupos cuyas dudas pueden superarse con intervenciones dirigidas. El trabajo destaca la importancia de identificar distintos perfiles de reticencia para diseñar estrategias específicas que aumenten la aceptación vacunal y refuercen la prevención de enfermedades infecciosas.

El rol de las vacunas frente al resurgimiento de enfermedades prevenibles

Estos resultados son relevantes ante el resurgimiento de enfermedades prevenibles por vacunación, como el sarampión. La profesora clínica Helen Skirrow del Imperial College recordó la reciente muerte de un menor por esa enfermedad en Inglaterra y subrayó la necesidad de promover una comunicación clara entre profesionales de la salud y familias sobre la vacunación infantil.

Portavoces del Imperial College señalaron además que los aprendizajes sobre el comportamiento vacunal durante la pandemia ofrecen orientaciones valiosas para futuras campañas públicas y ayudan a entender la aceptación de nuevas vacunas, tanto en adultos como en población infantil.

Frente a emergencias sanitarias que implican tecnologías nuevas y decisiones rápidas, los especialistas coinciden en que el acceso a información clara y transparente es esencial para construir confianza y fortalecer la protección colectiva.

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