7 de febrero de 2026
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De peón despedido en San Vicente a peluquero en Ezeiza

Víctor, el peón de San Vicente, en su peluquería de Ezeiza junto a su novia.

Víctor pasa gran parte del día en un local ubicado en la calle San Rafael 320, en el barrio Villa Golf. Ese lugar se ha convertido en su nuevo punto de apoyo mientras intenta recomponer su vida y volver a ponerse de pie después de los hechos que lo tuvieron en el centro de la atención pública.

En junio de 2025 su historia recorrió el país: era un peón rural conocido por los videos humorísticos que publicaba sobre la vida en el campo. Según relató él mismo, fue despedido por publicar contenidos que, a su juicio, incomodaban a patrones e ingenieros. El despido no solo significó la pérdida del empleo, sino también de su vivienda, ya que vivía en el mismo campo donde trabajaba. La situación conmovió a muchas personas, generó apoyo masivo y motivó entrevistas en medios nacionales; al mismo tiempo su presencia en redes sociales creció de forma notable.

Hoy, lejos de su antigua localidad, Víctor espera e intenta construir una estabilidad distinta. Atiende el local en Villa Golf, donde pasa buena parte del día, y dedica tiempo a aprender un oficio nuevo. Ese aprendizaje y la rutina de trabajo en el local constituyen el eje de una reconstrucción lenta y cotidiana: atender clientes, hacerse cargo de tareas del establecimiento y formarse para adquirir nuevas habilidades son parte de su jornada. Aunque la boina roja que lo caracteriza sigue siendo la misma, el contexto y las circunstancias cambiaron.

Víctor conserva la esperanza de volver a trabajar en lo que conoce desde siempre: la actividad rural que lo definió durante años. Mientras tanto, su vida transcurre en un presente de espera activa: se organiza para sostenerse, aprovecha el apoyo que recibió en su momento y procura mantener la mirada puesta en la posibilidad de reincorporarse al trabajo que sabe hacer. Su caso, más allá del episodio del despido, puso en evidencia la fragilidad laboral y habitacional de quienes viven y trabajan en el campo, y mostró cómo una historia personal puede generar solidaridad y visibilidad mediática.

La trayectoria de Víctor sigue en marcha. Sus días en el local de San Rafael son parte de un proceso de transición que combina la búsqueda de estabilidad inmediata con el anhelo de regresar a una ocupación conocida. Por ahora, dice, “estamos acá, esperando. De a poco”, y esa espera es, al mismo tiempo, un esfuerzo por reconstruir su vida paso a paso.

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