Dormir menos de seis horas por noche implica riesgos para la salud comparables, según un estudio publicado en la revista Nature, con los efectos de consumir diariamente varias unidades de alcohol.
Investigaciones recientes advierten que la privación de sueño reduce la atención y el juicio a niveles similares a una concentración de alcohol en sangre del 0,05 %, por encima del límite legal para conducir en muchos países.
Especialistas indican que permanecer despierto entre 17 y 19 horas es suficiente para observar una disminución notable en la memoria, la coordinación y la capacidad de decisión, lo que puede afectar la calidad de vida.
Estos efectos no se limitan al corto plazo: la falta crónica de sueño también incrementa el riesgo de desarrollar enfermedades neurológicas, como la demencia y otros trastornos cognitivos, según Nature.
Efectos inmediatos y consecuencias a largo plazo
El daño asociado a dormir menos de seis horas se manifiesta desde la primera noche, con una merma en la concentración y las funciones ejecutivas, de acuerdo con las publicaciones en Nature.
Si la privación persiste, las deficiencias en atención y juicio se intensifican, afectando la memoria y la toma de decisiones.
Además, el déficit crónico de sueño aumenta la probabilidad de infecciones y enfermedades cardiovasculares, y eleva el riesgo de diabetes tipo 2, obesidad y deterioro cognitivo permanente.
Durante el descanso nocturno el cerebro elimina metabolitos tóxicos como el beta-amiloide, cuya acumulación está relacionada con el Alzheimer; dormir menos dificulta ese proceso y puede anticipar un incremento de trastornos neurodegenerativos en las próximas generaciones.
La Sociedad Española del Sueño advierte que los adolescentes duermen apenas entre seis y seis horas y media por noche, cuando lo recomendable es entre ocho y diez horas.
Para la neuróloga Mary Carskadon, citada por TN, la necesidad de madrugar para asistir a clases provoca somnolencia diurna y menor rendimiento en los jóvenes, porque el horario escolar temprano choca con la biología del sueño adolescente.
El riesgo no afecta solo a la adolescencia: en la edad adulta y la vejez el impacto negativo de dormir poco se intensifica, ya que un sueño reducido debilita el sistema inmunológico, altera la regulación hormonal y aumenta las variaciones del estado de ánimo.
Hábitos saludables para el descanso y advertencias con el alcohol
Los expertos coinciden en que la higiene del sueño —habitos regulares y adecuados de descanso— es fundamental para prevenir los efectos perjudiciales del déficit de sueño.
Entre las recomendaciones figuran establecer horarios fijos, limitar el uso de pantallas antes de dormir y mantener el dormitorio oscuro, ventilado y silencioso. Actividades tranquilas como la lectura o la meditación facilitan conciliar el sueño.
Respetar una rutina de descanso adecuada contribuye a fortalecer la salud física y la estabilidad mental y emocional a lo largo del tiempo.


