El consumo durante 2025 mostró una dinámica fragmentada, con diferencias pronunciadas entre sectores, niveles de ingreso y regiones. Tras una primera parte del año con cierta recomposición en algunos rubros, la segunda mitad registró una desaceleración marcada por la suba de las tasas de interés, la volatilidad del escenario electoral y una mayor prudencia de los hogares. En conjunto, esto dejó un mercado interno sin una tendencia clara de crecimiento y con señales de agotamiento en varios motores del gasto.
Los indicadores disponibles ofrecieron una visión parcial del consumo, concentrada sobre todo en el segmento masivo y en determinados bienes durables; otros segmentos no quedaron reflejados en los registros habituales.
Relevamientos privados mostraron comportamientos heterogéneos: algunos rubros vinculados al turismo y a productos específicos experimentaron mejoras puntuales hacia el cierre del año, mientras que sectores relacionados con la producción y el consumo cotidiano no recuperaron dinamismo. Esa heterogeneidad fue una característica central del período.
El entorno financiero más exigente también condicionó el consumo. La suba de tasas restringió el acceso al crédito y encareció la financiación, reduciendo uno de los impulsos que había sostenido el gasto en los primeros meses. Además, la incertidumbre electoral motivó una mayor dolarización preventiva y postergación de compras de mayor valor, comportamiento que se mantuvo hasta el cierre del año.
La creación de empleo se concentró principalmente en el cuentapropismo, un segmento con alta informalidad y menores niveles de ingreso, lo que limita la capacidad de expansión del consumo (Caprarulo).
Las perspectivas para 2026 se apoyan en una base caracterizada por ingresos reales estancados, un mercado laboral en transformación y un consumo que dependerá en gran medida de la evolución de la inflación y del crédito.
Desde Analytica, Claudio Caprarulo afirmó que no se proyecta un cambio de tendencia del mercado interno para este año, ya que los salarios se mantienen en niveles similares a los de noviembre de 2023. Señaló además que la generación de empleo se concentra en el cuentapropismo, con alta informalidad y menores ingresos, lo que limita la expansión del consumo.
Caprarulo subrayó que la evolución del gasto dependerá de dos variables clave: la posibilidad de retomar un sendero decreciente de la inflación y la reactivación del crédito, en especial los préstamos a hogares. Sin estos factores, el consumo tendrá dificultades para recuperar un crecimiento sostenido, aun con mayor estabilidad macroeconómica.
Una mirada similar ofreció Sebastián Menescaldi, director asociado de EcoGo, quien describió un consumo que llegó a 2026 “relativamente planchado” tras la recomposición observada entre 2024 y comienzos de 2025. Explicó que los ingresos se recuperaron hasta niveles de 2023, pero no registraron un crecimiento adicional y mostraron una leve caída en el segundo semestre. El crédito funcionó como amortiguador, aunque con límites evidentes.
Menescaldi explicó a Infobae que las familias recurrieron al endeudamiento para compensar el aumento del costo de vida, especialmente de servicios públicos, en un contexto de ingresos reales que no avanzaron al mismo ritmo. Ese impulso se agotó por la suba de tasas y por el tope de endeudamiento alcanzado por muchos hogares, dejando al consumo sin un nuevo motor de corto plazo.
¿Persistirán los contrastes?
De cara al futuro, el economista anticipó un escenario de crecimiento bajo y muy diferenciado, con fuertes contrastes entre distintos segmentos de la población.
Mientras que los sectores de mayor poder adquisitivo mostraron ingresos cerca de 18% superiores a niveles previos, la mitad inferior de la población tuvo una recomposición limitada y debió afrontar mayores gastos para sostener su nivel de vida. Esa brecha se reflejó en patrones de consumo cada vez más segmentados.
Una eventual baja de tasas acompañando la inflación podría habilitar mayor consumo vía crédito, pero ese canal llegaría solo al 20%–25% de la población con acceso al sistema financiero (Menescaldi).
El análisis de EcoGo también remarcó la reconversión del mercado laboral: pérdida de empleo formal y aumento de ocupaciones informales o de menor calidad, lo que impactó directamente en el consumo agregado y acentuó la heterogeneidad entre hogares.
Menescaldi señaló que una eventual baja de tasas, si va de la mano de una desaceleración inflacionaria, podría ampliar el consumo financiado, aunque su alcance sería limitado al segmento con acceso al crédito formal.
En este contexto, algunos rubros podrían tener un comportamiento distinto en 2026. Menescaldi mencionó la construcción como sector con potencial de recuperación, impulsada por desarrollos inmobiliarios, obra pública provincial y concesiones vinculadas a privatizaciones. Esa dinámica podría atenuar parte del deterioro del empleo, sin modificar el cuadro general del consumo. Según sus proyecciones, el consumo privado podría crecer entre 2,5% y 3% en 2026, acompañando la expansión del PIB.
María Castiglioni, directora de C&T Asesores Económicos, afirmó a Infobae que los datos de consumo en Argentina son parciales y segmentados, ya que la mayoría de los indicadores disponibles se concentra en el consumo masivo y no ofrecen una visión completa del comportamiento agregado.
La economista destacó que existen otros registros, como ventas de autos, bienes durables o datos vinculados al turismo, pero que el panorama completo surge de combinar múltiples fuentes. Las cuentas nacionales aportan la información más abarcativa, aunque se publican trimestralmente y con rezago. En ese sentido, recordó que en el segundo trimestre de 2025, pese al crecimiento del PIB, el consumo ajustó tras niveles elevados.
Castiglioni sostuvo que el eje central para recuperar el consumo pasará por la evolución del empleo y de los salarios, junto con la consolidación de un proceso de desinflación.
Detalló que hacia octubre los indicadores del consumo masivo mostraron señales mixtas, mientras que en noviembre la información fue limitada. En diciembre, datos parciales vinculados al turismo y a algunos rubros evidenciaron un repunte, acompañado por menor demanda de dólares, una leve baja de tasas y mayor disponibilidad de crédito. Aun así, el año cerró con un desempeño moderado y con sectores que no lograron recuperarse, especialmente los ligados a la producción y venta de bienes de consumo masivo.
Castiglioni explicó que la incertidumbre electoral incentivó procesos de dolarización por temor a cambios en el tipo de cambio, lo que postergó consumos y se combinó con la suba de tasas previa a las elecciones, enfriando la demanda durante varios meses. En ese contexto, los bienes de consumo masivo dejaron de funcionar como refugio frente al peso, ante la existencia de más alternativas para canalizar ahorro o gasto.
Para 2026, la economista estimó que la evolución del consumo quedará atada al panorama macroeconómico: una economía con señales de crecimiento y un escenario financiero menos volátil favorecerían una mayor disposición a gastar por parte de los hogares con margen.
No obstante, Castiglioni remarcó que el factor decisivo será la evolución del empleo y de los salarios, junto con la consolidación de la desinflación.
Asimismo, subrayó la importancia del crédito a tasas accesibles como motor del consumo, aunque advirtió que el nuevo escenario exige un aprendizaje en el uso del financiamiento: las cuotas dejaron de licuarse con la inflación, por lo que los hogares enfrentan el desafío de ordenar presupuestos con gastos fijos más visibles y límites de endeudamiento más estrictos.
Los hogares enfrentan el desafío de reorganizar presupuestos frente a gastos fijos más visibles y condiciones de endeudamiento más restrictivas (Castiglioni).
Castiglioni también advirtió sobre la necesidad de evitar un aumento de la morosidad en algunos segmentos, asociado a los rezagos de una economía inflacionaria. Finalmente, indicó que ciertos sectores vinculados a la construcción podrían mejorar si avanza el crédito y se activan obras de infraestructura.
Los números de diversos sectores
El consumo masivo cerró 2025 con un desempeño claramente negativo.
Según Analytica, las ventas en supermercados registraron seis meses consecutivos de caída hasta septiembre, con una baja acumulada del 3,6% desde abril. En nivel, se ubicaron 9,7% por debajo de noviembre de 2023 y marcaron el peor septiembre de la serie, pese a un leve repunte en alimentos y bebidas.
Datos de la consultora Scentia de noviembre mostraron que la suma de los canales relevados cerró con una baja de 0,1% respecto de noviembre de 2024, lo que indica un freno en la recuperación que se venía observando (salvo en grandes cadenas y mayoristas). En términos mensuales, hubo un retroceso de 1,8%.
El comportamiento fue distinto en los centros de compras: las ventas crecieron 1,3% mensual en septiembre, el segundo aumento consecutivo. Sin embargo, los niveles quedaron 8,8% por debajo del cierre de 2024 y acumularon una caída interanual del 6,3%. Octubre y noviembre no fueron meses favorables para el consumo.
En electrodomésticos, un informe de Analytica destacó la disyuntiva entre facturación y unidades vendidas. Aunque las ventas en pesos constantes cayeron en septiembre, las unidades vendidas subieron 1,5% mensual y se mantuvieron 16% por encima de noviembre de 2023, impulsadas por una fuerte baja de precios relativos y el aumento de importaciones. Las unidades crecieron, aunque menos que en la primera mitad del año, y la caída de precios afecta la rentabilidad.
Los patentamientos de autos mostraron una recuperación moderada en noviembre (2,2% mensual), pero cayeron 3,6% interanual, la primera baja desde julio, y quedaron por debajo de los niveles de 2023. Aun así, el año cerró con más de 600.000 unidades, el registro más alto desde 2018.
En motos, tras varios meses de suba, los patentamientos cayeron en noviembre, aunque el acumulado anual mostró un crecimiento cercano al 35%. Es decir, sectores que habían mostrado fuerte dinamismo en el primer semestre perdieron impulso hacia fin de año.
La venta de combustibles volvió a retroceder en octubre, especialmente el gasoil, que acumuló cuatro meses consecutivos de bajas y alcanzó mínimos de la gestión. La demanda de energía eléctrica también disminuyó, con una caída marcada en el consumo residencial.

