18 de febrero de 2026
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Macedonia del Norte: cañones, gastronomía y monasterios

Situada en el centro de los Balcanes y rodeada de montañas, Macedonia del Norte es uno de los destinos menos explorados del sur de Europa. Sus paisajes varían desde laderas verdes hasta cumbres nevadas y ofrecen la posibilidad de conocer una cultura viva, una gastronomía destacada y una hospitalidad genuina, sin las aglomeraciones que se ven en otras zonas del continente.

Tradición, naturaleza y hospitalidad en cada rincón

Gran parte del territorio de Macedonia del Norte es montañoso, una característica que ha marcado su identidad y favorecido la conservación de costumbres antiguas. “Cuando entro a mi coche, sea hacia donde sea que quiera conducir, tengo una montaña delante y una montaña detrás”, comentó Frosina Pandurska‐Dramikjanin, residente de Skopje dedicada al desarrollo rural y al empoderamiento comunitario.

Con aproximadamente dos millones de habitantes y un tamaño similar al estado de Vermont, el país no ha sufrido las grandes masificaciones turísticas que afectan a otras áreas del sur europeo.

Los operadores turísticos son prudentes respecto al turismo de gran escala, por el impacto que podría tener en la calidad de vida local. “Aproximadamente un millón de pasajeros transitan Macedonia durante el verano. No se detienen”, señaló Aleksandar Bogoevski, propietario de Sustainable Adventure Travels, y añadió que todavía hay muchos rincones por descubrir.

Uno de los principales atractivos es el lago Ohrid, declarado Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO y rodeado de montañas. Sus aguas limpias albergan alrededor de 1.200 especies de flora y fauna, lo que lo convierte en un foco importante para el ecoturismo.

En la orilla del lago, el monasterio de Sveti Naum, fundado en el año 905, es uno de los puntos de interés más visitados. Más al norte, el monasterio de Bigorski sirve de puerta de entrada al Parque Nacional Mavrovo, un lugar especialmente atractivo en otoño cuando los bosques muestran tonos rojizos y dorados.

El paisaje rural está salpicado de pequeñas explotaciones familiares donde la agricultura continúa siendo una actividad central. Ana Labor, gestora de Spirit of Prespa, un proyecto de agroturismo en un huerto de manzanos, subraya la importancia de mantener grupos reducidos de visitantes para asegurar una experiencia auténtica y una atención personalizada.

“No paso suficiente tiempo con ellos… porque no puedes atender a todos. Y cuando el grupo se va, no estoy satisfecha, porque no vieron la mejor versión de la granja”, relató Labor sobre su experiencia recibiendo turistas.

Gastronomía de sabores únicos

La cocina macedonia refleja la diversidad del territorio. Aunque las preparaciones cambian según la región, hay elementos comunes: productos frescos de pequeñas explotaciones, recetas que buscan resaltar los sabores naturales y una fuerte tradición de compartir la comida en comunidad. “En Macedonia puedo visitar una región a cien kilómetros y no reconocer la mitad de los platos en la mesa”, comentó Labor.

El ajvar, una pasta de pimientos rojos asados, es un emblema culinario y se prepara tradicionalmente en familia durante el otoño. El rakija, un aguardiente potente elaborado mayoritariamente con uvas, acompaña ensaladas, carnes a la parrilla y panes caseros.

El país también tiene una tradición vinícola notable, con la región de Tikveš entre las más destacadas de Europa del Este. Los visitantes pueden probar vinos que combinan bien con platos como el borek (pastel relleno de masa filo), los kebapi (pequeñas salchichas de carne a la parrilla), la pastrmalija (pan con carne y huevo) y las distintas sopas conocidas como çorba.

Para vivir una experiencia tradicional, las kafanas —tabernas típicas— ofrecen mesas repletas de platos, música en vivo y un ambiente festivo. “Muchos países ya han perdido su entretenimiento popular de base”, señaló el director de cine Mitko Panov, poniendo de relieve la continuidad de estas formas de ocio en Macedonia del Norte.

Reconstrucción, cultura y una vida nocturna vibrante

Skopje, la capital, combina pasado y presente. Tras el terremoto de 1963, la ciudad fue reconstruida con una mezcla de brutalismo yugoslavo, vestigios otomanos y elementos neoclásicos añadidos en tiempos más recientes.

El Antiguo Bazar, con sus calles estrechas, ofrece desde productos frescos hasta antigüedades y bares alternativos. Las cafeterías están llenas desde primera hora y conviven tradiciones balcánicas como el café turco con tendencias contemporáneas.

Skopje mantiene una oferta cultural amplia, heredera en parte de la política yugoslava de apoyo a las artes: festivales de jazz, cine y música ocupan el calendario, junto con actividades al aire libre. Desde la ciudad se accede con facilidad a entornos naturales: el funicular al Vodno permite vistas panorámicas y el cañón de Matka es un destino habitual para el kayak en aguas color esmeralda y la exploración de cuevas.

La diversidad natural también ha facilitado la conservación de prácticas tradicionales. En las montañas de Šar todavía se realiza la trashumancia, la migración estacional de pastores y rebaños, una actividad que resulta atractiva para visitantes interesados en la vida rural auténtica.

En conjunto, la combinación de paisajes naturales, tradiciones culinarias y la calidez de la población convierte a Macedonia del Norte en una alternativa para quienes buscan descubrir Europa desde una perspectiva más tranquila y cercana a lo rural.

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