15 de febrero de 2026
Buenos Aires, 25 C

Puertorriqueña emocionada en concierto de Bad Bunny en Buenos Aires

Bad Bunny en Buenos Aires reunió a una multitud variada y entusiasta en la que los fanáticos se convirtieron en protagonistas. Con banderas, atuendos llamativos y looks preparados para la ocasión, los seguidores conversaron con Teleshow, en la segunda noche en el Estadio Monumental, y compartieron sus emociones, historias y rituales previos al concierto.

Michelle Herrera y Jerome llamaron la atención por ondear una bandera de Puerto Rico como signo de identidad. Michelle, emocionada, dijo estar muy orgullosa y destacó la experiencia de estar en Buenos Aires; viajó desde Aguadilla y trabaja como tripulante de una aerolínea junto a su compañero de trabajo.

Para ambos, asistir al recital fue una oportunidad única: compraron las entradas durante un viaje y celebraron poder representar su cultura en un escenario internacional. Subrayaron el valor de que el artista reúna a los latinos y ponga en alto la bandera, la cultura y la historia de Puerto Rico, emoción que les provocó lágrimas por la distancia y el orgullo.

La multitud también incluyó a Lucho y Emma, una pareja que invirtió en un look inspirado en el cantante. Lucho contó, divertido, que compró el sombrero en la entrada por 30.000 pesos y lo describió como la pava o jíbaro que usan los trabajadores de la caña de azúcar y el café en la isla; dijo que el artista marcó su adolescencia y que asistir era cumplir un sueño. Emma prefirió mantenerse al margen de demasiada información para conservar la sorpresa y disfrutar más.

Entre coronas de flores y brillo, Laura y Romina viajaron desde San Martín para ver el espectáculo. Romina recordó con orgullo sus inicios como fan en 2016, en el show de Pinar de Rocha, mientras Laura relató la emoción de finalmente ver en vivo a Benito tras varios intentos fallidos por la alta demanda de entradas. Ambas destacaron el clima festivo y la posibilidad de “perrear en el Día de los enamorados” junto a miles de personas.

La diversidad generacional también quedó patente en Natalia y Nacho, madre e hijo llegados desde Avellaneda. Para Nacho, de 13 años, el recital fue un regalo especial por su buen rendimiento escolar y por su reciente cumpleaños; su madre contó con alegría que, aunque no pudieron hacer una celebración convencional, vinieron a disfrutar del show.

El espíritu de celebración individual se vio en Jacqueline, oriunda de Mar del Plata y radicada en la Ciudad de Buenos Aires, que fue sola por primera vez a un concierto. Dijo que antes no era fanática, pero que valora más al artista ahora por su expresión política. Vestida con bandana y una parte superior de bikini, expresó que en el contexto regional actual, con el avance de la derecha en algunos países, es importante que existan voces escuchadas por la juventud.

Benjamín y Francisco, amigos de La Plata, representaron el entusiasmo juvenil con sus elecciones de vestuario y la expectativa por las sorpresas de la noche. Francisco se tiñó el cabello de rosa como homenaje a los inicios del artista; ambos esperaban escuchar sus canciones favoritas y ver en el escenario a invitados como Duki y Khea, deseo que se cumplió al final del concierto.

Los relatos mostraron esfuerzo para conseguir entradas, viajes desde diversas partes del país y del extranjero, y la formación de una comunidad dispuesta a todo por compartir una experiencia única. Bad Bunny se convirtió en un punto de encuentro entre generaciones, tendencias y orígenes, actuando como catalizador de un sentimiento de unidad y representación regional.

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